Cartel indicativo de la cárcel de Pamplona
La fuga de presos de las cárceles se dispara en España: de 12 en 14 años a 4 en los últimos dos meses
La falta de personal y la escasez de inversión se encuentran entre las causas, según explican a El Debate funcionarios de prisiones y guardias civiles
Una respuesta parlamentaria a la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) desvelaba el pasado verano que desde 2010 se habían fugado en España 12 presos desde las propias cárceles, menos de uno al año. Sin embargo, en solo dos meses, entre mediados de diciembre y mediados de febrero, en las cárceles españolas se han registrado cuatro fugas de las prisiones, además de otra más que tuvo lugar durante una visita médica.
Dos presos se fugaron de la prisión de Picassent (Valencia) descolgándose de una ventana con una cuerda hecha con sábanas. Otro prisionero se escapó de la cárcel de Valladolid escondiéndose en el petate que sacó otro preso y finalmente el pasado día 25 una persona se escapó de la prisión de Cuenca saltando los muros de la prisión de la ciudad castellano-manchega.
Cárceles antiguas
Se da la circunstancia de que las tres cárceles donde se han registrado estas fugas son antiguas. Y ahí puede estar una de las claves de este incremento de las fugas de las prisiones. «En las cárceles tipo, las construidas a partir de finales de los 90, que son modulares con una torre en el centro, es difícil fugarse», explica Javier, un funcionario de prisiones que lleva 27 años trabajando en diferentes centros penitenciarios.
Estas cárceles cuentan con un doble muro de gran altura y una concertina en medio que hace muy complicada la fuga, a lo que se añade la existencia de medidas tecnológicas como sensores de movimiento, sensores de infrarrojos e inhibidores de frecuencia.
Existen unas prisiones intermedias, las 'asimilado tipo' que no cuentan con torre central pero sí con medidas de seguridad suficientes.
Sin embargo, las más antiguas no cuentan con estas medidas de seguridad. En su mayoría son un edificio y un muro «y basta con subirse al tejado y saltar el muro».
Por eso, este funcionario de prisiones considera que «el principal problema está en la falta de medios, no hay personal suficiente para cubrir las necesidades que se dan durante el turno de noche. Y los presos lo saben y lo aprovechan. Por eso las fugas son de noche y cuando hay algún tipo de evento, como sucedió en la fuga de Picassent, cuando se disputaba un partido de fútbol», explica el funcionario de prisiones.
El responsable del Servicio de Protección y Seguridad de AUGC, Rafael Sánchez, apunta además que «en algunas prisiones, el número de guardias civiles que hay realizando la vigilancia es mínimo, por debajo de lo recomendado y, además, esta circunstancia suele coincidir con los centros penitenciarios más viejos, precisamente donde los medios técnicos y de seguridad son insuficientes».
Deficiencias en las cárceles modernas
Pero incluso en las cárceles modernas, también se dan intentos de fuga que aprovechan, eso sí con menor éxito, las deficiencias que existen.
«Las alarmas, cámaras, inhibidores o los sensores se estropean y, en muchas ocasiones, no son reparados por su elevado coste», explica a El Debate, Rafael Sánchez. «De poco sirve que tengamos esas medidas que sí son eficaces si cuando se estropean, no se recuperan».
No obstante, el representante de la asociación de guardias civiles reconoce que «lo que más nos preocupa es el uso de drones. Los amigos o familiares los utilizan para introducir desde el exterior droga, móviles u otros objetos. Y no tenemos medios tecnológicos para derribarlos».
Rafael Sánchez reconoce que «en ocasiones los oímos e, incluso, los vemos, aunque siempre los utilizan de noche, pero claro, no podemos ponernos a pegar tiros para derribarlos porque podríamos herir a alguien».