Fardos de hachís recuperados por la Guardia Civil en aguas del Estrecho
Reportaje
España, nodo clave del narcotráfico global: rutas, actores y nuevas formas de entrada de la droga
Una de las claves es la posición geográfica del país, con miles de kilómetros de costa, grandes puertos comerciales, intensa conectividad marítima y aérea y una economía capaz de absorber grandes flujos financieros
Durante décadas, el narcotráfico en España tuvo un rostro reconocible y local. Eran, en esa Galicia de las décadas de los ochenta y noventa, los propios vecinos, clanes familiares, quienes ayudaron a convertir la zona en una gran puerta de entrada de la cocaína a Europa. Paralelamente, a cientos de kilómetros, el sur peninsular asumía el papel de corredor del hachís procedente del norte de África.
Pero ese mapa del narcotráfico ha quedado obsoleto. Ni España es ya únicamente un país de paso, ni las organizaciones criminales actúan como clanes familiares, sino como empresas transnacionales. Es por eso que las viejas rutas de la droga conviven ahora con puertos comerciales, plataformas logísticas, sociedades mercantiles y redes financieras internacionales.
Los datos proporcionados por el Ministerio del Interior reflejan este cambio, con los delitos vinculados al tráfico de drogas en clara posición ascendente. Por ejemplo, en el último ejercicio, los procedimientos por este tipo de delito crecieron en torno al 23 % a nivel nacional, con un incremento notable de las denominadas macrocausas. Además, España lleva varios años consecutivos batiendo récords de droga intervenida, especialmente en lo que respecta a la cocaína.
Los datos oficiales también muestran un repunte de la violencia asociada a estas actividades. En los últimos años, los homicidios vinculados a ajustes de cuentas, así como los secuestros relacionados con deudas, cargamentos perdidos o disputas entre organizaciones, han experimentado incrementos significativos.
«Desde una perspectiva criminológica, el momento es muy preocupante, porque el narcotráfico está creciendo», explica a El Debate Jordi Delgado, miembro de la Junta de Gobierno del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid. «Se incauta más droga, pero eso también indica que la actividad es mayor. Las organizaciones buscan nuevos mercados y España se ha consolidado como una de las principales puertas de entrada a Europa».
Una de las narcolanchas incautadas en Málaga
Una de las claves es la posición geográfica del país, con miles de kilómetros de costa, grandes puertos comerciales, una intensa conectividad marítima y aérea y una economía capaz de absorber grandes flujos financieros. «España ya no es solo un país de tránsito, sino un eje logístico internacional del narcotráfico», subraya Delgado. «Por su posición portuaria y costera, es clave para la entrada de cocaína, hachís y marihuana procedentes de Sudamérica y del norte de África con destino al resto de Europa».
De las rutas clásicas a una red transversal
Como se ha señalado, la vieja creencia de que el mapa del narcotráfico en España se limitaba a Galicia como puerta de entrada atlántica y Andalucía como eje del hachís proveniente de África ha saltado por los aires. «El fenómeno es completamente transversal», señala Delgado, que asegura que «aunque existen rutas muy definidas, el narcotráfico opera en todo territorio y las organizaciones internacionales están cada vez más presentes».
Una percepción que comparten quienes trabajan sobre el terreno. Desde la asociación profesional Jucil, en conversación con El Debate, describen un escenario en el que los focos se multiplican y se conectan entre sí. «La presión policial en una zona provoca el desplazamiento del problema a otra», explican. «El narcotráfico no desaparece, se mueve».
Pese a lo repartido que está el narcotráfico, los principales puntos calientes se encuentran en la zona andaluza, con especial intensidad en Campo de Gibraltar, Huelva, Málaga y la desembocadura del Guadalquivir, mientras que los grandes puertos comerciales son los de Algeciras, Valencia o Barcelona. Además, Galicia, donde se emplean veleros y pesqueros para recoger alijos en alta mar, o Canarias, por su papel estratégico, también son enclaves esenciales en las rutas de la droga. Precisamente allí, en Canarias, tuvo lugar este mes de enero la 'Operación Marea Blanca', que resultó en la incautación de un envío récord de casi diez toneladas de cocaína, el mayor alijo en la historia de España.
