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Planificación del golpe de Estado

Los documentos desclasificados del 23-F

«Dejar al Borbón libre»: el error que los golpistas señalaron tras el fracaso del 23-F

Así lo afirma un documento manuscrito titulado Planificación del golpe desclasificado por el Gobierno

El Gobierno ha publicado en la web de La Moncloa los documentos internos relacionados con el fallido intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Entre ellos figura un texto especialmente revelador que permite asomarse a la mentalidad de algunos de los sectores implicados en la conspiración.

En el documento titulado Planificación del golpe aparece una frase contundente: el primer error del 23-F habría sido «dejar al Borbón libre y tratar con él como si fuese un caballero». La expresión —en referencia directa a Juan Carlos I— resume la percepción de que el fracaso del golpe estuvo ligado a la actuación del Rey durante aquellas horas decisivas.

El documento comienza con un esquema fechado en noviembre de 1980 que detalla lo que parece ser la preparación del golpe, seguido de varias páginas de análisis sobre su ejecución y desenlace. Bajo el título ¡¡¡Militares Españoles!!! Consignas sobre qué hacer después del 23-F, el autor insta a no sentirse «decepcionados por los acontecimientos del 23-F», sino a «analizar lo que habrá de hacerse de ahora en adelante».

El texto refleja que, lejos de considerar el 23-F un episodio cerrado, algunos sectores lo interpretaban como un intento fallido dentro de una estrategia más amplia. En esa línea, el autor afirma que deben «seguir actuando para lograr hacernos con el control de los recursos jurídicos, constitucionales, culturales y sociales, de todos los resortes del poder que puedan impedir la rotura de la unidad de España…». La preocupación central es la «unidad de España», argumento recurrente en parte del discurso militar crítico con el desarrollo del Estado autonómico durante la Transición.

El documento plantea dos alternativas: «reaccionar como soldados de España o plegarnos a la gradual demolición desde arriba». Esa dicotomía refleja el clima político de finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, marcado por la crisis económica, la violencia de ETA, la descomposición interna de la UCD y el debate territorial. Para algunos mandos, ese contexto alimentaba la idea de que el país se encontraba en un proceso de deterioro que exigía una «intervención correctora».

Por otro lado, es significativa la enumeración de los «fallos a corregir para actuaciones sucesivas y unas sugerencias para el futuro». El primero, según el autor, fue «dejar al Borbón libre y tratar con él como si fuese un caballero». Es decir, no haber neutralizado o controlado la capacidad de actuación del jefe del Estado.

El análisis coincide con uno de los factores decisivos del 23-F: el mensaje televisado de Juan Carlos I, uniformado como capitán general, en el que ordenó a las Fuerzas Armadas mantenerse dentro de la legalidad constitucional. Aquella intervención fue determinante para frenar cualquier adhesión masiva al golpe.

El documento critica que el Rey siguiera «adelante en su intento suicida de tener un Gobierno con los socialistas», afirmando que no podía ser considerado «ni como un símbolo a respetar». En una afirmación especialmente grave, el autor concluye que Don Juan Carlos era «un objetivo a batir y anular».

Desde el punto de vista histórico, estas expresiones no solo evidencian la fractura existente dentro de ciertos sectores militares respecto a la evolución política de la Transición, sino que también confirman hasta qué punto la figura del Rey era considerada clave en el equilibrio institucional del momento.