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Carlos Hernández Quero a las puertas del Congreso de los DiputadosAlfonso Úcar

Entrevista | Portavoz de Vivienda de Vox

Carlos Hernández Quero: «La vivienda no solo es un bien de mercado, es la condición para poder formar familias»

El portavoz de Vivienda de Vox y portavoz adjunto en del grupo parlamentario recibe a El Debate en el Congreso para abordar uno de los temas que más preocupan a la sociedad española, especialmente a las generaciones más jóvenes

Carlos Hernández Quero irrumpió en la escena política en 2023 como diputado nacional de Vox. Doctor en Historia Contemporánea, ha trabajado como investigador en la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es portavoz adjunto del grupo parlamentario y portavoz de Vivienda del partido de Santiago Abascal, además de miembro del Comité Ejecutivo Nacional.

Se define en sus redes sociales como «de barrio», y precisamente de la transformación de estos habla, entre otras cosas, con El Debate en la Cámara Baja. Plantea una enmienda a la totalidad de las políticas que han llevado a la situación actual y aboga por poner sobre la mesa las condiciones necesarias para que la vivienda «en lugar de ser la madre de todas las precariedades como es hoy, sea la madre de familias que sean libres y autónomas».

–Vienen de cosechar unos buenos resultados en Aragón que consolidan esa tendencia al alza que pronostican todos los sondeos y que ahora se está materializando. ¿Lo esperaba?

–Lo cierto es que estamos de enhorabuena porque poco a poco se va consolidando un ascenso lento pero progresivo de Vox en cada cita electoral y es una demostración del hartazgo generalizado que hay entre los españoles de toda clase y condición con las políticas fallidas del bipartidismo. Las fuerzas del bipartidismo cada vez están más agotadas y tienen menos capacidad de dar respuesta a las necesidades y a los problemas de los españoles.

–Reclaman estos días al Partido Popular para dar su apoyo que se reviertan las políticas socialistas. ¿Ve posible que haya acuerdos?

–Nuestra predisposición es la mejor para cambiar. No creemos que antes de Sánchez todo fuera maravilloso y simplemente los últimos siete años se ha torcido, sino que es una trayectoria desviada desde hace décadas.

Poder darle la vuelta requiere no solamente hacer una impugnación a los gobiernos de Sánchez, sino a las políticas que han regido la política española en los últimos 20, 30 años. Y eso implica que el PP tendrá que aceptar que lo que ha hecho en materia fiscal, de vivienda, laboral, territorial, industrial, agrícola… ha sido perjudicial para la nación. Si se quiere revertir todo esto, van a contar con nuestro apoyo, claro que sí; si se quiere continuar con lo otro, entendemos que tiene socios preferentes, que en este caso es el PSOE.

El ascenso de Vox es una demostración del hartazgo generalizado que hay entre los españoles de toda clase y condición con las políticas fallidas del bipartidismo

–Usted ha estado en varias ciudades presentando el programa económico y de vivienda de Vox. ¿Nota un cambio de percepción, en cómo se recibe el mensaje de su partido de un tiempo a esta parte?

–Estoy convencido de que hemos ido afinando y hemos ido siendo capaces de decir aquello que muchos piensan. Estamos hablando de lo que se habla en una casa, en un grupo de amigos, en un bar, en la pausa del trabajo…y cuando la gente nos escucha, no solamente el diagnóstico, sino también las soluciones están entroncando con cuáles son las necesidades que tienen.

–En especial su mensaje cala en los más jóvenes. Hemos visto a la izquierda tratando de atraer a las nuevas generaciones con TikTok o con anuncios como el que Pilar Alegría hizo en Aragón de ese bono cultural y deportivo. ¿A qué cree que responde? Muchas veces se dice que el voto joven se debe a un acto de rebeldía. ¿Considera que hay algo más de fondo?

–Creo que es una cuestión de autodefensa. A los jóvenes se les ha robado el país, se les ha robado la posibilidad de ser dueños de su casa, de tener un alquiler asequible, de vivir cerca de sus padres, de tener un sueldo con el que poder mantenerse, de salir a la calle y reconocer el entorno en el que están. Se les ha robado la idea de mérito, la idea de que van a vivir mejor que sus padres. Se les ha estafado porque se les dijo que si daban una serie de pasos, estudiaban, se formaban, iban al extranjero, ahorraban, iban a tener un futuro que no tienen.

