26 de septiembre de 2022

Imagen de una detención policial

Imagen de una detención policialGuardia Urbana de Barcelona

Cataluña

Un hombre se libra de una denuncia por violencia machista al registrarse como mujer

Será tratado como un caso de violencia intrafamiliar, que conlleva una pena menor. Ella no puede acceder a las ayudas económicas y sociales que prevé la Ley de Violencia Machista

Carol (nombre ficticio) tiene unos 60 años. El pasado 15 de agosto fue agredida por su pareja, Luis (también nombre ficticio). Ella va al hospital, donde le hacen un parte de lesiones que le servirá para interponer una denuncia por violencia machista. Pero la sorpresa viene después, cuando los agentes le dicen a Carol que no pueden tramitar su expediente como un caso de violencia machista porque Luis había cambiado en el Registro Civil su género y ahora era una mujer. Será tratado como un caso de violencia intrafamiliar, que conlleva una pena menor. Además, ella no puede acceder a las ayudas económicas y sociales al no ser considerada víctima de violencia contra la mujer.
La abogada de Carol, Meritxell Cabezón, ha explicado a El Debate que esto fue una «sorpresa morrocotuda para todos». Primero, para la propia víctima, que, si bien conocía la transexualidad de Luis, no sabía que cinco meses antes había seguido los trámites para ser una mujer, al menos, jurídicamente. Y después, para los agentes de los Mossos. De hecho, Cabezón explica que «los agentes se dirigían específicamente a él en masculino. Porque ellos veían una persona de aspecto masculino». Es más, la letrada ha explicado que los agentes pensaron que «se trataba de una desobediencia o de una chulería hacia ellos, cuando él les manifestó que era mujer y que debían tratarle así, como mujer».
Toda la situación se acabó de aclarar cuando Carol acudió a comisaría a denunciar a Luis. Se fue a activar el abogado de oficio al que tienen derecho todas las víctimas de violencia contra la mujer, pero no pudieron, dice Cabezón, «al comprobar que jurídicamente la persona agresora era mujer. Y ya no le correspondía».

Una socialización de hombre

La letrada ha explicado que Carol y Luis se conocieron hace once años, «bajo una socialización de hombre, un rol de hombre y con actitudes machistas y dominantes». Pero la situación desembocó en una «especie de fetichismo extraño». Y es que según Cabezón, «un día, de la noche a la mañana, él le comunica que quiere utilizar ropa interior femenina. Y de ahí pasa a usar ropa de ella en casa. Hasta que él le dice que se va a hormonar porque quiere ponerse pecho, aunque no se va a operar». Es cuando empieza el calvario para ella. Porque Carol se muestra dispuesta a acompañarle en este proceso como amiga, pero en ningún caso como pareja. Algo que no gustó a Luis, que empieza a vejarla hasta que se llegó a la agresión el pasado 15 de agosto.
De cualquier modo, y al tratarse de un caso de violencia intrafamiliar, la pena también será más baja. Meritxell Cabezón recuerda que «en violencia intrafamiliar se puede conmutar la pena por una multa, cosa que en violencia machista está prohibido. El legislador ha entendido que la violencia machista tiene un componente ideológico y por eso está penada por encima. Pero se debe cambiar la ley. No se debe permitir que actitudes completamente machistas no se vean juzgadas por violencia machista, sino intrafamiliar».
Y no sólo eso. La letrada denuncia la indefensión y la «doble victimización» de Carol, no tanto a nivel penal, asegura, «porque, aunque la pena es inferior igualmente habrá pena, porque existe un delito de agresión y otro de coacciones». Pero denuncia que «sí existe una indefensión a la hora de acceder a los recursos públicos que se dan a las mujeres precisamente para salir de esa espiral de violencia. Se encuentra doblemente victimizada, porque está residiendo con su agresor porque no tiene medios económicos para salir, porque no le han concedido las órdenes de protección y porque al no ser considerada víctima de la violencia sobre la mujer, no tiene acceso a los pisos de acogida, o a todas las ayudas económicas y sociales que permiten la salida del círculo vicioso de la violencia».

Informe de un psiquiatra

Para proceder al cambio de género, Luis presentó un informe de un psiquiatra dictaminando que existía la disforia de género y también que se había pasado dos años «bajo una voluntad de cambio permanente», lo que se llama la vocación de permanencia. «Aquí lo que sorprende es que no hay esta voluntad de permanencia», asegura Cabezón, quien explica que este tipo de situaciones «ya empieza a ser algo bastante habitual». Por ello espera que el caso de Carol sirva para «que la gente se de cuenta de lo que está pasando».
Y hemos conocido este caso cuando en el Congreso se quiere iniciar de urgencia, sin debate, el trámite de la aprobación de la llamada «Ley Trans», que permitirá el cambio de sexo en el registro sin necesidad de aportar ningún tipo de documento que pueda acreditar que ese cambio no es un fraude. Por este motivo, Cabezón dice que «el legislador tiene que comprender que de todo no entiende, y que las leyes se hacen hablando con todos los expertos, que para eso en el Congreso existen las comparecencias de expertos. Lo que no se puede hacer es hurtar el debate e impedir a los profesionales, tales como psicólogos, psiquiatras, educadores, el hecho de entrar en el debate de la ley. Incluso juristas, porque nosotros somos la aplicación de la ley». Y es que, advierte, «se puede pervertir el fin de la norma».
En cualquier caso, Meritxell Cabezón dice que a Carol le costó mucho dar el paso y contar su historia. Reconoce que tiene miedo. Antes, asegura, estaba encerrada en su casa y ahora, en la de una amiga. Pero como mínimo, espera que «su caso sirva para cambiar las cosas».
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