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El presidente de Junts, Carles Puigdemont, en agosto

El presidente de Junts, Carles Puigdemont, en agosto

Un Gobierno prisionero

El PSOE suplica a Puigdemont 'in extremis': «Vale la pena dialogar»

Los socialistas guardan silencio a la espera de conocer el alcance de la ruptura con el Gobierno acordada por la cúpula de Junts en Perpiñán

Las miradas de los socialistas se dirigen a esta hora a Perpiñán, donde está previsto que Carles Puigdemont comparezca sobre las cinco de la tarde para hacer oficial lo que ya es oficioso: la decisión de Junts, por unanimidad, de romper con el Gobierno. Y, sobre todo, qué implicaciones tendrá en la práctica, toda vez que los independentistas ya venían obligando al Ejecutivo de Pedro Sánchez a negociar hasta la extenuación cada iniciativa.

En medio del compás de espera, la portavoz del PSOE lanzó un mensaje a Puigdemont que sonó a súplica: «Vale la pena dialogar, negociar, alcanzar acuerdos», señaló Montse Mínguez desde la sede de Ferraz. Unas horas antes, el ministro Óscar López también había puesto de relieve la «mano tendida» del Gobierno.

La portavoz socialista no quiso adelantar acontecimientos, con el argumento de que el PSOE «respeta» las dinámicas internas. El Gobierno y el PSOE llevan días calibrando hasta dónde está dispuesto a llegar el fugado esta vez, después de que el pasado miércoles la portavoz de Junts en el Congreso advirtiera a Sánchez: «Quizás habría que hablar menos de cambios de horario y empezar a hablar, señor Sánchez, de la hora del cambio».

En diciembre del año pasado, Puigdemont compareció desde Bruselas para pedir a Sánchez que se sometiera a una cuestión de confianza, ante la «falta de voluntad política» mostrada por éste para cumplir sus acuerdos. «Ha llegado el momento de que, o llega un punto de inflexión, o lo dejamos ir», afirmó entonces.

Ahora, la situación es ésta: la legislatura está a punto de alcanzar su ecuador y Puigdemont sigue sin poder beneficiarse de una ley de amnistía que debía ser un traje a su medida y ha resultado dos tallas menos. A ello se suma el aliento en la nuca de la Alianza Catalana de Sílvia Orriols, que tiene a los alcaldes de Junts muy nerviosos.

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