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Revolución en Indra: Ángel Simón diseña un comité «monolítico» y liquida la herencia del tándem Escribano-De los Mozos

Su objetivo es crear un grupo de fieles que apoyen sin fisuras el nuevo plan estratégico que se dará a conocer en noviembre

El presidente de Indra, Ángel Simón (derecha), y el nuevo consejero delegado, José María Recasens.

El presidente de Indra, Ángel Simón (derecha), y el nuevo consejero delegado, José María Recasens.David Díaz

Cuando hace unos meses –a las tres y media de la mañana de un Miércoles Santo– el consejo de administración de Indra nombró a Ángel Simón presidente no ejecutivo en sustitución de Ángel Escribano, alguien me dijo que no viera fantasmas. Que Simón llegaba sin poderes, y que De los Mozos había sido ascendido a primer directivo y seguía con su plan estratégico. Incluso la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) recibió un comunicado que confirmaba el nuevo organigrama de la compañía tecnológica y de defensa. Ángel Simón presidiría como una reina madre, pero sin poder ejecutivo.

Fue una jugada más del Gobierno que, a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) que tiene un 28 % de Indra, propuso al anterior responsable de CriteriaCaixa para este puesto honorífico. Pero ya dije entonces, y recuerdo ahora, que eso era no conocer a Simón.

Lo que ha venido después era lo esperado. Salida de José Vicente de los Mozos y nuevo director general nombrado por Simón: Josep Maria Recasens, procedente de Renault igual que De los Mozos. Con la salvedad que la crítica que utilizaron para cargarse a este: «solo sabe de coches» resulta que ha sido el mejor aval para el nuevo director general. La vida… Pero hay más.

De entrada, Ángel Simón ya va diciendo a todo el mundo que va a «revolucionar la cúpula directiva de Indra», es decir, el comité de dirección. Un decir, pues nada más aterrizar el 2 de abril, ya se trajo a Ciril Rozman, su hombre para todo en CriteriaCaixa, como director de la Oficina de Presidencia y Asuntos Públicos. Los servicios prestados en el banco habían sido tantos que volvieron a juntarse otra vez. Luego nombró a José María de Paz secretario del consejo de administración y ya, a finales de mayo, incorporó a Josep Maria Recasens. Para ser una reina madre, hay que reconocer que reinaba mucho.

Si aquellos nombramientos sirvieron para recuperar a sus fieles y cargarse a De los Mozos, lo que viene ahora es más serio: se trata de nombrar un comité de dirección monolítico el próximo día 29, que incluye nuevo organigrama, y que borrará del mapa a los restos del tándem Escribano/De los Mozos. Y lo más importante: creará un grupo de fieles que apoyen sin fisuras el nuevo plan estratégico de Simón que se dará a conocer en noviembre.

Y aunque los salientes se irán conociendo esta semana en la reunión de la comisión de nombramientos y retribuciones, ya se han filtrado oportunamente los nombres de Manuel Ausaverri, actual miembro del comité de dirección y responsable de Estrategia; Manuel Escalante, responsable tecnológico –siempre que Margarita Robles no tuerza el morro–; Miguel Ángel Panduro, director general de Indra Space; Raúl Cervantes (Control), Víctor Martínez (ATM), Ignacio Martínez (IndraMind), Mari Carmen Moneva (Recursos Humanos) y Frank Torres (Indra Land Vehicles). La mitad del comité de dirección: ahí es nada.

Pero no solo se ha encargado Simón de filtrar las salidas, muy en su estilo, sino también en dar a conocer algunas perlas de su plan estratégico para que los que llegan vengan aprendidos cuando tengan que votarlo en noviembre. El cuarto punto de su libreta azul –cómo no– consiste en crecer en Cataluña, «que será una prioridad para la nueva directiva». Así da gusto. Con un presidente de Manresa y un director general de Gerona, nadie dudaba de que la defensa española, europea, y seguramente mundial, tendría que pasar por Cataluña. No tengo tampoco duda de que Salvador Illa aprovechará los cambios para colocar a algunos chicos más, de esos que empezaban a ver las orejas al lobo. Pero tampoco se depriman. Indra sigue y seguirá dependiendo de los encargos del Gobierno de España. Y si algún día hay cambio de gobierno pues ya veremos lo que pasa.

No tengo tampoco duda de que Salvador Illa aprovechará los cambios para colocar a algunos chicos más, de esos que empezaban a ver las orejas al lobo

Solo le queda a Illa y a su granero de votos catalán rematar una jugada que, de momento, no termina de salir: la quita de la deuda. Por segunda vez, la Comisión de Hacienda del Congreso ha prorrogado el plazo para presentar enmiendas al texto que regula la asunción por el Estado de 83.000 millones para las autonomías que acepten el disparate. Y ha ampliado el plazo porque, aunque el proyecto de ley aprobado por el Consejo de Ministros a finales de 2025, estaba pactado con Junts –Cataluña es la segunda comunidad que más recibe, 17.104 millones–, a los que quedan de Puigdemont ahora ya no les basta y quieren más pasta. «España nos roba». Quieren hacer ver –ahora que vienen elecciones– que son ellos los que mejor defienden la financiación autonómica por encima de ERC, socio preferente del Gobierno. La realidad sin embargo es la pésima gestión de los gobiernos catalanes durante décadas. Pero eso, a Salvador Illa no le importa y ese dinero le vendría de lujo. Ahí está la trampa, también de cara a los Presupuestos.

Y hablando de financiación y empresas, algunos pensaban que los ERES de Volkswagen no iban a afectar a España. Pues bien, muchas empresas ya han empezado a tomar nota de la subida de tipos de la UE, Reserva Federal y Japón, y se han apuntado a las reducciones de plantilla. El Santander una de ellas.

El banco ya ha empezado a negociar el ERE de sus filiales tecnológicas: Santander Digital Services y Gravity Cloud. Y aunque aún no ha trascendido el número de empleados que se irán al paro, los 13.000 trabajadores de sus tecnológicas hacen prever un ERE importante que se sumaría al plan de jubilaciones ya en marcha en la entidad. Un programa que afecta a todos los empleados en España a partir de 55 años que deseen abandonar voluntariamente su trabajo, y que tiene una vigencia de dos años y medio, hasta 2028.

Y más buenas noticias que siempre nos llegan –cómo no– en fin de semana. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha revisado el viernes pasado dos décimas a la baja el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) español en 2025, hasta el 2,6 %. No es el ajuste contable de Telefónica Tech pero, paro los no muy duchos, dos puntos del PIB de España equivalen hoy a unos 33.800 millones de euros. El caso es que no hemos crecido tanto y menos que vamos a crecer como la inflación siga así de disparada.

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