Los alumnos de la escuela de cocina de Villa Retiro durante una de las clases
La escuela con estrella Michelin que da empleo a más de 200 jóvenes en Xerta (Tarragona)
La escuela de cocina Villa Retiro, con el programa Incorpora de la Fundación ”la Caixa”, forma a jóvenes vulnerables para abrirles camino en la restauración. Más de 200 alumnos ya han encontrado una oportunidad laboral gracias a esta alianza
Hay lugares donde aprender un oficio significa mucho más que adquirir técnica. En la escuela de cocina del restaurante Villa Retiro, en Xerta (Tarragona), cada corte, cada salsa y cada servicio de sala funcionan también como una puerta de entrada a la estabilidad, a la autonomía y, en muchos casos, a una vida nueva. Lo que para unos es un curso de cocina, para otros es la primera oportunidad real de construir un futuro.
El proyecto nació de la inquietud de Fran López, chef de Villa Retiro, que quiso convertir su restaurante con estrella Michelin en un espacio de formación para jóvenes que no lo tenían fácil. Desde 2018, esa vocación solidaria se ha fortalecido con la colaboración del programa Incorpora de la Fundación ”la Caixa”, una alianza que ha permitido ampliar el alcance del proyecto y llevarlo a jóvenes en situación de vulnerabilidad. El resultado es que más de 200 alumnos han pasado por la escuela y muchos de ellos han encontrado una salida laboral en restauración.
Los alumnos de la escuela de cocina de Villa Retiro durante una clase
Aprender el oficio
La formación en Villa Retiro se organiza en dos niveles. El primero, de auxiliar de cocina, dura tres meses y sirve como introducción al oficio; el segundo, de cocinero, se extiende durante cuatro meses y profundiza en técnicas, productos y funcionamiento de una cocina profesional. Los alumnos aprenden desde tipos de corte y cocciones hasta pastelería, masas, conocimiento del material o relación con proveedores.
Trabajamos y nos ayudamos entre nosotros como una familiaAlumno
La parte técnica se complementa con habilidades que parecen pequeñas, pero no lo son: puntualidad, limpieza, respeto y trabajo en equipo. Fran López insiste en que estos valores son esenciales para que los jóvenes puedan incorporarse con normalidad a un puesto de trabajo. La idea no es solo enseñar a cocinar, sino preparar a personas que puedan integrarse en un entorno profesional exigente y estable.
Ese acompañamiento tiene también un componente humano decisivo. Cada semana, los alumnos trabajan con chaquetilla, delantal y gorro, escuchan a los profesores y se ayudan entre ellos. Abdallah Siradj, de 17 años, lo resume con una frase sencilla: «Trabajamos y nos ayudamos entre nosotros como una familia».
Abdallah y Zakariyae
Abdallah llegó a España hace solo siete meses y conoció el curso gracias a los educadores del centro de menores de Tortosa. Desde el primer momento dijo que quería trabajar en cocina y encontró en Villa Retiro un espacio para empezar de verdad. «Mi madre quiere que me convierta en un buen cocinero», cuenta. «Me gustaría ser un chef de renombre y poder trabajar en Barcelona», añade con ilusión.
Abdallah, alumno de la escuela de cocina de Villa Retiro, en Xerta
También está Zakariyae Himmit, de 30 años, que llegó a Tortosa desde Marruecos hace dos años. Un amigo le habló de la escuela y decidió apuntarse para ganar experiencia. Su objetivo es claro: seguir aprendiendo y asentarse en el sector de la restauración.
Ambos representan un mismo perfil: jóvenes con motivación, pero con barreras de entrada muy altas. Para ellos, la escuela de Villa Retiro no solo enseña cocina; ofrece estructura, disciplina y una primera red de confianza en un país nuevo o en una etapa de vida complicada.
Una segunda oportunidad
La colaboración con Incorpora ha convertido la escuela en un puente hacia el empleo. En torno al 70 % de los estudiantes encuentra trabajo tras las formaciones, una cifra que habla tanto de la calidad del aprendizaje como del valor de la conexión con empresas comprometidas. Algunos exalumnos siguen en la casa; otros han dado el salto a cocinas relevantes del territorio.
En torno al 70 % de los estudiantes encuentra trabajo tras las formaciones
Uno de los ejemplos más claros es el de Ba Yaya Darboe. Llegó desde Gambia hace nueve años, pasó por el centro de menores de Tortosa y primero pensó en formarse como mecánico. Sin embargo, una educadora le animó a probar en cocina y acabó descubriendo una vocación inesperada, sobre todo en repostería. Hoy es segundo de cocina en el restaurante Algadir del Delta y asegura que Villa Retiro le abrió el mundo laboral.
Su historia ilustra algo más amplio: cuando una formación técnica se acompaña de apoyo, expectativas reales y una empresa dispuesta a confiar, el cambio deja de ser una promesa. Yaya ha encontrado estabilidad, ha formado una familia en La Rápita y ya piensa incluso en montar algo propio en Gambia para llevar allí la cocina que aprendió en Tarragona.
Raíces y futuro
El entorno de Villa Retiro también transmite ese mensaje. El ficus centenario que preside el jardín de la finca simboliza el arraigo, la permanencia y la capacidad de echar raíces en un nuevo lugar. Esa imagen encaja con la experiencia de los jóvenes que pasan por la escuela: llegan con incertidumbre y salen con una base sobre la que empezar a construir.
Un alumno de la escuela de cocina de Villa Retiro durante una clase
Fran López reconoce que para él es un orgullo ver cómo antiguos alumnos ocupan ya puestos de responsabilidad. Y Marc Simón, subdirector general de Social de la Fundación ”la Caixa”, subraya que este tipo de alianzas no solo transforman trayectorias personales, sino que también fortalecen comunidades más cohesionadas y resilientes. En territorios rurales donde las oportunidades no siempre abundan, proyectos como este demuestran que la inclusión social también puede convertirse en desarrollo local.
La cocina, en este caso, no es solo una profesión. Es una vía de acceso al empleo, un espacio de aprendizaje y un punto de partida para jóvenes que necesitaban una primera oportunidad. Villa Retiro e Incorpora la convierten en eso: una herramienta concreta para cambiar vidas.