La doctora en Derecho y profesora Elena Ramallo
Entrevista
Elena Ramallo: «Si aceptamos ser un país aconfesional para el cristianismo, también lo somos para el islam»
La doctora en Derecho y activista por los Derechos Humanos ha iniciado una cruzada para que se regule, en espacios públicos, el uso del velo, el hiyab, el niqab, el burka y todos los símbolos que son una imposición para las mujeres, a las que se considera seres inferiores
Elena del Pilar Ramallo Miñán, (Galicia, 1972) es doctora en Derecho, actualmente finalizando su segunda tesis doctoral, en Justicia e Inteligencia Artificial. Docente, divulgadora y autora de múltiples publicaciones, Ramallo es una investigadora reconocida por su trayectoria en la defensa de los Derechos Humanos, especialmente en la protección de mujeres y menores.
Fue la primera mujer en dirigir una cátedra conformada por seis universidades: la Cátedra Internacional del Banco Santander de RSC de la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal y ha representado a consorcios europeos en materia de innovación social y sostenibilidad.
En las últimas semanas, sin embargo, ha saltado a la actualidad mediática por su posición contraria al uso del velo islámico en las aulas españolas y su lucha para proteger a las niñas de símbolos totalitarios.
La ley Sharia es incompatible con el ejercicio de los derechos y libertades en los que se asienta nuestra democracia
- ¿Por qué razón ha decidido dar la batalla en esta cuestión?
- Llevo muchos años en la defensa de los Derechos Humanos y este no es uno más. Esta es una batalla crucial: la de dejar a nuestros hijos una sociedad libre e igualitaria. No solo en España vemos cómo los políticos nos abandonan, también en Europa muchos de sus líderes han antepuesto intereses a los derechos de los europeos. Presentar el islam como una religión europea es mentir y manipular. Nuestra esencia es humanista y cristiana y es, precisamente, esa herencia la que nos ha permitido tener derechos y vivir en libertad y democracia.
Por eso, los ciudadanos debemos alzar la voz porque, no es solo un problema relacionado con el islam, es un problema de una Europa que, si sigue así, dejará de ser la Europa que conocemos. Y lo mismo ocurrirá con la España en la que vivimos.
— ¿Considera el fenómeno de la islamización una amenaza real para la sociedad española?
— Sin duda. Es una amenaza para España y para toda Europa. Se trata de una sustitución de nuestras democracias y de las sociedades que conocemos, consecuencia directa de políticas irresponsables promovidas por políticos cobardes e insensatos que no han pensado en sus ciudadanos, ni en la defensa de los valores democráticos, sino únicamente en sus propios intereses.
— ¿Se considera usted racista, xenófoba o fascista, como algunos la han calificado por sus posiciones?
— Soy investigadora y jurista, y me baso en datos —oficiales, por cierto—. Cuando una persona defiende sus creencias, sus valores y la democracia para sus hijos y para los hijos de todos los españoles, no pierde el tiempo en este tipo de acusaciones absurdas.
Me han insultado por ser española, blanca y por hablar desde planteamientos democráticos. Lo han hecho extranjeros que viven en España. ¿Puedo hablar yo también, entonces, de racismo hacia mí de ellos?
— ¿Ha recibido amenazas? ¿Tiene miedo?
— Sí, he recibido amenazas y decenas de insultos, pero no me van a callar. Este es mi país, una democracia, y la libertad de expresión es un derecho fundamental. Si como mujer, y como persona con cierta ascendencia por mi trayectoria y reconocimiento, no puedo señalar lo que está mal en mi sociedad y lo que vulnera nuestros derechos fundamentales, entonces no entendería el sentido de vivir en una democracia.
Las menores no tienen capacidad legal de decisión sobre el velo porque son sus familias las que se lo imponen, atentando contra su derecho a la dignidad
— ¿Considera que el velo es incompatible con el concepto occidental del feminismo?
