La joven catalana Noelia Castillo, en la entrevista concedida al programa 'Y ahora Sonsoles'
Eutanasia
De Noelia a Francesc: la fiscalía del Supremo avala que los familiares directos intenten frenar una eutanasia
El Tribunal Supremo sentará jurisprudencia en mayo
El caso de Noelia Castillo ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la legitimidad de los familiares de las personas que piden una eutanasia para intentar salvar su vida y frenar el proceso. El Tribunal Supremo (TS) tiene en marcha un proceso para dirimir quién tiene esta capacidad, en base a otro caso también de ámbito catalán: el de Francesc, un hombre de 55 años que pidió la eutanasia hace un año y medio.
Francesc, que tiene una discapacidad del 75%, pidió la muerte asistida tras sufrir dos infartos y cuatro ictus. Sin embargo, su padre –de 93 años y con quien convive– acudió a los tribunales para intentar salvar la vida de su hijo. En abril de 2025, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) legitimó la actuación del padre, y reconoció que en este tipo de casos los progenitores «pueden tener un interés legítimo, aunque no sean titulares de este derecho a la vida ajena».
La Generalitat de Cataluña recurrió entonces ante el TS, y está previsto que los magistrados de la Sala Tercera se pronuncien en mayo. Esta semana, no obstante, se ha conocido el posicionamiento de la Fiscalía del Tribunal Supremo, que ha pedido al alto tribunal que rechace el recurso de la Generalitat, ya que consideran que los padres, la pareja o los familiares tienen la legitimidad de intentar frenar una eutanasia siempre y cuando haya un «vínculo afectivo vigente» con la persona afectada.
Según fuentes judiciales recogidas por El Español y El Periódico, el ministerio público considera que terceras personas que acrediten un fuerte vínculo con la persona solicitante de la muerte asistida deben poder contar con legitimación para recurrir la autorización de eutanasia, para intentar que sea paralizada y, en su caso, revocada.
En las próximas semanas se conocerá el caso de Francesc, que sentará jurisprudencia y establecerá para todos los tribunales quién puede oponerse a una eutanasia ya concedida, algo que se aplicaba al caso de Noelia –cuyo padre luchó durante casi dos años por salvar su vida– y también al de Francesc.