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El presidente de Vox, Santiago Abascal, en un acto de la formación en el Parador de GredosEFE/ Raúl Sanchidrián

¿Cambio de estrategia?

Por qué Vox salió de los gobiernos y ahora quiere volver a ellos

  • Abascal quiere garantías de cumplimiento y apunta que la principal, una vez acordado un programa, es que sea Vox el que se encargue de que se cumplan esos puntos

  • Tras las elecciones extremeñas Guardiola puso sobre la mesa la oferta de entrar en el Gobierno y Vox recogió el guante, apuntando a consejerías y presupuestos para cambiar y aplicar políticas

Pocas dudas dejó Santiago Abascal en la noche electoral cuando después de conocer los resultados garantizó que las regiones donde se han celebrado elecciones estos meses atrás tendrán cambio de rumbo, que es lo que le vienen reclamando al PP. Y si quedaba alguna, las disipó todas este lunes cuando desde su sede de Bambú trasladó que habrá gobiernos de coalición, eso sí, si ambos partidos son capaces de ponerse de acuerdo en ese cambio de rumbo, materializado en un programa de gobierno.

«El señor Feijóo se ha hartado de decir desde hace varios meses que Vox no quiere gobernar, que Vox no quiere asumir el desgaste de los gobiernos, que Vox no tiene el valor para gobernar, que Vox sale corriendo… Y yo tengo que decirle al señor Feijóo que no se preocupe, que sí, que vamos a gobernar, en las tres regiones», en Extremadura, Aragón y Castilla y León, afirmó ante la prensa.

Pero quiso dejar claro que antes de afrontar esta cuestión, ese futuro Gobierno de coalición y los cargos en él, quieren una negociación seria, «medida a medida», con garantías y plazos de cumplimiento. Cuando se le preguntó si van a entrar en esos ejecutivos, fue claro: «Si hay un acuerdo programático de gobierno medida a medida, sí; si no lo hay, no».

¿Por qué salió de los gobiernos en 2024 y ahora su intención es volver a ellos? ¿Ha cambiado Vox de estrategia? Son algunas preguntas que surgen en estos momentos. La formación conservadora abandonó el poder autonómico –en concreto cuatro vicepresidencias y once consejerías en cinco regiones– en julio de hace dos años, el mismo día en que los barones del PP acordaron con el Gobierno el reparto de más de 300 menores inmigrantes, según Vox, por orden de Feijóo. Ya lo había avisado, pero muchos pensaron que no iba en serio. Abascal dijo entonces que era imposible pactar «con el que no quiere hacerlo», con el que pretendía «imponer» a su partido unas políticas de fronteras abiertas.

Con ese golpe en la mesa buscaban mostrar que Vox no tiene ningún «apego a los sillones», solo a sus principios, así lo defendió el partido, y en ello ha incidido estos meses, queriendo poner el foco en que ninguna fuerza política antes en democracia había renunciado al poder para no traicionar su ideario. Tras esta decisión la formación experimentó una notable subida en todos los sondeos, que desde entonces le han augurado buenos resultados, situándole en muchos casos como la única en crecimiento. Luego esta tendencia al alza ha dejado de ser un mero pronóstico para materializarse en las urnas en los tres últimos comicios.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, junto al candidato, Carlos Pollán

El presidente de Vox, Santiago Abascal, junto al candidato, Carlos PollánEuropa Press

Entonces, cuando accedieron por primera vez al poder territorial, su representación parlamentaria era proporcionalmente mucho más pequeña que la del PP. Ahora Vox, con el doble de escaños en Extremadura (pasó de 5 a 11) y en Aragón (de 7 a 14), y los 14 procuradores que se ha granjeado en Castilla y León, se ha encontrado con un escenario que le obliga, de nuevo, a decidir entre continuar en la oposición, que supone estar en una situación más cómoda porque no le pasaría factura la gestión, o pactar, bien un apoyo externo (la fórmula de Valencia), bien entrar en los gobiernos. Una tercera opción sería la de no apoyar al ganador, que, salvo un acuerdo con los socialistas, llevaría a elecciones de nuevo, algo que Abascal ya trasladó ayer que cree que sería una irresponsabilidad.

Las tres entrañan sus riesgos. Pero han elegido: quieren gobernar. Máxime porque creen que la principal garantía de que lo que se acuerde se va a cumplir quizá es que Vox sea el encargado de que se lleve a cabo. No es algo que hayan decidido ahora fruto de los resultados de este domingo, que algunas voces interpretan como un toque de atención por no desbloquear el Gobierno de Extremadura tras su no a la investidura de María Guardiola. Así lo apuntaban desde Génova este 15-M.

Lo cierto es que ya en enero Vox expresó públicamente su deseo de gobernar. Guardiola puso sobre la mesa la oferta, los de Abascal recogieron el guante y plantearon entrar con una vicepresidencia y varias consejerías. «Hay que estar en el Gobierno para garantizar que se producen los cambios que nosotros queremos», ya sostuvo entonces el líder de Vox. Siguieron días de cruce de reproches y dos campañas electorales en medio que dificultaron las conversaciones entre Génova y Bambú y una lucha de relatos sobre quién estaba impidiendo esos acuerdos. El PP les acusa de unirse al PSOE para «bloquear» los gobiernos; Vox, de poner «zancadillas», como así interpretaron por ejemplo el documento marco de Feijóo, según apunta un dirigente nacional.

«Hay que estar en el Gobierno para garantizar que se producen los cambios que nosotros queremos», advirtió Abascal en enero

En el corto plazo tienen por delante las elecciones en Andalucía, donde de nuevo Vox tiene expectativas de crecimiento y su margen de actuación dependerá de si Juanma Moreno resiste con mayoría absoluta o la pierde. Los plazos en Extremadura y en Aragón terminan antes de esta cita: a principios de mayo todo tiene que estar resuelto en ambas.

Pero al margen de cada proceso electoral, en lo que lo enmarcan todas las formaciones es un contexto electoral para unas generales que como tarde se celebrarían a finales de 2027. Con un Gobierno, el de Pedro Sánchez, cada mes que pasa más cercado por la corrupción y los escándalos y un PSOE a la baja que ahora ha tomado un respiro a costa de los partidos a su izquierda.

Estos comicios regionales se están interpretando en clave nacional, reflejando un panorama que podría ser el que quede en poco más de un año, y que es, por otra parte, el que pronostican los sondeos desde hace meses: la suma de PP y Vox tiene la mayoría suficiente para gobernar. ¿Pueden hacerlo juntos? ¿Sobre la base de qué programa? Surge en su electorado la pregunta sobre si podrán pactar o habrá un bloqueo si se cumplen esos pronósticos. Es aquí donde el partido de Abascal, que viene poniendo en cuestión la bandera de la gestión que levanta el PP, quiere erigirse como un partido de gobierno, que condiciona y exige para cambiar políticas que considera erróneas y que no es una mera «muleta» de los populares obligada a dar sus votos. Lo que será determinante es la proporción con la que llegue cada uno a esa eventual suma.

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