Carlos Hernández Quero, en su entrevista con El Debate en el CongresoAlfonso Úcar

–Una de las preocupaciones de los jóvenes es la vivienda. Además, su partido ha hecho mucho hincapié en estas dos campañas en la idea de prioridad nacional. Precisamente en el Congreso acaban de registrar una iniciativa para blindar el acceso a la vivienda a las familias españolas y a los jóvenes. ¿Qué proponen?

–Lo que planteamos sobre todo es un diagnóstico y es que los jóvenes y las familias son los principales perjudicados de la crisis de vivienda. La vivienda no es otra cosa que la proyección natural de las familias en comunidad. Son el espacio de estabilidad, de libertad, de socialización. Casi todas las personas que han nacido a finales de los 90 o principios de los 2000 han nacido en hogares en propiedad y han disfrutado de las ventajas asociadas a ello. No han tenido que dar tumbos de un lado a otro, enfrentarse a ir intercalando alquiler tras alquiler o a no poder emanciparse hasta los 40 y pico, y han podido disfrutar de unas condiciones de vida que hoy parecen una quimera.

La primera cuestión que planteamos es hacer este diagnóstico: la vivienda no solo es un bien de mercado, sino que es la condición para poder formar familias. Aquello que era una certeza, se ha convertido en algo inaccesible porque los precios están absolutamente emancipados de los sueldos reales, que llevan 30 años estancados. El salario modal, es decir, el más repetido, es de 20.000 €. Si un joven quisiera emanciparse en solitario, tendría que destinar el 103 % de sus ingresos mensuales a pagar el alquiler y los suministros básicos. Hay muchas ciudades de nuestro país donde la gente está destinando el 60 o 70 % de sus ingresos para poder pagar el alquiler. Es incompatible con poder formar una familia.

Tenemos una muralla fiscal. Se recaudan 52 mil millones de euros anuales asociados a la vivienda y la inversión es ridícula

¿Cómo va a poder formar una familia quien está abocado a vivir en un piso compartido con extraños? ¿O cuando destina el 70 % sus ingresos a pagar el alquiler? ¿O cómo va a tener una mínima idea de conciliación un joven que se ha visto forzado a ir a vivir a la otra punta del país porque no hay oportunidades dónde ha nacido? ¿Cómo va a poder acceder a la vivienda en propiedad un hijo de la clase media cuando hay compradores extranjeros que tienen mucha más capacidad para poder comprar?

¿O cómo va a poder una familia muy humilde acceder a una vivienda protegida cuando estamos importando masivamente a los pobres de todo el mundo y por tanto a receptores directos de ayudas y de vivienda social? ¿Cómo va a poder encontrar un entorno family friendly una familia cuando su barrio se ha convertido en un espacio de degradación, de abandono institucional, de sustitución demográfica y en el que la inseguridad campa a sus anchas?

La edad de oro de la propiedad, que fue la edad de oro de las familias, fue la edad de oro de los barrios, populares, de clase media, barrios normales y corrientes en los que la gente jugaba en la calle, se relacionaba, tenía una idea de confianza mutua, de amistad civil, que está desapareciendo. El primer perjudicado de todo ello son las familias.

Lo que planteamos es en primer lugar una apuesta fuerte por promover un parque de vivienda protegida en régimen de propiedad o de alquiler con opción a compra para jóvenes y familias españolas. Que, además, para poder acceder a ella haya una serie de préstamos o créditos blandos por parte de la administración, y que además se vaya condonando parcialmente la devolución del principal en función del número de hijos que se tengan.

Hay que reforzar o robustecer los sistemas de avales públicos para el acceso a la vivienda en propiedad. Y hay que conseguir que las familias tengan cada vez más dinero en el bolsillo para poder comprar, y por eso Vox tiene una propuesta de reforma del IRPF con tres tramos, un tramo hasta los 22.000 € en el que no se paga absolutamente nada, de 22.000 a 70.000, el 15 %, y por encima de 70.000, el 25 %. Y con una desgravación de cuatro puntos en función del número de hijos.

Los barrios eran uno de los grandes patrimonios de las clases populares en España. Y todo eso está desapareciendo

Favorecer que haya un acceso fácil a instrumentos de financiación de bajo riesgo, como pueden ser las cuentas de ahorro, en el que una familia pueda ir acumulando dinero para que su hijo en un futuro pueda comprar una vivienda y que esos gastos sean deducibles. O incluso poder disfrutar por adelantado de parte del dinero de una futura pensión, retirando sin ningún tipo de penalización fiscal el dinero de los planes de pensiones, siempre que sea destinado a la adquisición de vivienda, y entendiendo que es fundamental para poder comprar una casa una fiscalidad que sea amable, que favorezca el acceso a la vivienda en propiedad.

