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Pablo zuazo

Yo trabajé en Tizona Comunicación

directivos y redactores estábamos aprendiendo a la vez y eso se notaba. Como organización imperfecta y joven, allí cometimos errores de los que ya nunca repites. También logramos o fuimos testigos de aciertos estratégicos y épicos

Si en las próximas líneas me dedicara a contar trapos sucios, negocios e insidias sobre Vox y sobre quienes fueron mis jefes en la agencia de comunicación Tizona, no duden que las principales cabeceras y televisiones españolas me ofrecerían cuatro columnas de entrevista o veinte minutos en sus mejores programas para levantar la alfombra.

Por eso agradezco a esta cabecera que me publique. Porque no voy a lanzar ningún fuego artificial ni difamación, ya tenemos bastante con las que ocupan páginas y minutos de radio y televisión que deberían estar hablando de vivienda, inseguridad o corrupción. Lo que voy a hacer es defender la verdad de lo que viví, respondiendo a quienes pretenden tirar por tierra aquel trabajo.

Para empezar, recordemos el contexto político de 2019. ¿En qué agencia mainstream pretendían que confiara un Vox apestado y silenciado para reforzar sus equipos de comunicación? ¿En Acento? Los frutos de aquella elección, como de muchos otros aciertos, se han visto solidez e innovación comunicativa, pero sobre todo en su crecimiento, que contrasta con la situación en la que han acabado los otros dos partidos de la «nueva política».

Tizona Comunicación entró como una herramienta de profesionalización y apoyo para el heroico equipo de comunicación con el que ya contaba Vox. También para ayudar en la visión estratégica de una organización que afrontaba un punto de inflexión crucial para su crecimiento e institucionalización.

Para ello, la empresa confió en expertos ya contrastados, pero también en jóvenes curritos. Allí estaba yo en marzo de 2019, delante de mi primera oferta de contrato indefinido después de haber encadenado varias becas en medios como buen joven periodista. Durante muchos meses de campañas encadenadas, los trabajadores de la agencia nos dejamos la piel en jornadas maratonianas, le echamos horas, fines de semana y agostos para estar a la altura del reto que se presentaba.

No éramos ni mejores ni peores que nadie. Bueno, sí: fuimos mejores que la mayoría del sector con la mitad de recursos. Pero sobre todo tuvimos el honor de trabajar al servicio de lo que era, y es hoy más que nunca, un medio para cambiar España y devolver la ilusión a los miles de compatriotas que, durante años, se habían sentido huérfanos políticamente. Huérfanos de verdad, de los que les duele España y sufren por sus hijos o al proyectar sus futuras familias.

En Tizona, directivos y redactores estábamos aprendiendo a la vez y eso se notaba. Como organización imperfecta y joven, allí cometimos errores de los que ya nunca repites. También logramos, o fuimos testigos, de aciertos estratégicos y épicos.

Hoy, algunos de esos grandes trabajadores a los que hoy reivindico han emprendido otros caminos fuera de la comunicación política. Otros «pasamos a cliente» por convicción, pero también gracias a los mecanismos de atracción y retención de talento que nos han impulsado a crecer personal y profesionalmente en Vox, y a mucha honra. Esos mecanismos que, aunque pretendan negarlos, estaban y están.

Hoy, rompo una lanza en su favor y, desde el agradecimiento, reivindico a cada uno de los que allí se dejaron la piel.

Pablo Zuazo es coordinador de la delegación de Vox en el Parlamento Europeo.
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