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´Banderas ayuntamiento Urda

Banderas a media hasta en el Ayuntamiento de Urda.Alfonso Úcar

Urda, entre el silencio y el dolor tras la tragedia ferroviaria: «No ha habido nadie que no haya llorado»

Los vecinos recuerdan las escenas del rescate y la solidaridad de un pueblo que se volcó con las víctimas del accidente que ha dejado 69 muertos

Una espesa niebla ha cubierto este jueves Urda (Toledo), donde sus vecinos todavía intentan asimilar la tragedia ferroviaria que el miércoles dejó 69 fallecidos y decenas de heridos a pocos kilómetros del municipio. Después de una jornada marcada por el ruido de las sirenas, los helicópteros y el ir y venir de ambulancias, el pueblo ha amanecido sumido en un silencio poco habitual. En sus calles queda el recuerdo de los supervivientes, muchos de los cuales encontraron en esta localidad de menos de 2.500 habitantes su primer refugio después del accidente.

«Mucho silencio. Ayer en el pueblo todo eran sirenas, helicópteros y ruido, pero hoy era silencio», explica a El Debate Diego, uno de los vecinos que acudió a ayudar a los afectados. Todavía recuerda cómo, después de dejar a sus hijas en el colegio, vio a varios policías salir en sus vehículos sin imaginar lo que acababa de suceder.

Fue su mujer quien le avisó de que dos trenes habían chocado a apenas ocho kilómetros del pueblo. Poco después comenzaron a circular mensajes por los grupos de mensajería solicitando agua y ayuda. Diego no lo dudó y se desplazó hasta el lugar del accidente acompañado de su padre.

Al llegar se encontró con numerosos pasajeros que esperaban ser evacuados. «Había un montón de gente el suelo», señala. Los autobuses destinados a trasladarlos seguían detenidos en un cruce porque la estrechez de la carretera impedía que pudieran acceder hasta la zona.

Diego conocía una finca cercana donde los vehículos podían maniobrar y se ofreció a guiar a los conductores. «Subimos con un autobús primero, que se llenó enseguida, y luego subió otro. Hicimos la misma operación», comenta. Gracias a aquellos viajes pudieron trasladar hasta Urda a decenas de pasajeros ilesos o con heridas leves.

No llegó a acercarse a los vagones más afectados, porque la zona estaba acordonada, pero se le quedó marcada las imagen de los supervivientes. «Lo que ves allí es sobre todo las caras de la gente en shock», recuerda. También las ambulancias, las prisas y los vehículos que iban y venían sin descanso.

«Subieron por su pie, pero llenos de sangre»

Dos hermanos recuerdan cómo uno de ellos y su hijo ayudaron a orientar a los autobuses que debían llegar hasta los heridos. «Mi hijo sabe», respondió uno de ellos cuando los agentes preguntaron cómo acceder a la zona. El joven acompañó a uno de los conductores para indicarle por dónde podía circular y regresar hasta el pabellón habilitado en el municipio. «Subieron los 52 por su pie, pero llenos de sangre. Bueno, no se podía mirar», rememora uno de los hermanos.

La mañana siguiente tampoco ha sido fácil. «Yo veo tristeza», asegura. «Creo que no ha habido persona que no haya derramado una lágrima y una oración por los difuntos. Porque lo necesitan, y los familiares igual».

Pese al dolor, los dos hermanos agradecen que los periodistas se hayan desplazado hasta Urda para conocer lo ocurrido. Pero expresan un deseo: que la próxima visita sea por un motivo diferente. «Para la próxima vez, cuando haya una jota o cosas de esas», dicen. «Con algo alegre. No para esto».

«No hay palabras»

La solidaridad también ha tenido un papel fundamental en la parroquia de Urda. Su párroco, José Miguel Fernández, regresó este jueves al lugar del accidente a las cinco y media de la mañana para comprobar cómo se encontraban los equipos de rescate, la Guardia Civil y los militares de la UME que continuaban trabajando entre los restos de los trenes.

El sacerdote había pasado buena parte de la jornada anterior ayudando a evacuar pasajeros de los vagones menos afectados y prestando asistencia espiritual a supervivientes y familiares. «En estos momentos no hay palabras. Es mucho más el estar a su lado», explica a El Debate.

El párroco destaca la movilización de los vecinos, desde los voluntarios de Cáritas hasta los hosteleros que cerraron sus negocios para preparar comida destinada a los afectados y a los equipos de emergencia. «Creo que no exagero si digo que el 90 % de los urdeños se pusieron al servicio de lo que hiciese falta», asegura.

Libro de visitas en la Basílica del Santísimo Cristo.

Libro de visitas en la Basílica del Santísimo Cristo.Alfonso Úcar

En la Basílica del Santísimo Cristo, donde también se habilitaron espacios para acoger a quienes necesitaban descansar, José Miguel ha dedicado la misa de este jueves a agradecer la respuesta del pueblo.

Urda seguirá asociada durante mucho tiempo a la tragedia ferroviaria. Sus vecinos, sin embargo, prefieren recordar también lo que hicieron aquellas primeras horas, cuando dejaron sus trabajos, sus casas y sus obligaciones para ayudar a personas a las que nunca habían visto.

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