Actualmente, tenemos una muralla fiscal. Se recaudan 52 mil millones de euros anuales asociados a la vivienda y la inversión es ridícula. Si no se va a invertir en vivienda lo que se recaude en vivienda, a lo mejor hay que bajar los impuestos, sobre todo en la compra de vivienda por parte de familias españolas. Habrá que hacer las modificaciones en Europa pertinentes para tener un tipo cero en el IVA, y a nivel estatal y autonómico para tener el impuesto más bajo posible de transmisiones patrimoniales, o que se permita que su pago sea diferido.

–La prioridad del Gobierno, sin embargo, no parece ser el fomento de la natalidad o la protección de las familias, sino regularizar a cientos de miles de personas, lo que agravaría estos problemas…

–Absolutamente. El debate sobre la vivienda considero que está bastante viciado porque solo se habla sobre las casas, pero las casas son habitadas por personas. Y el parque inmobiliario sigue estanco, además con cada vez menos unidades ofertadas. Tenemos menos casas, pero han entrado más de 3 millones de personas en cinco años que necesitan una vivienda. Y encima las casas están peor ubicadas porque hemos centrado las oportunidades laborales en cuatro o cinco grandes polos.

Hay un desajuste tremendo entre oferta y demanda. No solamente es de escasez de oferta, sino de exceso de demanda, que se puede ver con la regularización de inmigrantes. Los inmigrantes no tienen la culpa de nada. Unos políticos se han dedicado a dopar artificialmente la demanda de vivienda al mismo tiempo que hacían artificialmente escasa la oferta de vivienda.

Carlos Hernández Quero habla con El Debate en el CongresoAlfonso Úcar

Con una regularización de entre 500 mil 800 mil inmigrantes, con todo el efecto llamada que esto implica, en un país en el que no se construye, no se gana densidad, no se gana alturas, no se hace que viviendas que están construidas estén en el mercado, esto va a llevar a que cada vez haya menos metros cuadrados por cada ciudadano, es decir, hacinamiento, familias que están viviendo cada una en una habitación, precios imposibles de pagar por una sola unidad familiar y seguramente tiendas de campaña y chabolismo, ya lo estamos viendo.

–Hablaba de la degradación de los barrios, y en la que los más perjudicados son los más humildes. Se hizo viral su intervención en un acto de Vox en Aluche en el que denunciaba esto y señalaba, como ha dicho aquí, que nos han robado la España de toda la vida. Aludía a la inmigración masiva y también a la inversión de capital extranjero. Y le reprochó entonces a Isabel Díaz Ayuso querer que el Madrid de los propietarios de toda la vida se convierta en «el patio trasero de los ricos del mundo». ¿Ese proceso que han podido sufrir diferentes barrios puede revertirse?

–Bueno, lo primero de todo es dejar claro, porque algunos quieren hacer la caricatura, que defender los barrios de toda la vida no significa defender que el tipo que te vende el agua vaya puerta por puerta, o que cuando vas a comprar leche haya una vaca, que algunos se creen que con eso se evitan tener que debatir. Aquí lo que se plantea es que en este país el gran salto adelante de millones de familias fue el acceder a una vivienda en propiedad. En esa casa echaron toda su vida. Y jugaban en la calle y estaban en el equipo de fútbol, iban juntos al colegio y siempre los mismos. Todo eso permitía que se hiciera comunidad.

Y se generaba pequeño comercio y en él se encontraban. Y todo eso estaba presidido por una idea de confianza y de seguridad. Que seguridad no es necesariamente que haya muchos policías, sino que toda la gente que te rodea te conozca. Y eso permitía que de alguna forma aquellos barrios funcionaran, y todo eso ha desaparecido.

Los barrios han dejado de tener inversiones y han sido abandonados y degradados y se han convertido en un espacio en el que cada vez todo es más itinerante. Esos barrios eran uno de los grandes patrimonios de las clases populares en España. El disfrute de la calle, de los parques, de las plazas...y todo eso está desapareciendo.