— No solo es incompatible con el feminismo, lo es con la democracia y los derechos fundamentales. Y no solo el velo, el hiyab, el niqab, el burka y todos los símbolos que son una imposición para las mujeres a las que consideran seres impuros e inferiores. Esto va en contra del principio de igualdad, porque solo se aplica a las mujeres (sexo femenino), y del artículo 14 de la Constitución Española.
En el caso de las menores, además, no tienen capacidad legal de decisión, porque son las familias las que se lo imponen. Lo grave es que en muchos casos estas jóvenes consideran que es su libertad porque han estado veladas durante tanto tiempo que lo han aceptado como algo normal.
En el caso del niqab y el burka, donde una mujer está cubierta de pies a cabeza, son una prisión de tela que elimina a la mujer como ser humano. Todo esto va en contra de un derecho fundamental: el derecho a la dignidad. Esto no se puede permitir en ninguna sociedad democrática.
— ¿Cómo explica entonces que las defensoras más combativas de estas mujeres sean, precisamente, otras mujeres de izquierda y extrema izquierda?
— Porque no son feministas, son unas hipócritas. Quitarse el velo en Irán o Afganistán cuesta la vida a las mujeres y aquí aplauden a las que lo llevan. No defienden los derechos de las mujeres. Son oportunistas que han hecho del wokismo una forma de vida porque no tienen una trayectoria profesional, ni personal, y viven de la política de pancarta.
El velo o sus variantes no son cuestión de feminismo, sí de derechos humanos. La ley Sharia, según la cual las mujeres son tratadas como inferiores, golpeadas y asesinadas como si no fueran seres humanos, es incompatible con la democracia. Desde la perspectiva de los derechos fundamentales más básicos aplicarla significa la eliminación completa de la dignidad, la libertad y los derechos de las mujeres.
El otro día escuché a una diputada de Más Madrid decir que el árabe y el islam forman parte de la cultura española, además de justificar la imposición del velo. Es una falsedad y una perversión más de su política se desbarre, igual que lo es decir que las mujeres tienen pene. Son mensajes contrarios al sentido común, la verdad biológica y los cimientos de nuestro Estado democrático. Declaraciones como esas sólo dañan.
— ¿Alguna formación política la ha recibido?
— Solo Vox, a nivel nacional, así como en Madrid y Cataluña, y el Partido Popular en Cataluña. A nivel del Congreso de los Diputados, los dos grandes partidos, tanto PP como PSOE, nos han ignorado por completo.
— Una de sus principales reivindicaciones pasa por la regulación expresa de este tipo de vestimenta que, a su juicio, no es inocua. ¿Cuál es su propuesta?
— España tiene ciertos derechos y libertades y quien viene debe adaptarse a nuestros derechos y obligaciones. Si no lo aceptas, no vengas, pero nosotros no podemos pervertir nuestra democracia por su religión y tradiciones. La regulación de velo, el hiyab, en los centros escolares y el niqab y el burka en los espacios públicos, es imprescindible, como ya se ha hecho en otros países europeos.
Decir que el islam forma parte de la cultura española es una falsedad contraria al sentido común, la verdad biológica y los cimientos del Estado de derecho
Debemos entender que libertad religiosa no es un derecho absoluto y puede ser restringido cuando entra en conflicto con otros derechos fundamentales como la libertad, la igualdad y la dignidad. Si aceptamos que somos un país aconfesional, para el cristianismo, también lo somos para el islam. Lo contrario es de una hipocresía absoluta gracias a la que se está permitiendo la imposición de una religión y una cultura que son contrarias a nuestros derechos y valores.
— ¿Cuáles son los próximos pasos?
— Después de Semana Santa, publicaremos un manifiesto y empezaremos a recoger firmas, espero llegar a un millón para llevar nuestras propuestas al Congreso. Es importante dejar claro que este tema no es de izquierda o de derechas. Hoy ya hay ciudadanos de todos los estratos sociales e ideológicos que claman por un control sobre la islamización de nuestra sociedad. No se trata de una cuestión de racismo, se trata de defender la libertad y la igualdad en las que se apoya cualquier sociedad moderna.