Sánchez no consigue desprenderse del aroma de fin de ciclo
Huele a final del sanchismo desde que el informe Cerdán de la UCO hizo entrar en erupción al socialismo, aunque el presidente sostiene que aún tiene mayoría. ¿De veras?
Pedro Sánchez haciendo declaraciones tras el Consejo Europeo en Bruselas
«Yo no robo. Nuestro espacio político no roba». Ha nacido un nuevo eslogan de campaña, sean cuando sean las elecciones. La autora de la genialidad es la vicepresidenta Yolanda Díaz, que se lo soltó así a bocajarro al PP en la última sesión de control al Gobierno en el Congreso del curso, tan bronca como la de la semana anterior. Tal vez la socia de Pedro Sánchez no cayó en la cuenta de que presumir de honradez, estando como está el Gobierno del que forma parte, supone señalar implícitamente que el corrupto es el de al lado.
Y luego está el exministro de Trabajo Jesús Caldera, que para defender a Pedro Sánchez no se le ha ocurrido otra cosa que escribir en El País que, total, poco se han llevado el trío formado por José Luis Ábalos, Santos Cerdán y Koldo García para lo que podían haber robado. Así que hemos de felicitarnos. «Presido la Mesa de Contratación de un ayuntamiento de 60.000 habitantes, con unas 80 licitaciones anuales y puedo asegurar que el fraude es, si no imposible, casi», empezaba el salmantino. Luego venía lo mejor de su artículo: «Parece que la mordida de 620.000 euros en comisiones (y una deuda, según ellos, de 400.000) resulta una escasa cantidad en relación con los volúmenes de contratación, lo que demuestra la solidez de las instituciones y sus mecanismos de control».
Una semana convulsa
La semana política deja tantas informaciones que es difícil decidir por dónde empezar. Si por la declaración del exministro de Transportes y su antiguo escudero en el Tribunal Supremo. Por la inédita -aunque cantada- decisión del Consejo de Ministros de boicotear la compra del Banco Sabadell por parte del BBVA para complacer a Carles Puigdemont y no dejar a los pies de los caballos a Salvador Illa, pese al informe favorable de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (ni siquiera el vocal elegido a propuesta de Junts se opuso en su día a la operación).
O tal vez por la cura de humildad que recibió el presidente del Gobierno en la cumbre de la OTAN en La Haya, a la que acudió con la expectativa de levantar a media Europa en contra de la voracidad armamentística del presidente norteamericano y se quedó solo, aislado y ridiculizado por Donald Trump, Giorgia Meloni y hasta el primer ministro belga, que ironizó con el alto concepto que tiene el presidente español de sí mismo al creer que puede hacer con el 2,1 % del PIB lo que los demás con el 5 %. O por el aval definitivo a la ley de amnistía por parte del Tribunal Constitucional de Cándido Conde Pumpido, que tendrá que llevar la toga al tinte después de ésta. Porque el polvo del camino la ha dejado para el arrastre. «Menos foto y más amnistía», pedía la semana pasada la portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, en una conversación informal con los periodistas, preguntada acerca de esa foto que Sánchez prometió a Puigdemont y que no llega. Dicho y hecho. El fallo de la amnistía, no la foto.
Puigdemont, Conde-Pumpido y Sánchez, en un diseño de El Debate
Pasan cosas, pero el aroma sigue siendo el mismo desde que el informe Cerdán de la UCO hizo entrar en erupción al socialismo. Huele a final del sanchismo, un olor persistente que ni el presidente ni sus socios consiguen quitarse de la chaqueta. Por mucho que el ministro Félix Bolaños se despidiera el miércoles de la portavoz de Vox en la Cámara Baja deseándole «feliz verano» y recetándole «sosiego»: «Disfrute de la playa y nos vemos a la vuelta». Por mucho que Pedro Sánchez repitiera ese día desde La Haya, de forma mecánica: «Sí estoy decidido a presentarme a las elecciones generales en 2027». No se sabe si solamente irritado por la pregunta de la periodista que se la hizo o, también, por la dureza de las encuestas electorales que lleva 10 días leyendo.
La que publicó El Debate el pasado domingo recogía una caída a plomo del PSOE en el último mes: 2,5 puntos de intención de voto menos, 600.000 votos esfumados y la pérdida de una docena de escaños. Y encima la coalición de Gobierno sigue perdiendo diputados… sin que haya elecciones de por medio. Esta semana ha desertado de las filas del grupo parlamentario de Sumar para pasarse al Mixto la diputada Àgueda Micó (de Compromís). En agosto de 2023, el PSOE y Sumar empezaron la legislatura con 152 diputados y ahora tienen 146. Por el camino se han quedado los cuatro de Podemos, Ábalos (aferrado a su aforamiento) y, ahora, también Micó. Pero desde el Gobierno insisten en que siguen ganando las votaciones que llevan al Congreso y, por lo tanto, siguen teniendo mayoría.
La diputada de Compromís Àgueda Micó, que ha pasado de Sumar al Grupo Mixto
¿De veras? El año pasado por estas fechas, el Ministerio de Hacienda estaba rematando el techo de gasto y los objetivos de deuda y déficit para 2025 (los cimientos de unos Presupuestos) para elevar ambos al Consejo de Ministros, que los aprobó a mediados de julio y los envió al Congreso. Vale que días después el Pleno se los tumbó. Vale que, en septiembre, María Jesús Montero llevó al Consejo de Ministros idénticos números, en un gesto de altivez ante sus socios que no sirvió más que para enrabietarlos. Para eso y para que la ministra de Hacienda tuviera que retirar el techo de gasto de la tramitación parlamentaria. Vale que aquello fue el inicio de una nueva prórroga -la segunda- de los Presupuestos de 2023, los que siguen en vigor. Vale. Pero, al menos, el año verano pasado hizo el intento. Este verano, ni eso. Y aún sostiene el presidente que todavía tiene mayoría. «Si no, no estaría aquí», zanjó el presidente desde La Haya.
Mayoría para ganar una cuestión de confianza, no. Por eso no la presenta, porque sus socios no quieren que les ponga en esa tesitura.
Mayoría para gobernar, no. No hay más que ver el solar legislativo que ha sido este curso.
Mayoría para impedir que prospere una moción de censura, sí. Es en lo único en lo que están todos de acuerdo, en que antes corrupción a que gobierne la actual oposición. ¿Suficiente? En los próximos meses lo veremos. Se especula incluso con elecciones en otoño, pero eso es correr mucho. De momento, la semana empezará con la declaración de Cerdán en el Supremo y acabará con el Comité Federal del PSOE, en el que Sánchez ha fijado muy altas expectativas. Demasiado altas, porque su supervivencia y la de su partido no van de cambiar a un secretario de Organización por otro. O por otra.