De la degeneración progresiva de Adif y Transportes al posible bluff de Carlos Cuerpo
El ministro de Economía tiene mejor valoración e imagen que Sánchez, ¿pero alguien va a creer que puede mejorar la situación catastrófica tras el accidente de Urda?
El ministro de Economía y vicepresidente, Carlos Cuerpo, intentará mejorar la situación del Ministerio de Transportes y de Adif.
La trayectoria de Isabel Pardo de Vera como presidenta de Adif (2018-2021) y como secretaria de Estado de Transportes (2021-2023) es una buena línea para ver cómo se ha ido fraguando la degeneración de ambas entidades.
Ingeniera de Caminos y con una carrera labrada a pie de obra, salió de Adif a finales de 2015 descontenta con el modo de trabajar en esta empresa en la que llevaba desde 2007. Tras explicarle algunos de los motivos de su descontento, la ex ministra de Fomento del PP Ana Pastor la repescó en junio de 2016 como directora general de Explotación y Construcción de Adif.
Ana Pastor repescó a Pardo de Vera para Adif en 2016, y Raquel Sánchez la despidió en 2023 tras pedir los gastos de Iñaki Carnicero, amigo íntimo de Sánchez
Pardo de Vera aterrizó en Adif en plena ola de registros por los escándalos de corrupción del Ave de La Sagrera (Barcelona) y Murcia. Contribuyó a limpiar la entidad del viejo PSOE de la época de las vacas gordas y la corrupción y se puso a trabajar primero bajo las órdenes de Rafael Catalá, entonces ministro en funciones de Fomento, y desde noviembre de 2016 de Íñigo de la Serna y con Juan Bravo, un hombre de Gallardón, como presidente de Adif.
Tras la moción de censura de Sánchez sobre Rajoy en marzo de 2018, Ábalos pasó a ser ministro de Transportes en el primer gobierno, y decidió nombrar a Pardo de Vera presidenta de Adif. La ingeniera no conocía de nada a Ábalos, y fuentes conocedoras señalan que seguramente no fue la primera opción, pero ante la inesperada oferta, aceptó pensando que así podría intentar mantener el trabajo que estaban desarrollando. Así se lo hizo saber a De la Serna y Bravo, según fuentes directas, y aunque al segundo le costó más aceptarlo en un principio, después le pareció bien.
Con Pardo de Vera al frente, Adif funcionó bien. Entre otras cosas, porque mantuvo tres direcciones generales (Mantenimiento, Circulación y Construcción) que reportaban al consejo de administración y permitían un conocimiento exhaustivo y actualizado de todo el sistema, incluidas las vías. Como hemos contado estos días en El Debate, el hasta ahora presidente de Adif, Luis Pedro Marco, trabajó inicialmente con las direccciones generales de Seguridad y Mantenimiento, pero Puente las eliminó en el comité de dirección de 2025. La seguridad pasó a depender del director de Comunicación, Salvador Almenar. Con Pardo de Vera, el famoso sistema de seguridad LZB funcionó como un reloj. En lo que va de año, ha tenido 170 fallos, como ha reconocido Puente. Además, Pardo de Vera rejuveneció más de la mitad de la plantilla y desbloqueó la Operación Chamartín, que llevaba décadas paralizada. Aprovechó el poder de Ábalos en su primera etapa en el Gobierno para impulsar buena parte de sus medidas.
La ingeniera quería seguir al frente de Adif, pero le pidieron que se fuera de secretaria de Estado de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, y aceptó. Ahí se intensificó su relación con Ábalos y Koldo, con los que tuvo que viajar a menudo, aunque no participó en sus fiestas. Además de sus presentaciones, realizaba un resumen de una hoja para Ábalos, a quien Koldo tenía que recoger con frecuencia para llegar a tiempo a las reuniones.
Pardo de Vera se acostumbró a ver a Koldo y Aldama por el Ministerio sin saber muy bien quiénes eran
Pardo de Vera se acostumbró a ver a Koldo y a Aldama -cuyo hermano fue escolta de Íñigo de la Serna- por el Ministerio y el despacho de Ábalos sin saber muy bien quiénes eran; envió el curriculum de Jessica a la secretaria de Ineco por encargo de Koldo sin conocer de quién se trataba, y luego hizo otras cosas que desencadenaron en su despido en febrero de 2023.
La primera fue cesar al director general de Carreteras, Javier Herrero, protegido de Santos Cerdán y del partido e imputado por el caso Koldo. La segunda, pedir los gastos de Iñaki Carnicero, amigo íntimo de Sánchez, que en 2020 fue nombrado director general de Agenda Urbana y Arquitectura, un organismo dependiente de la Secretaría de Pardo de Vera.
El desencadenante fue el famoso suceso de los trenes que no cabían por los túneles en Cantabria y Asturias. Pardo de Vera acabó saliendo oficialmente por este motivo, aunque fuentes conocedoras señalan que aportó un diseño basado en el método comparativo irlandés por el cual los trenes cabían, aunque nunca llegaron a fabricarse. Estas mismas fuentes indican también que la ministra Raquel Sánchez, que no destacó precisamente por su gran desempeño en Transportes, le pidió que destituyera a la presidenta de Adif y al de Renfe. Se negó a despedir a María Luisa Domínguez, a quien nombró ella tras salir de Adif, y la despedida fue Pardo de Vera. Más tarde se despidió a Domínguez por su supuesta cercanía al PP.
Obviamente Pardo de Vera también cometió errores al frente de Adif y la secretaría de Estado de Transportes. De hecho, está imputada por el caso Koldo, y habrá que ver cómo queda su situación.
Su recorrido, sin embargo, refleja en buena medida cómo ha sido la degradación de Adif y el Ministerio de Transportes: la progresiva sustitución de técnicos por políticos que ha coincidido con el deterioro del servicio ferroviario y los terribles accidentes de Adamuz y Urda.
Para enderezar algo este entuerto, el Gobierno de Sánchez confía en Carlos Cuerpo, a quien ha pedido que asuma hasta de manera provisional el mando en el Ministerio de Transportes. Cuerpo tiene mejor imagen y valoración que Sánchez según las encuestas del CIS. De momento ha entrado despidiendo al ministro de Transportes y al presidente de Adif. Habrá que ver si su imagen y estas medidas convencen a su electorado o le convierten en un enorme bluff. Algunos lo esperan así, viendo cómo vende que la economía española va muy bien aunque los ciudadanos no lo noten en cuestiones como el precio de la cesta de la compra, el de la vivienda o su poder adquisitivo en general, mermado por los impuestos.