Sea como fuere, este cambio territorial ha venido acompañado de una transformación profunda del tipo de droga y del modo de operar. «Hace una década el protagonismo era del hachís», señalan desde Jucil. «Hoy la cocaína ha crecido de forma muy significativa, tanto en contenedores como en narcolanchas. Es un modelo más sofisticado y mucho más global». Las cifras oficiales apuntan en esa dirección. España se ha convertido en uno de los países de la Unión Europea con mayores decomisos de cocaína, en línea con las advertencias de Europol sobre el desplazamiento de las grandes rutas desde Hispanoamérica hacia los puertos del sur del continente.
El nuevo modelo: empresas criminales
Más allá del volumen de la droga que entra o las rutas que utiliza para ello, lo que más preocupa a los expertos es la evolución del modelo criminal hasta lo que es ahora. «El narcotráfico actual funciona como una empresa transnacional», explica Delgado. «Estas organizaciones han profesionalizado su estructura logística, con almacenes, flotas, redes financieras y una apariencia de legalidad que les permite maximizar beneficios y reducir riesgos».
Desde Jucil también coinciden con ese diagnóstico. «Cada vez nos enfrentamos menos a clanes locales y más a estructuras internacionales», señalan. Son redes con ramificaciones en varios países, que utilizan sociedades pantalla, blanqueo de capitales a través de criptomonedas y participación de ciudadanos de múltiples nacionalidades que ya forman parte del paisaje habitual de las investigaciones.
Este salto cualitativo, que ha cambiado el arquetipo del narcotraficante desde una persona de bajo nivel educativo y con el cuerpo lleno de tatuajes o ropa deportiva a empresarios que se pasean por traje en las principales calles del país –ahí está el ejemplo de Óscar Sánchez, exjefe de la UDEF que ayudó a meter unas 73 toneladas de droga en España–, también tiene consecuencias directas sobre la seguridad. «Desde el terreno, la sensación es clara, estamos ante un narcotráfico más violento, más profesionalizado y mucho más extendido geográficamente», advierten desde la Guardia Civil.
La Guardia Civil incauta 195 garrafas con 4.875 litros de combustible en Isla Cristina
Uno de los elementos más visibles de esta presión es la actividad constante de las narcolanchas en el sur peninsular. Aunque las incautaciones de medios marítimos han aumentado, los agentes alertan de que la sensación de impunidad persiste en determinadas zonas. El propio Ministerio del Interior reconoce el crecimiento de los medios empleados por las organizaciones criminales. Solo en 2024 se incautaron cerca de 300 embarcaciones vinculadas al narcotráfico, muchas de ellas narcolanchas de gran potencia capaces de transportar varias toneladas de droga y alcanzar velocidades superiores a los 60 nudos.
Para Jordi Delgado, el mayor peligro es que este fenómeno termine normalizándose: «Cuando el volumen de dinero es tan elevado, el riesgo es que el narcotráfico se vuelva sistémico», advierte. «Si no hay respuesta firme y sostenida desde las instituciones, el problema acaba permeando en la economía, la política y la convivencia». Desde Jucil, por su parte, lo resumen de la siguiente manera: «Necesitamos más medios humanos, más recursos y más capacidad tecnológica para estar al nivel de estructuras cada vez más sofisticadas y agresivas».
Al final, quizás lo mejor sea acudir a The Wire, la serie que, además de cambiar la televisión, lanzó un señuelo al porvenir con el funcionamiento de los negocios criminales: «Si sigues las drogas, te encuentras con drogadictos y traficantes, pero si empiezas a seguir el dinero, no tienes ni idea de adónde te va a llevar».