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Chat Control y la pornografía infantil

La protección de los menores frente a contenidos ilícitos en internet es un objetivo compartido por todos los estados miembros, sin embargo, lo que está en juego con Chat Control no es la finalidad, sino el medio

Bruselas Act. 20 ago. 2025 - 09:22

El 78 % de los estudiantes de Secundaria y Bachillerato reconocen un uso perjudicial de sus dispositivos electrónicos

El 78 % de los estudiantes de Secundaria y Bachillerato reconocen un uso perjudicial de sus dispositivos electrónicosEP

Para combatir el abuso sexual infantil en línea, la Comisión Europea y los Estados miembros estudian aprobar una normativa que obligaría a plataformas de mensajería como WhatsApp, Telegram o Signal a escanear todos los mensajes privados, incluso los cifrados. El proyecto, conocido como Chat Control, ha sido relanzado por la presidencia danesa del Consejo con el objetivo de adoptarlo antes del 14 de octubre de 2025.

La protección de los menores frente a contenidos ilícitos en internet es un objetivo compartido por todos los Estados miembros, sin embargo, lo que está en juego con Chat Control no es la finalidad, sino el medio. La propuesta, en su redacción actual, autorizaría -y en muchos casos obligaría- a las plataformas a implementar herramientas automáticas de escaneo y análisis de los mensajes privados de los usuarios.

Esto incluiría conversaciones cifradas de extremo a extremo, es decir, aquellas que ni siquiera las empresas tecnológicas pueden leer. Para cumplir con la futura ley, dichas empresas se verían forzadas a debilitar el cifrado o instalar herramientas de vigilancia directamente en los dispositivos de los usuarios. Una especie de «espía legal» incrustado en cada móvil.

Organizaciones defensoras de la privacidad digital, como la Fundación Europea de Derechos Digitales (EDRi), Access Now o Privacy International han calificado la iniciativa como una «deriva orwelliana» y alertan de su incompatibilidad con la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la UE, y del peligro existente de que otros países decidan implantar una norma semejante invocando el precedente europeo. Para hacernos a la idea de lo que supone obligar a las grandes multinacionales tecnológicas a romper la privacidad de las comunicaciones, actualmente ni siquiera China tiene una norma como ésa (en su caso, si el gobierno desea controlar las comunicaciones de sus ciudadanos acude a su tecnología nacional, pero no lo publica en una norma de derecho público).

Ninguna de las empresas afectadas como WhatsApp, Telegram, Signal, Messenger, iMessage, incluso apps de correo cifrado como ProtonMail, han hecho todavía ningún comunicado oficial.

De momento la norma se halla en fase de consenso entre el Consejo, la Comisión y el Parlamento, habiendo obtenido un impulso determinante desde la presidencia danesa del Consejo. El Consejo ha reactivado el expediente con una fórmula «de compromiso» que, en la práctica, mantiene el núcleo controvertido relativo al escaneo masivo. Francia, Austria, Chequia y Polonia presionan para adoptar el texto antes del 14 de octubre, coincidiendo con el inicio del nuevo ciclo legislativo europeo. Bajo una causa justa se quiere introducir un poder sin precedentes. Para variar, mientras Bruselas exige a terceros países –como China o Rusia– que respeten la privacidad digital de los ciudadanos, impulsa en su casa una legislación que rompe los principios más básicos del derecho a la intimidad. En casa de herrero, cuchillo de palo.

La propuesta de la Comisión no ha dejado de generar suspicacias. Su texto ha evitado usar expresiones como «escaneo masivo» o «intervención en cifrado», optando por términos ambiguos como «detección dirigida con respeto a la proporcionalidad». En el Parlamento Europeo, diferentes grupos políticos se han mostrado preocupados por la ambigüedad del texto, y el propio Supervisor Europeo de Protección de Datos (EDPS) ha declarado que la propuesta viola los principios de proporcionalidad y necesidad.

El proyecto de Chat Control será el primer gran test ético de la legislatura europea recién iniciada. La ausencia de moral y la cobardía a la hora de defender los valores morales objetivos nos sitúan una vez más ante una regulación que pretende ser «neutralmente» buena, pero es abusivamente fiscalizadora, y abre grietas a la privacidad. Cuando quieran invocar otra causa suficientemente consensuada, cada Estado podrá intervenir de nuevo nuestra intimidad.

La amenaza no reside principalmente en las conversaciones privadas de los ciudadanos europeos, sino sobre todo en el fácil acceso de la infancia a estas tecnologías, en la debilidad de los lazos familiares o en la ausencia de los padres en los hogares, en la existencia acomodada de la industria pornográfica, en la banalización de la promiscuidad y en el adoctrinamiento sexual en las escuelas, en el descenso de la edad de consentimiento legal de los menores para tomar la píldora anticonceptiva, abortar o para hormonarse y cambiar de sexo, en la legalización de la pedofilia y de la pederastia, etc. Una manada de elefantes en la habitación, pero el problema son los chats de WhatsApp.

¿Queremos proteger a nuestros niños? Empecemos por cuidar a las familias. ¿Queremos una sociedad más segura? Fortalezcamos a las familias. ¿Queremos menos violencia social? Hagamos más felices a las familias.

Alguien tiene que decir a la UE que el problema no son los chats, sino su política sexual amoral y el histórico de sus ataques a la vida y a la familia.

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