07 de febrero de 2023

la educación en la encrucijadafelipe de vicente algueró

Currículum y libertad de cátedra

La LOMLOE llega a imponer al profesorado lo que no han hecho las anteriores: determinadas metodologías que deberían quedar a elección de los docentes

El currículum es lo que antes se llamaba «plan de estudios». Comprende los conocimientos que los alumnos han de aprender y el profesorado, enseñar. Los diversos currículums en la historia española no han hecho más que aumentar, menos sus contenidos conceptuales y más las normas supuestamente pedagógicas. El currículum vigente antes de la total implantación de la LOGSE, de 1975, no se extinguió hasta 2002. Luego, cada ley trajo el suyo, entrando en un carrusel de cambios constante.
El currículum del Bachillerato vigente antes de la LOGSE, ocupaba 20 páginas del BOE (18-IV-1975). El equivalente de la ley actual (LOMLOE), 325 (BOE 6-IV-2022). Si nos centramos en el currículum de Historia de España, en el primero ocupa dos páginas. Se limita a unos enunciados generales, sin exigir al profesorado ninguna metodología u orientación específicas. Uno de los apartados es el siguiente: «La Segunda República. La guerra de España. El nuevo Estado». Está enunciado de manera tan neutra que respeta la orientación que cada docente quiera darle.
Si vamos al currículum de Historia de España en el Bachillerato LOMLOE, ocupa 10 páginas del BOE y eso solo son los contenidos mínimos fijados por el Estado a los que hay que añadir los de cada Comunidad Autónoma. El de Cataluña (el más intervencionista y prolijo) llega hasta las 21 páginas. Todo esto para un solo curso (2º de Bachillerato). De las 10 páginas del currículum básico estatal sólo dos se dedican a «saberes básicos», es decir, a verdaderos conocimientos (incluyendo destrezas y actitudes) sobre la Historia de España. El resto es un largo dictado de «competencias», algunas de redactado obtuso, con las que se pretende dirigir hasta el más mínimo detalle la acción docente.
El programa de Historia del Bachillerato general francés (que mezcla Historia universal y de Francia, y se da en dos cursos) ocupa 6 páginas del Boletín del Ministerio de Educación y se estructura en 8 bloques temáticos. Todo el currículum francés de Historia se articula en torno a conocimientos históricos estructurados cronológicamente. A las llamadas «competencias básicas», el currículum francés de Historia le dedica dos páginas. Dicho currículum establece como primera competencia para trabajar la asignatura esta: «la transmisión de conocimientos por parte de los docentes y la escucha activa por parte de alumnos». En el currículum español, eso no aparece. En Portugal, la reforma del ministro Crato (2011-2015), estableció un currículum fuertemente basado en conocimientos.
Entre las competencias del currículum español que ha de adquirir el alumno, está, por ejemplo, la referida a la Segunda República: «Especial interés cobra, por su significación histórica y el intenso debate social que suscita, el proceso reformista y democratizador que emprendió la II República, así como las reacciones antidemocráticas que se generaron ante su avance y el golpe de Estado que supuso su fin». Tal enunciado implica un determinado enfoque que hay que dar al tema: trasmitir «el proceso reformista», pero no los errores (que los hubo) y las «reacciones antidemocráticas» contra las reformas, pero del golpe de estado de 1934, por supuesto nada.
El currículum catalán, va aún más lejos en su afán adoctrinador. Por ejemplo, en el análisis del franquismo, indica que debe estudiarse «en el actual contexto de involución de algunos derechos humanos», lo cual es una clara imposición ideológica. ¿Y si el profesor considera que no hay tal involución ahora en España? Tal es el grado de intervencionismo de este currículum que, para evaluar un objetivo curricular, el profesor debería inmiscuirse en la vida privada de los alumnos. Por ejemplo, la competencia ciudadana CC4: «Comprende las relaciones sistémicas de interdependencia, ecodependencia (sic) e interconexión entre actuaciones locales y globales y adopta, consciente y motivadamente, un estilo de vida sostenible y ecosocialmente (sic) responsable». ¿Cómo evaluamos un «estilo de vida»?
Además, todo el currículum ha de cocinarse con la salsa de la perspectiva de género, hasta el de Matemáticas. Una cosa es analizar el papel de la mujer a través de la Historia y otra es la «perspectiva de género». El currículum francés de Historia no impone ninguna perspectiva. La palabra «género» no aparece ni una vez. Pero sí hay referencias al papel de las mujeres en la Historia, sin ninguna indicación de enfoque.
El intervencionismo del currículum actual es preocupante. Lo que plantea hasta qué punto restringe la libertad de cátedra (art. 20.1.c de la Constitución), «que el constituyente de 1978 ha querido atribuir a todos los docentes, sea cual fuere el nivel de enseñanza en el que actúan y la relación que media entre su docencia» (STC, 13-II-1981). En esta sentencia, el Tribunal Constitucional advierte que «Libertad de cátedra es, en este sentido, noción incompatible con la existencia de una ciencia o una doctrina oficiales.» ¿Hasta qué punto los currículums LOMLOE introducen una doctrina oficial? Leídos con calma, creo que sí, que subyace una determinada doctrina oficial. ¿No se convierte la perspectiva de género o la obligada metodología didáctica de los «proyectos», en doctrina oficial?
La ley educativa (LOMLOE), llega a imponer al profesorado lo que no han hecho las anteriores: determinadas metodologías que deberían quedar a elección de los docentes. Si a eso sumamos un currículum sumamente intervencionista, el panorama restrictivo de la libertad de cátedra, es, cuanto menos, sombrío
  • Felipe de Vicente Algueró es vicepresidente de la Fundación Episteme.
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