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Llegada de Pedro Sánchez

Llegada de Pedro Sánchez en solitario a la cumbre de la OTAN celebrada el pasado verano

Sánchez se esfuerza en su empeño por aislarse del resto de los países de la UE

Solo las iniciativas propias que suponga un aumento de la recaudación estatal cuentan con el respaldo de España

Si uno camina por los pasillos del Parlamento Europeo y pregunta «¿Qué sabes de Pedro Sánchez?», la respuesta más frecuente es «¿Quién»? El presidente del Gobierno español no se encuentra entre los más conocidos en las instituciones europeas a pesar de que España es la cuarta potencia económica de la Unión Europea y Sánchez es ya de los presidentes de Gobierno más longevos de los Veintisiete.

En el seno de Europa, España no deja de ser uno de los Veintisiete países que conforman la Unión Europea. Y no les falta cierta razón. Nuestro país es «uno más» dentro del conglomerado europeo, aunque con cierto peso económico y poblacional. Y los cargos son, si cabe, menos conocidos. Un presidente de Gobierno no deja de ser un trabajo temporal. España como país siempre está, y estará, ahí.

Pero es que, además, España cuenta en la actualidad con un presidente de Gobierno, que, además de ser uno más entre Veintisiete, se empeña en aislarse del resto, como si quisiera llamar la atención por ser «el ausente», como le califican algunas voces dentro de las instituciones europeas. Otras, según desveló el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, el pasado 25 de marzo, le llegan a calificar como «el traidor de Europa».

El caso más flagrante se observa en el manifiesto firmado el pasado día 19 por seis países entre los que se encontraban cuatro de las cinco primeras potencias europeas, además de Reino Unido y Japón, en el que, además de condenar los bombardeos de Irán contra sus países vecinos, abogaba, y se ponían a disposición para abrir el estrecho de Ormuz, cuello marítimo fundamental en la geoestrategia mundial por el que pasa el 20 % del petróleo y el gas del planeta.

Aquel día, España quedó bastante en evidencia ya que el manifiesto estaba firmado por las tres primeras potencias europeas y por la quinta. Ni rastro de la cuarta. Y la declaración se publicó en plena celebración del Consejo Europeo, donde estaban reunidos todos los presidentes y jefes del Gobierno de la Unió Europea, incluidos los firmantes.

En alguna ocasión, como ocurrió en la reunión de los 'Voluntarios por Ucrania' donde se decidió la formación de una fuerza internacional cuando se produjera el alto el fuego frente a Rusia, Sánchez se adhirió a posteriori. Tarde, pero se adhirió. En otras, como en la reunión que, a iniciativa de Italia y Alemania, tuvo lugar en febrero previa a la cumbre informal de presidentes europeos tuvo lugar en el castillo belga de Alden Biesen, Sánchez se quejó de que lo dejaran aislado.

Ahora ya ni lo intenta. Dos semanas después del manifiesto para la apertura del estrecho de Ormuz, ya eran 27 países de todo el mundo. España ni estaba ni se le esperaba. De ahí que el pasado jueves, el primer ministro británico, Keir Starmer, convocara una reunión telemática de los 40 países que ya se habían sumado al manifiesto. En esos mismos momentos, mientras casi todos los países de la Unión Europea trataban de buscar una solución a la crisis energética, Sánchez disfrutaba de una placenteras vacaciones de Semana Santa.

En Europa llama la atención de la actitud del presidente del Gobierno español porque el texto acordado el pasado 19 de marzo no dice nada que no pudiera decir cualquier país, incluso uno como España que se empeña en enfrentarse a Estados Unidos por encima de cualquier otro interés de toda índole. «Expresamos nuestra disposición a contribuir a los esfuerzos adecuados para garantizar el paso seguro por el estrecho (de Ormuz)», es lo más «bélico» que dice el documento.

Para lo queno hubo reparos en interrumpir las vacaciones fue para que el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, firmara otro manifiesto junto con Alemania, Austria, Italia y Portugal que se envió a la Comisión Europea para que se mantenga el impuesto a las energéticas que están ganando dinero con la subida de los precios.

Una petición muy similar a la firmada el pasado 12 de marzo, y a iniciativa de la propia España, en la que pedía que se mantuvieran las subastas de emisiones de CO2 que aumenta la recaudación de los países.

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