Las 22 horas en las que los socialistas pasaron de la risa al tormento
La realidad no depende de las gafas con que se mire, aunque sean 'vintage' y de Dior. Y la del PSOE es la de un partido asediado por la corrupción al que las alegrías le duran cada vez menos
Pedro Sánchez, durante su comparecencia en la comisión de investigación del Senado
Tres días antes de las elecciones generales de diciembre de 2015, Mariano Rajoy se encontraba dando un paseo por Pontevedra cuando un joven se le acercó y le propinó un puñetazo en la cara que le partió las gafas. Lejos de hacerse la víctima, el entonces presidente del Gobierno y candidato del PP quitó importancia a la agresión física y llegó a colgar un tuit en tono de broma, con sus lentes suspendidas en el espacio: «Iba a pedir unas gafas nuevas a los Reyes Magos, pero me dicen que ya las han encontrado».
Una década después, las gafas de Pedro Sánchez salieron intactas de la comisión de investigación del Senado (que su dueño también saliera intacto es más opinable). Ningún senador le agredió -políticamente, se entiende- y, sin embargo, el presidente se hizo la víctima de una «sobreactuación parlamentaria grotesca al servicio de una estrategia de acoso». «Han convertido una institución necesaria para nuestra democracia -en alusión a la Cámara Alta- en una institución al servicio de la máquina del fango», llegó a denunciar.
Nada nuevo bajo el sol, porque el líder del Ejecutivo y los suyos llevan aferrados al relato de que existe una trama contra ellos desde la primavera de 2024. Concretamente, desde el 24 de abril de ese año, el día en el que Sánchez escribió su primera carta a la ciudadanía y en el que, por primera vez, recurrió a la «máquina del fango».
La resaca dulce que se volvió amarga
El viernes andaban los socialistas paladeando las mieles de su supuesta puerta grande en la comisión de investigación del Senado del día antes. En la SER, la noche del jueves incluso habían entrevistado al dueño de la tienda, donde Sánchez compró las gafas que lució por primera vez en público; y este contó que la montura era de Dior y que le costó unos 250 euros hace cinco años (se ve que mucho uso no las ha dado). El ministro Óscar Puente había dictado sentencia: «Son corruptos, incompetentes y una panda de amateurs de la política que no saben, ni siquiera, hacer una labor aseada». El senador del PP, Alejo Miranda, había tenido que salir en Onda Cero para justificarse por su interrogatorio acelerado.
El senador del PP que interrogó a Sánchez, Alejo Miranda
Todo eran risas y sonrisas en el Gobierno, donde daban por amortizado a Alberto Núñez Feijóo -una vez más-. Pero la noche de los muertos se les echó encima antes de tiempo, cuando al mediodía el juez Leopoldo Puente movió ficha y pidió a la Audiencia Nacional que abra una pieza para investigar los pagos en metálico del PSOE a José Luis Ábalos y Koldo García, al apreciar indicios de financiación irregular. Ello dos días después de haber tomado declaración, como testigos, al exgerente del PSOE Mariano Moreno y a la secretaria del partido que entregaba los sobres. El Debate titulaba esa mañana que, tras haberse zafado del interrogatorio político en el Senado, Sánchez quedaba en manos del Supremo; que ya solo quedaban los tribunales para averiguar si existió una caja B en el partido. Y ocurrió mucho más pronto que tarde.
A los socialistas se les borró la sonrisa que llevaban en la cara desde 22 horas antes, desde que terminó la comisión a las dos de la tarde del jueves. Despertaron del dulce sueño y el dinosaurio todavía estaba allí. Y no, no parece que sea «un inmenso bulo construido a base de manipulaciones, de recortes de periódicos, de campañas de desinformación; una caza de brujas montada para engañar a la ciudadanía», como había denunciado Sánchez en el Senado. «Aportaremos la documentación bancaria que demuestra que todo el efectivo utilizado para responder a la liquidación de gastos procede la cuenta bancaria del PSOE. Todo el efectivo abonado por el PSOE tiene una trazabilidad cierta y legal, sin la existencia de descuadres o liquidaciones no anotadas», se apresuró a anunciar Ferraz.
«Otra vez la ‘verdad’ de Sánchez no ha durado ni 24 horas», escribió Feijóo, porque de las pocas cosas que el presidente negó con rotundidad en la Cámara Alta fue la existencia de una caja B en la sede de Ferraz. Donde, por cierto, no sabe dónde se ubica la gerencia, o eso dijo.
Este mismo lunes empieza en el Supremo el juicio al fiscal general del Estado por revelación de secretos en el caso del novio de Isabel Díaz Ayuso; con el instructor, Ángel Luis Hurtado, habiendo dejado por escrito en un auto que Álvaro García Ortiz actuó «a raíz de indicaciones recibidas de Presidencia del Gobierno».
El que fue secretario de Organización del PSOE hasta junio, Santos Cerdán, sigue durmiendo en la cárcel de Soto del Real cada noche. Ello después de que el magistrado Puente rechazase el jueves nuevamente su excarcelación, como también la expulsión del PP y del resto de los partidos que ejercen la acusación popular.
La tentación de Ábalos de hablar crece conforme aumentan sus posibilidades de entrar en prisión.
Está pendiente la publicación del informe de la UCO en el que aparece el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, que se encuentra atareado con los fastos de otro aniversario más de la muerte de Francisco Franco. También lo está el resultado de las investigaciones en torno a la adjudicación de varias obras púbicas millonarias por parte de los ministerios de Transportes e Interior.
El líder del PSOE de Extremadura, Miguel Ángel Gallardo, va a afrontar una campaña electoral estando procesado y a las puertas de un juicio oral por presunta prevaricación administrativa y tráfico de influencias. Y con el respaldo de Sánchez: «El PSOE en Extremadura ha ido en dos ocasiones a primarias y los militantes de esa tierra han hablado con claridad, y, por tanto, yo solamente le puedo decir, trasladar todo el apoyo al secretario general», señaló el pasado martes la portavoz del Ejecutivo, Pilar Alegría, desde la Moncloa.
El juez Juan Carlos Peinado acaba de prorrogar su instrucción contra Begoña Gómez otros seis meses, hasta abril de 2026, por «las numerosas diligencias pendientes» —con el criterio en contra de la Fiscalía—.
Y, en lo político, la militancia de Junts respaldó el jueves la decisión de su cúpula de soltar amarras con el Gobierno y pasarse a la oposición, por más que los socialistas se hayan pasado toda la semana minimizando esa ruptura.
Así que no, la realidad no depende de las gafas con que se mire, aunque sean vintage y de Dior. Y la del PSOE es esta.