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El jefe Superior de la Policía Nacional en Castilla y León, Juan Carlos Hernández Muñoz, a la izquierda

El jefe Superior de la Policía Nacional en Castilla y León, Juan Carlos Hernández Muñoz, a la izquierdaMiriam Chacón

El jefe antidrogas de Valladolid, el último «garbanzo negro» policial que revela una peligrosa tendencia

En menos de dos años han caído siete altos cargos de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado por lucrarse con el narcotráfico al que debían combatir

La detención por tráfico de drogas este jueves del jefe de Estupefacientes de la Policía Nacional en Valladolid, Luis Fernández Rafael, es el último exponente de una peligrosa tendencia que comienza a darle a España aires de república bananera; una de esas donde la frontera entre los delincuentes y quienes tienen encomendado perseguirlos es cada vez más difusa.

El jefe superior de la Policía Nacional en Castilla y León, Juan Carlos Hernández Muñoz, se refería al jefe del Grupo III de Estupefacientes de la Brigada Provincial de la Policía Judicial de Valladolid como un «garbanzo negro» y tanto él como el subdelegado del Gobierno en Valladolid, Jacinto Canales, hacían hincapié en que ha sido la propia Policía, Asuntos Internos, quien ha hecho saltar la liebre. Sin embargo, en menos de dos años han caído otros seis altos cargos policiales por asuntos muy similares. Casi idénticos.

Sin ir más lejos, el pasado agosto ingresaba en prisión Faustino N., jefe del Grupo II de Estupefacientes de las Islas Baleares, tras una operación contra el narcotráfico. En su 'hoja de servicio', blanqueo de capitales, delito contra la salud pública, grupo criminal, tenencia ilícita de armas y cohecho.

El año pasado fue prolífico en este tipo de casos, que enturbian la labor de los policías honrados y dañan enormemente la imagen de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Uno de los más graves fue en el mes de marzo y tuvo como protagonistas a dos «garbanzos negros». Entonces, una operación acabó con la detención del inspector jefe de la comisaría de Pontevedra y, en paralelo, del jefe del grupo de Estupefacientes de Murcia, que operaba en la misma red criminal.

Como ya apuntaba este diario hace unos meses, el ejemplo de marzo era más que significativo, ya que los dos predecesores en el cargo del policía de Murcia habían sido apresados por el mismo motivo. Y es que las prebendas que puede ofrecer el narco por hacer la vista gorda, entre otras acciones ilícitas, supera por mucho cualquier nómina de funcionario, por alta que sea.

20 millones emparedados

Apenas dos meses antes, caía el jefe del grupo antidroga de la Comisaría de la Policía Nacional en Alcalá de Guadaíra, en Sevilla, quien supuestamente se embolsaba entre 2.000 y 3.000 euros mensuales por proteger a un narcotraficante de la zona frente a otras organizaciones criminales.

En connivencia con una de ellas, el jefe de la Guardia Civil del Puerto de Valencia, Jesús F. B., permitió que entrase por allí una tonelada de cocaína. Fue detenido en diciembre y antes se dedicaba a dar cursos sobre narcotráfico a profesionales de otros países. Sabía de lo que hablaba, y quizás demasiado.

Uno de los casos más sonados, por obsceno, fue el acaecido apenas un mes antes en Madrid. Allí se supo que el jefe de la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales (UDEF) de la Jefatura Superior de Policía de Madrid había sido detenido por dar el chivatazo a varios narcos implicados en la introducción del mayor alijo de cocaína incautado en España, que se había producido poco antes en el puerto de Algeciras: 13 toneladas de farlopa. Óscar Sánchez tenía 20 millones de euros emparedados en su casa y su pareja, también agente, asimismo fue apresada. Y, si esto sucede con los altos cargos, ¿qué no pasará con muchos de los que ostentan puestos rasos?

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