Detenidos por el asesinato de Villajoyosa
Sucesos Infidelidad, una pistola escondida, cuatro tiros en el pecho y un crimen por encargo
El día del crimen, el autor intelectual se fue al hospital a visitar a su madre para tener coartada
A Héctor se lo limpiaron de cuatro tiros, de frente, sin ocultarse: en el pecho y en el brazo. Se lo advirtieron varias veces, o cumples o mueres, pero no hizo caso. Pensó que era una bravuconada. Pensó que podría seguir dedicado a sus negocios sin que nada pasase. Por aclararlo, antes de morir, Héctor se dedicaba al narcotráfico.
En el 2021 ya le pillaron con un kilo de coca. En el 2023 lo volvieron a detener. Esta vez en la misma operación cayó también su mujer Sofía y su jefe, Arturo. Los menciono porque ambos tienen su importancia en el relato de los hechos que acontecen antes del crimen.
La vida de Héctor comenzó a torcerse en el verano de 2023: no existe una auditoría que establezca las causas, lógicamente, pero por la razón que fuera el negocio cayó en picado. Tanto que acumuló con su jefe, Arturo, una deuda de 60.000 euros. Ingresó en un centro fuera de Villajoyosa, Alicante, para tratar de remontar con sus problemas y reconducir su vida. Claro, dejó a su mujer sola.
Cuentan en el pueblo que Arturo y Sofía aprovecharon su ausencia para convertirse en amantes. Héctor regresó y cambió de socio: se olvidó de Arturo y comenzó a irle bien. Tenía ya dinero en el bolsillo, pero en los pueblos los cotilleos van y vienen y se enteró de la aventura de su jefe con su mujer. A ella la perdonó, pero a él ni por asomo. Antes se cortaba un brazo.
«Paga tu deuda o te pico el billete»
Por eso cuando Arturo se le echó a la cara, le dijo: «Me debes 60.000. Sé que te va bien. Que has resurgido. Paga tu deuda o te pico el billete». Un eufemismo de que lo iba a matar. Héctor respondió que ni de cachondeo. Que no iba a regresarle el dinero: que con esos cuernos, vamos, que no se le pasase por la cabeza. Hablamos de septiembre de 2024.
Hasta diciembre de ese mismo año, Arturo mandó recaderos a anunciarle el peor de los males si no abonaba la deuda, pero Héctor persistió en su negativa. Así que Arturo pasó de la verborrea a los hechos. Le encargó a un sicario que lo matara. Pero Héctor era precavido, así que buscó a un amigo de la víctima. Su mano derecha. De ese jamás sospecharía. Un joven de apenas veinte años. Le ofreció 20.000 euros en un primer pago y una cantidad sin determinar cuando Héctor estuviese seco.
El joven aceptó y empezó a gastar dinero. Cuando lo trincó el grupo de Homicidios de la Guardia Civil de Alicante, apenas le quedaban 6.000 euros. El resto se lo había pulido. Arturo al ver su ritmo de gastos, le advirtió: «Tienes que cargártelo un día concreto que te voy a decir, así tendré coartada».
Mientras el sicario llevaba a Héctor engañado al monte a recoger un alijo enterrado, Arturo acudía a un hospital público. Allí operaban a su madre. Y para que quedase constancia, pasó delante de las cámaras varias veces. A esa hora del 16 de diciembre de 2024, por la tarde, el sicario le pegaba cuatro tiros. Dejó el cadáver tirado en el monte y lejos de allí ocultó la pistola: la enterró.
Al final, los investigadores, no se sabe muy bien cómo, llegaron al sicario y este acabó confesando el crimen y todos los pormenores. Arturo está en prisión provisional y el sicario también. La única que sigue libre es Sofía, la viuda.