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La educación en la encrucijadaIsmael Sanz

Menos alumnos, la misma educación: la oportunidad que España no debería desperdiciar

Portugal partía en 2015 de una situación casi idéntica a la nuestra, con un 33 por ciento de jóvenes sin secundaria superior, y lo ha reducido al 15 por ciento

Cada otoño la OCDE publica Education at a Glance, el informe que compara los sistemas educativos de los países desarrollados. La edición de 2026 llega en un momento especial para España: justo después de unos resultados de PISA 2025 que han reabierto el debate sobre qué falla en nuestras aulas. He analizado los datos españoles en un informe para Funcas (Panorama de la educación 2026: qué dice de España) y, como ya hice en abril en un trabajo anterior para la misma fundación sobre nivel educativo, habilidades y empleo, la conclusión es que España avanza, pero arrastra problemas que no se resuelven solos.

El reloj de arena

El primer dato es el más conocido y el menos resuelto. El 53 por ciento de los jóvenes españoles de 25 a 34 años tiene estudios superiores, por encima del 47 por ciento de la OCDE. Pero el 25 por ciento no ha completado el bachillerato ni la FP media, el doble que la media de la OCDE (13 por ciento) y más del doble que la Unión Europea (11 por ciento). En medio queda solo un 23 por ciento con nivel intermedio, frente al 37 por ciento de la OCDE. Es la estructura de reloj de arena que muestra el gráfico 1: mucha población en los extremos y poca en el centro.

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Portugal partía en 2015 de una situación casi idéntica a la nuestra, con un 33 por ciento de jóvenes sin secundaria superior, y lo ha reducido al 15 por ciento. España ha bajado del 34 al 25. El abandono educativo temprano se situó en 2025 en el 12,8 por ciento, un mínimo histórico, pero todavía lejos del 9 por ciento que Europa fija como objetivo para 2030.

Lo que ha mejorado

Sería injusto quedarse solo con lo negativo. El mercado de trabajo juvenil ha cambiado de forma notable en una década, como recoge el gráfico 2. La tasa de paro de los jóvenes sin secundaria superior ha caído del 35 al 20 por ciento; la de los titulados universitarios, del 18 al 8. Los ninis de 18 a 24 años han pasado del 23 al 17 por ciento. Y la FP superior es una fortaleza diferencial: el 15 por ciento de los jóvenes españoles tiene esa titulación como nivel máximo, el doble que en la OCDE, con una prima salarial del 22 por ciento sobre quienes tienen bachillerato, también el doble de la media internacional.

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España ha aumentado además su gasto público en educación del 3,6 al 3,9 por ciento del PIB mientras la OCDE lo reducía. Lo que ocurre es que, con un PIB por habitante menor y más alumnos escolarizados durante más años, ese esfuerzo se traduce en menos recursos por estudiante: 12.120 dólares frente a 13.601 en la OCDE, con la mayor distancia en primaria y en la universidad.

Los docentes

El capítulo central del informe de este año está dedicado a la escasez de profesorado. España no aporta datos sobre plazas vacantes, docentes sin plena cualificación o abandono de la profesión, lo que ya dice bastante. Sí sabemos, gracias a TALIS 2024, que el 24,6 por ciento del profesorado de ESO trabaja con contratos de un curso o menos, frente al 13,6 por ciento de la OCDE. Y que solo el 15,6 por ciento cree que la sociedad valora su profesión.

Los salarios no son el problema de entrada: un maestro español empieza cobrando 59.526 dólares en paridad de poder adquisitivo, frente a 48.038 en la OCDE. El problema es que la carrera es corta. El salario máximo es 1,4 veces el inicial, frente a 1,6 en la OCDE y mucho más en Portugal, Alemania o Países Bajos. Entrada bien pagada y poco recorrido después: así es la profesión docente en España.

Una oportunidad poco habitual

Aquí aparece el dato que debería ordenar el debate de los próximos años. La OCDE proyecta que la población española de 5 a 14 años se reducirá un 13 por ciento entre 2024 y 2033, más que en la OCDE (9 por ciento) y la UE (10 por ciento). Y eso ocurre después de una década en la que el profesorado ha crecido mucho más que el alumnado: entre 2015 y 2024 los alumnos de primaria bajaron un 5 por ciento y los docentes subieron un 9; en la ESO, los alumnos crecieron un 10 por ciento y los docentes, un 23. Las ratios ya están por debajo de la OCDE.

Si el presupuesto se mantiene, el gasto por alumno subirá sin necesidad de aumentar el gasto total. La pregunta no es cuánto, sino en qué.

Qué funciona y cuánto cuesta

Para responderla conviene mirar fuera. El pasado 28 de septiembre The New York Times preguntó a 37 investigadores de economía y política educativa, entre ellos Eric Hanushek, Thomas Kane y Susan Dynarski, por 30 medidas de mejora escolar y les pidió puntuar de 1 a 7 su eficacia y su coste. Estados Unidos afronta, como España, una caída de resultados que empezó antes de la pandemia. El gráfico 3 resume lo esencial.

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La medida mejor valorada es la tutoría frecuente en grupos pequeños durante la jornada escolar para los alumnos que la necesitan (6 sobre 7), aunque es cara. La segunda es la enseñanza sistemática de la lectura basada en la evidencia, y es la de mejor relación entre eficacia y coste. Pagar más a los docentes que trabajen en centros difíciles figura entre las cinco más eficaces con un coste moderado. En cambio, subir el salario a todo el profesorado y reducir las ratios de forma generalizada son de las más caras y de eficacia solo media, porque los efectos de las clases pequeñas aparecen con grupos de unos 15 alumnos y, sobre todo, en primaria y con alumnado desfavorecido. Y tres medidas baratas aumentan la exigencia para más alumnos: currículos de calidad avalados por la evidencia, rendición de cuentas de los centros y acceso a asignaturas avanzadas para el alumnado de entornos difíciles.

La lección para España es clara. La caída demográfica es una oportunidad poco habitual, pero solo si se usa de forma selectiva: refuerzo temprano en primaria, tutorías para quienes se quedan atrás, incentivos para que los mejores docentes vayan donde más falta hacen y una carrera profesional con recorrido. Repartir el ajuste por igual, bajando ratios en todas partes, sería la forma más cara de no cambiar casi nada. Como resume Marguerite Roza, de Georgetown, en el panel del Times, la implementación lo es todo.

  • Ismael Sanz es catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos e investigador de Funcas.

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