La madre del joven Lukas Agirre en el homenaje a su hijo en una foto de archivo.
Dos navajazos en el cuello
Ertzainas concluyen que la muerte de Lukas Agirre fue un «degollamiento» y que veían «todas las capas» del cuerpo
Durante una pelea en la mañana de Navidad de 2022, uno de los involucrados sacó una navaja provocando «lesiones incompatibles con la vida»
El acusado del homicidio habría confesado en el calabozo
Dos agentes de la Ertzaintza que acudieron a la plaza Oquendo de San Sebastián después de que el joven oriundo de Hernani de 24 años Lukas Agirre recibiera dos navajazos mortales en las primeras horas de la mañana del día de Navidad de 2022, tras pasar una noche de fiesta con sus amigos en una discoteca, han explicado que el corte que presentaba la víctima en el cuello era «como un degollamiento» y se le veían «todas las capas del cuerpo humano». «Tenía el cuello abierto y se le veía toda la garganta», ha precisado uno de los agentes. En la tercera jornada del juicio que por estos hechos se desarrolla en la Sección Primera de la Audiencia de Guipúzcoa contra tres jóvenes, dos hombres, acusados de ser autor material y colaborador necesario de la muerte de Agirre, y una mujer acusada de encubrirles, han comparecido como testigos siete agentes de la Ertzaintza.
Juicio por la muerte de Lukas Agirre.
Varios de ellos han relatado que el acusado principal confesó en los calabozos a otro agente, que se da la circunstancia está inhabilitado tras haber sido condenado por prometer ayuda a detenidos a cambio de drogas, que «se le había ido la olla y había matado a alguien» y que el otro arrestado «sabría decir dónde había tirado el arma». Al parecer, después este requirió al mismo agente, jefe de servicio, para decirle que habían tirado la navaja «en un contenedor de obra en la calle Idiaquez», donde posteriormente fue localizada. Los agentes también han explicado que cerca del domicilio del acusado principal, en un contenedor, se encontraron dos zapatillas, una de este, y la otra la que le habría dejado el segundo acusado. Sin embargo, no consiguieron localizar la ropa que llevaba el día de los hechos.
Otro agente ha indicado también que se analizó el dispositivo telemático Cometa, usado para controlar el cumplimiento de las órdenes de alejamiento en casos de violencia de género, que llevaba el principal acusado, lo que permitió conocer que se desplazó desde la plaza Oquendo hasta su domicilio y, una vez allí, bajó hasta en cuatro ocasiones a la calle, tanto a un contenedor próximo, como a otro un poco más alejado, y la casa de la acusada, para posteriormente acudir a comisaría pasando antes de nuevo por el lugar donde tuvo lugar la agresión a Agirre.
Otro agente ha apuntado también que el acusado principal le pidió que le sacara fotos de las manos porque «había tenido una pelea y tenía los nudillos magullados». Además, ha indicado que, tras su detención, se encontraba «en estado de abatimiento propio de una persona que tras reflexionar varias horas en el calabozo se da cuenta de lo que ha hecho».
Los agentes también han explicado que varios testigos les trasladaron en la plaza Oquendo la descripción de dos de los tres acusados, «llamativa para las siete de la mañana», en concreto que la mujer llevaba un vestido rojo y botas, y uno de los varones una cazadora con una calavera en la espalda, lo que facilitó localizarlos posteriormente en la calle Fuenterrabía, donde estos dos fueron detenidos, mientras que del tercero directamente salió su nombre entre los presentes en el momento de la agresión.
Otro ertzaina ha relatado también que, después del cierre de la discoteca, en las cámaras de seguridad de un hotel próximo se ve «una pelea entre dos grupos diferentes», uno con tres hombres y una mujer, presuntamente los acusados, y otro con seis hombres y cuatro mujeres, el de los amigos de la víctima, pero «la pelea solo fue entre hombres y no todos participaron», como sería el caso de Lukas Agirre.
A ello han añadido que uno de los acusados, el presunto propietario de la navaja y por tanto considerado colaborador, se metió «hasta en cuatro ocasiones» la mano en un bolsillo interno de la cazadora, donde al parecer llevaría el arma, «en gesto intimidante» y, posteriormente, para presumiblemente dársela al acusado principal.
También han señalado que los propietarios de la discoteca les trasladaron que los acusados «habían provocado algún problema» dentro del establecimiento, aunque no hay imágenes porque el sistema de videovigilancia «estaba estropeado». Por otro lado, han apuntado que de las cámaras de vigilancia del edificio de Hacienda en la calle Oquendo se desprende que los tres acusados abandonaron el lugar «corriendo» hacia la calle camino, el acusado principal por delante, el otro por detrás, y en último lugar la acusada.
En cuanto a la inspección ocular del lugar de los hechos, un ertzaina ha detallado que se encontraron 21 evidencias, entre ellas una zapatilla, pareja de una de las que se encontró en el contenedor próximo a la casa del acusado principal, un mechero, un manojo de llaves y la cartera y el teléfono móvil del otro acusado, que tenía «manchas de sangre» en el bolsillo de pantalón, y que luego se comprobó eran de la víctima. Respecto a las heridas que presentaba Agirre, uno de los agentes ha señalado que además del corte en el costado izquierdo, presentaba otro que «le rebanaba prácticamente todo el cuello» y que una de sus amigas intentó «taponar con una cazadora» sin recibir «contestación, ni respuesta fisiológica» de la víctima.
A esta joven le relevó una de las primeras agentes en llegar a la zona, «unos segundos» después del aviso, que ha señalado que «la gente estaba desesperada» y les pedían «que hicieran algo» con Agirre que presentaba «un corte muy profundo en el cuello» en el que se podían ver «todas las capas que tiene el cuerpo humano». Además, ha indicado que enseguida comprobó que la víctima, que según otro agente presentaba «lesiones incompatibles con la vida», no tenía pulso. Por parte de la defensa de uno de los acusados se ha preguntado a los agentes por qué no se llamó a su abogada de oficio para tomarle declaración después de que supuestamente requiriera a uno de los agentes en el calabozo, al que el principal acusado habría confesado haber matado a Lukas Agirre, para tomarle declaración, y también por qué no aparece en la documentación interna de la Ertzaintza los accesos del jefe de servicio de aquel día 25 al calabozo para hablar con su representado y con el otro acusado.
La Fiscalía reclama para los dos varones 22 años de cárcel, mientras que las acusaciones particulares elevan la petición a 25 años. Para la mujer, el Ministerio Fiscal solicita tres años de prisión y las acusaciones particulares dos. En la fecha de los hechos los acusados tenían 24, 26 y 28 años.