Los hijos de la clase media, con su capacidad adquisitiva, no tienen nada que hacer con grandes fondos o grandes fortunas extranjeras

Los barrios han mutado, y de una doble forma. De una parte, los de menos renta se han convertido en el espacio preferente de la inmigración masiva de personas pobres de todo el mundo que están capturando ayudas sociales, y se está dando lugar a que en un piso ahora vive en cada habitación un núcleo familiar entero. Con el consiguiente auge de los precios de alquiler. Porque si en cada habitación hay un núcleo entero, se puede pagar mucho más por toda la casa y es imposible competir con eso. Para una familia española trabajadora es imposible competir en el acceso a las ayudas y a la vivienda protegida.

Los españoles más pobres, los de clase media también empobrecida y precarizada y desvalijada, están pagando con sus impuestos la casa que otros sí van a tener y que ellos nunca van a tener. Y es algo realmente dramático. La globalización por abajo les ha dejado sin su casa y sin su barrio. Ya es irreconocible; salen a la calle y es el Far West, o una favela o un suburbio, pero no es su barrio.

Pero por arriba vemos el mismo fenómeno. Los hijos de la clase media destinada a comprar vivienda en sus 30 y pocos años, con su capacidad adquisitiva, también menguante y mermada, no tienen nada que hacer con grandes fondos o grandes fortunas extranjeras que compran muchas veces a tocateja lo que ellos ni siquiera pueden soñar con adquirir a plazos.

Y aquí -mencionabas a Isabel Díaz Ayuso- en la Comunidad Madrid en 2023, antes de que tuviera mayoría absoluta, Vox consiguió frenar una iniciativa que traía el PP que planteaba precisamente que hubiera deducciones fiscales del 20 % para el comprador extranjero. Se negaba cada vez que Vox llegaba a la Asamblea una propuesta de bajada fiscal a la compra de vivienda para comprador nativo; y, sin embargo, para el comprador extranjero, un 20% de descuento, lo cual era realmente dramático.

El PP está obsesionado en que Madrid sea como Miami, que sea como un gran centro comercial al aire libre en el que quepa todo el mundo menos los madrileños. Y la izquierda está obsesionada con que seamos el hospital de todo el mundo. Madrid tiene que parecerse a Madrid. Que la gente cuando salga a la calle reconozca el sitio en el que está, porque eso también forma parte de la seguridad, de la libertad de la gente; que salga a la calle y tenga cosas en común con otros.

Quien piense que las viejas etiquetas siguen operando aquí creo que se enterará mal de los cambios que vienen

Vox, que es un partido que cree precisamente en el bien común y en la importancia de la sociedad sobre la política, lo que quiere es que la gente no se refugie ni en sus identidades sexuales, ni de gustos ni de consumo, sino que tengamos un país de barrios fuertes, de familias fuertes, en el que la gente pueda desarrollarse libremente.

–Defender estas ideas ha hecho que se hable de un giro de Vox hacia lo social, digamos. ¿Cree que estamos en un nuevo paradigma en el que la gente ya no se identifica tanto con derecha o izquierda, y que a eso puede responder en parte el crecimiento de Vox, que parece coger votos de todos los caladeros?

–Bueno, estoy convencido de que efectivamente coge de todos los caladeros porque es que son rubios, pelirrojos, altos, bajos, zurdos, diestros, con gafas y sin gafas los perjudicados, y en la medida en lo que son todo esto, también son de izquierdas y de derechas, centralistas y autonomistas, gente que opina una cosa de las políticas internacionales y otra.

Y es una generación o más de una que pensaba que iba a comprar una casa y no la tiene, que iba a vivir cerca de sus padres y no, que iba a tener un trabajo estable toda su vida y no lo tiene, o que iba a poder ahorrar y es un imposible...Todo esto es una estafa, una desposesión, algo que la gente daba por hecho y que no lo va a tener, y esto es transversal. Quien no entienda que es transversal y se piense que las viejas etiquetas siguen operando aquí creo que se enterará mal de los cambios que vienen.

–Hace unos meses fue elegido como portavoz adjunto del grupo parlamentario de Vox. ¿Cómo encara esta etapa, ahora que se han retomado los Plenos?

–Acogí el nombramiento con la máxima ilusión y la máxima responsabilidad. Ya el mero hecho de ser diputado también me había suscitado las mismas emociones. De alguna forma, uno aquí se siente muy pequeñito y está en un espacio en el que otros mejores han estado hablando durante años y otros mejores seguirán haciéndolo cuando no estemos. Y sentir que uno forma parte de eso es una buena vacuna contra cualquier tipo de engreimiento. Creo que es lo fundamental. Agradecimiento a quienes me han dado la confianza de poder estar aquí y mucho trabajo y mucha responsabilidad para poder estar en la medida de lo posible a la altura.