Clase de un colegio de Madrid
Pediatras exigen activar medidas de prevención frente al calor en las aulas a partir de 26ºC
Según han detallado los pediatras, niños y adolescentes son especialmente vulnerables a las altas temperaturas
El Comité de Salud Medioambiental (CSM) de la Asociación Española de Pediatría (AEP) ha exigido este jueves la puesta en marcha de medidas de prevención y adaptación en los centros educativos a partir del momento en que se superen los 26 o 27 ºC, con el objetivo de proteger la salud y el aprendizaje de niños y adolescentes, «más vulnerables» al calor.
«Cuando un aula supera los 26-27 °C, la evidencia nos dice que empieza a deteriorarse el bienestar, la concentración y el aprendizaje; y cuando se alcanzan temperaturas superiores, entramos en un escenario de riesgo sanitario prevenible. La infancia no puede seguir siendo el termómetro pasivo del cambio climático», ha aseverado el coordinador del CSM-AEP, Juan Antonio Ortega.
Según han detallado los pediatras, niños y adolescentes son especialmente vulnerables a las altas temperaturas, debido a que su sistema de termorregulación todavía está en desarrollo, presentan una mayor superficie corporal relativa y una respuesta fisiológica menos eficiente frente al calor, lo que favorece la deshidratación, la fatiga, el agotamiento térmico o el golpe de calor. Además, dependen en gran medida de los adultos para hidratarse, reconocer el riesgo y protegerse adecuadamente.
Junto a los efectos para la salud, la evidencia científica recoge que, por cada grado de aumento de temperatura, los resultados académicos caen un 0,4 por ciento y, en aulas sin climatización adecuada, la probabilidad de suspenso aumenta un 12,3 por ciento. Por el contrario, por cada descenso de 1°C en aulas situadas entre los 20 y 25 °C se produce un incremento del 10 por ciento en las respuestas correctas en matemáticas, mientras que los estudiantes que se sienten térmicamente cómodos logran hasta un cuatro por ciento más de aciertos.
«No necesitamos esperar a los 30, 32 o 35 °C para actuar. En infancia debe aplicarse el principio de precaución: a partir de 26-27 °C ya deben activarse medidas de adaptación, reorganización de actividades, ventilación, sombra, hidratación y, si no se garantizan condiciones seguras, reubicación o suspensión de la actividad lectiva. Esperar al golpe de calor es llegar tarde», ha insistido Ortega.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo sitúan el rango óptimo para actividades sedentarias, como el estudio, entre los 20°C y los 24ºC, lo que evidencia que muchas aulas superan con frecuencia los umbrales recomendados.