Imagen de archivo de alumnos realizando la Prueba de Acceso a la Universidad
La PAU en el País Vasco incluye un texto sobre atender a los pacientes en lengua materna: «No soy de Argelia, soy marroquí»
La autora sostiene que «esta situación no la vivimos solo los vascoparlantes; tenemos numerosos ejemplos en todo el mundo que reflejan los problemas que el lenguaje genera en el ámbito de la medicina»
Este martes 2 de junio miles de estudiantes se han enfrentado a los primeros exámenes de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) en el País Vasco, en los que se ha colado cuestiones de política lingüística. En concreto, se trata de un comentario de texto presente en el examen de Lengua Vasca y Literatura, firmado por Ruth Salaberria y titulado La lengua materna en la medicina, en el que se trata la cuestión lingüística en el ámbito de la atención sanitaria.
En este artículo, publicado en la revista Elhuyar Zientzia, la autora relata una historia en la que llega una llamada al centro coordinador de emergencias de Gipuzkoa alertando de que un coche ha atropellado a un hombre. Explica que «el hombre está entre la vida y la muerte, y el médico quiere administrarle tratamiento para mejorar su estado de agitación».
En este contexto, prosigue la historia, «surge la pregunta: '¿Tiene alguna alergia?'. La respuesta del paciente: 'Yo no soy argelino, soy marroquí'. El médico y el paciente no se entienden, y no se puede cumplir uno de los fundamentos de la medicina, a saber, la comunicación entre paciente y médico. Por tanto, se pone en riesgo el bienestar del paciente», reza el texto presente en la PAU vasca.
«Debería ser responsabilidad de todos los profesionales sanitarios disponer de herramientas para comunicarse lo mejor posible con un paciente en situación de vulnerabilidad. ¿Cómo va a cumplir el médico adecuadamente su función si no puede comunicarse con el paciente? Hoy en día, es un derecho de todos recibir una atención sanitaria de calidad, y para ello es imprescindible una comunicación adecuada con los profesionales de la salud, es decir, ser atendido, en la medida de lo posible, en la lengua materna de cada uno», señala sin todavía mencionar el euskera.
Sin embargo, a renglón seguido la autora sostiene que «esta situación no la vivimos solo los vascoparlantes; tenemos numerosos ejemplos en todo el mundo que reflejan los problemas que el lenguaje genera en el ámbito de la medicina».
Finalmente, pone de ejemplo a Cataluña: «En Cataluña, por ejemplo, existen iniciativas como las «parejas lingüísticas»: el profesional recién llegado se pone en contacto con un compañero de la misma especialidad y, de ese modo, también con el catalán; poco a poco, la persona recién llegada va dominando la lengua».