La casa de Puigdemont, en un barrio residencial de Waterloo
Crónica desde Bruselas
Puigdemont, ocho años atrincherado en su cueva de Alí Babá de Waterloo en plena decadencia de Junts
El expresidente de Cataluñá prófugo de la Justicia apenas se ha dejado ver en las últimas semanas
Están a punto de cumplirse ocho años desde que se descubrió que el expresidente del Gobierno catalán, Carles Puigdemont, se había refugiado en una mansión de más de 500 metros cuadrados y 4.500 euros de alquiler al mes en la pequeña localidad de Waterloo, en pleno centro de Bélgica.
Mientras que se supone que cualquier prófugo de la Justicia trata de esconderse en cualquier cueva para evitar ser localizado, Carles Puigdemont, lejos de ocultarse, se hizo con una mansión nada invisible para los ojos de los waterloenses que, en verdad preferirían continuar siendo conocidos por la gran derrota de Napoleón en vez de por ser el refugio de un huido de la justicia española.
Con ese tipo de turismo cultural tenían suficiente en vez de ser ahora receptores de curiosos independentistas que tratan en vano de acercarse a la lujosa edificación del número 34 de la Avenue de l'Avocat, irónicamente la Avenida del Abogado, que tratan en vano de acercarse a un centro plagado de medidas de seguridad para evitar la llegada de extraños.
Y menos todavía deseaban ser el punto de encuentro de las personas que sí tienen permiso para acceder hasta la llamada entre los independentistas como 'Casa de la República' que casi parece más la 'cueva de Alí Babá' si se tiene en cuenta las personas que entonado el 'ábrete Sésamo' para entrar y reunirse con el expresidente catalán huido de la Justicia.
Un puñado de prófugos y posteriormente condenados por el golpe independentista de octubre de 2017 se juntaban allí en los primeros meses de huida. Un terrorista condenado como Arnaldo Otegi, también entró en esa mansión para reunirse con Puigdemont como representante del independentismo vasco. Un encausado y exencarcelado por una presunta trama de corrupción como Santos Cerdán también accedió en varias ocasiones para negociar la continuidad del apoyo secesionista al presidente Sánchez. Hasta un expresidente del Gobierno de España como José Luis Rodríguez Zapatero, ahora en el ojo del huracán por sus varias mediaciones con dictadores ha pisado ese edificio.
Lo que diga Otegi
Es sintomático que el último dirigente político en entrar en la 'casa de la república' fuera precisamente Otegi, hace ya casi un mes. Y justo al día siguiente de aquella reunión del 11 de diciembre, la portavoz de Junts en el Congreso de los Diputados, Miriam Nogueras, apostaba por «aprovechar esta degradación del sistema político español (en referencia a los casos de corrupción y acusaciones de abusos sexuales en el PSOE) para forzar al Gobierno español». Esta es precisamente la teoría que desde el primer apoyo de Bildu al Gobierno de Pedro Sánchez en 2018 ha mantenido Otegi.
De igual modo, Nogueras hizo un llamamiento a la ERC de Oriol Junqueras, con quien también se reunió Otegi en agosto, para «hacer un frente común» entre nacionalistas y «que, en lugar de ser siete los que nos plantamos ante el Gobierno, que seamos 14 y les forcemos a hacer concesiones que nunca se había abierto a hacer». Lo que viene a ser la suma de fuerzas por la que siempre ha abogado Otegi, lo que le llevó a absorber partidos políticos como Eusko Alkartasuna o Aralar en el País Vasco y Navarra, y que parece intuirse en las reuniones que han mantenido los abertzales desde el pasado mes de agosto con diferentes fuerzas nacionalistas del Congreso de los Diputados y que concluyó precisamente el 11 de diciembre con el encuentro con Puigdemont.
Hundimiento de Junts
Junts per Cataluña busca así parapetarse en un frente nacionalista ante el hundimiento que está registrando en los últimos meses. Y en este hundimiento se puede englobar también la decisión del 6 de noviembre de romper con el Gobierno de Sánchez.
De hecho, no hay más que mirar el último barómetro electoral municipal de Barcelona, conocido el pasado 30 de diciembre, en el que Junts obtendría en unas teóricas elecciones municipales un 3,4 % de los votos cuando hace tan solo dos años y medio, en las anteriores municipales, Junts lograba ganar en la capital catalana con el 22,42 % de los votos con Xavier Trias como candidato. Incluso una fuerza también nacionalista y también de derechas como Aliança Catalana le daba el sorpasso con el 3,9 % de los votos, según el barómetro municipal.
De ahí que quizá Puigdemont haya optado por recluirse en las últimas semanas en su cueva de Alí Babá de 500 metros cuadrados en el corazón de Bélgica y hacer caso únicamente a Otegi, atraído por el empuje que están obteniendo los abertzales en el País Vasco.