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Pedro Sánchez de espaldas durante la sesión de control al Gobierno

Pedro Sánchez de espaldas durante la sesión de control al GobiernoEFE

Nuevo curso, viejas costumbres

Sánchez y sus ministros reemprenden su huida en el Congreso

El hemiciclo se transforma nuevamente en un frontón en la primera sesión de control al Gobierno del curso, con los diputados del PP y de Vox dándose una y otra vez contra una vez en sus preguntas

Las primeras palabras de Pedro Sánchez en sede parlamentaria en este recién estrenado curso fueron un déjà vu: «Éste es un Gobierno limpio», aseguró el presidente. Ello la misma mañana en que su mujer declara nuevamente ante el juez Juan Carlos Peinado, esta vez por un presunto delito de malversación, y solo unas horas después de que el magistrado del Tribunal Supremo Ángel Hurtado decidiera la apertura de juicio oral contra un fiscal general del Estado a quien el Gobierno sigue defendiendo a capa y espada.

«Curso nuevo, costumbres viejas, sin contestar a ninguna de las preguntas que le he hecho», se lamentó Alberto Núñez Feijóo, quien recriminó al presidente: «Usted ya no tiene en la cabeza a los españoles, usted ya solo tiene miedo. Solo le mueve el miedo. El miedo a los jueces por lo que saben, el miedo a los medios por lo que publiquen, el miedo a los socios que le dejen caer, el miedo a la gente que hable en las urnas, el miedo a que quizás también usted mismo acabe delante de un juzgado».

El hemiciclo del Congreso se transformó nuevamente en un frontón en la primera sesión de control al Gobierno del curso, con el PP y Vox preguntando insistentemente a Sánchez y sus ministros por los casos de corrupción, las revelaciones de la exmujer de José Luis Ábalos, la participación de Begoña Gómez en los negocios vidriosos de su padre, las dádivas a los independentistas, su campaña contra los jueces y la inmigración ilegal, para darse una y otra vez contra una pared.

Sánchez sacó a colación el «genocidio» de Gaza e instó a Feijóo a repetir con él que es un «genocidio». María Jesús Montero replicó a la portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, con el caso Montoro, entre gestos de aprobación del presidente –«muy bien, muy bien», le dijo por lo bajo-.

Félix Bolaños recurrió nuevamente a Franco ante el secretario general del PP, Miguel Tellado, que le espetó: «El que sabe de fosas es Otegi, el que le hizo ministro». Pilar Alegría invocó a la colaboradora de TVE Sarah Santaolalla para no responder a una pregunta del diputado popular Jaime de los Santos. Y hasta José Manuel Albares elevó la voz ante el diputado popular Carlos Floriano cuando éste le reprochó la errática política exterior del Ejecutivo y que el Gobierno no haya dicho «nada» del español asesinado el lunes en un atentado en Jerusalén. «Tiene usted suerte de ser aforado, porque si no habría que denunciar la mentira y la calumnia que acaba de hacer. ¡Fuimos los primeros en denunciar el crimen de nuestro ciudadano!», respondió el ministro de Asuntos Exteriores alzando el tono y el dedo.

Todo ello bajo la presidencia de una Armengol a la que, nuevamente, la oposición la acusó de ser juez y parte. La presidenta del Congreso afeó a Santiago Abascal que se refiriera a Sánchez como «un corrupto, un traidor y un indecente» y se apresuró a excluir del Diario de Sesiones esos términos. Sin embargo, cuando Bolaños llamó a la diputada popular Cayetana Álvarez de Toledo «difamadora y embustera», Armengol calló. Y solo después de reiteradas quejas de la bancada popular y de su portavoz, a quien la presidenta del Congreso negó la palabra, concedió la socialista: «No se preocupen, todas las palabras que son ofensivas en el decoro parlamentario van a ser retiradas».

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