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La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz (c), acompañada de los ministros Pablo Bustinduy (i), Ernest Urtasun y Mónica García (d) y la portavoz parlamentaria de Sumar, Verónica Martínez. Al fondo, la exsecretaria de organización Lara Hernández

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz (c), acompañada de los ministros Ernest Urtasun y Mónica García (d) y la portavoz parlamentaria de Sumar, Verónica Martínez. Al fondo, la exsecretaria de organización Lara HernándezEFE

El desguace de la extrema izquierda: Sumar se desangra entre escándalos y batallas domésticas

La salida de Lara Hernández culmina meses de dimisiones, rupturas internas y enfrentamientos con Podemos y Compromís que han erosionado el proyecto de Yolanda Díaz

Corren tiempos difíciles para la izquierda. Por un lado, un PSOE debilitado y desbordado por los golpes judiciales diarios —encarcelación de un exministro mediante—. A su izquierda, Podemos no se contempla como alternativa o así lo muestra su continua salida de los parlamentos autonómicos, y la macrocoalición de Sumar se desintegra desde dentro. Y, mientras, el futuro de una opción unitaria cada vez se aleja más.

Las caras de los escaños del Congreso han variado desde entonces: el estallido del caso Errejón y la denuncia por un presunto abuso sexual contra el exportavoz supuso un grave golpe reputacional para el espacio. A ello se sumó el goteo de salidas y los distanciamientos de figuras como Elizabeth Duval, la exeurodiputada María Eugenia Rodríguez Palop o el exsecretario de Comunicación David Comas. A esto hay que agregar el anuncio de la vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en el que renunciaba a volver a ser la referente de la coalición, así como el del co-coordinador del grupo, Carlos Martín.

Una denuncia por acoso laboral

Todo ello situó a una Lara Hernández que ahora se ha visto, apunta ella misma, «desprestigiada» por los suyos por el presunto caso de acoso laboral denunciado por varios trabajadores, un episodio que también provocó la dimisión de la exsecretaria de Organización Laura Moreno. En el discurso en el que anunciaba su decisión, Hernández mencionaba que se habían vertido una serie de «mentiras, calumnias e injurias» por las que se reservaba su derecho a emprender acciones legales. Seis dirigentes de Sumar denunciaron comportamientos supuestamente vejatorios por la propia Hernández a cinco empleados, quienes pidieron archivar la causa.

La portavoz de Sumar en el Congreso, Verónica Martínez Barbero; el ministro de Cultura Ernest Urtasun

La portavoz de Sumar en el Congreso, Verónica Martínez Barbero; el ministro de Cultura Ernest UrtasunEuropa Press

De esta forma, queda fuera de la reorganización de la extrema izquierda y deja la vía libre a la única candidatura que concurrirá a su asamblea del próximo 11 de julio y que, salvo sorpresa, asumirá la dirección del partido: 'Sumar para gobernar'. Encabezada por la portavoz en el Congreso de los Diputados Verónica Martínez y la secretaria de Estado de Derechos Sociales Rosa Martínez, la lista incorpora al ministro de Cultura, Ernest Urtasun, y certifica un profundo relevo en la cúpula del partido al dejar fuera a buena parte del entorno de la ya excoordinadora.

La nueva dirección, en la que tampoco figura Díaz —como era esperado—, busca proyectar una imagen de renovación que, sin embargo, nace todavía bajo la sombra de la crisis interna. Mientras Martínez defendía este jueves que la candidatura «integra a toda la organización» y que Sumar «no ha dejado de crecer» desde su nacimiento, Hernández abandonaba la formación denunciando la existencia de un «ambiente tóxico» y una campaña de «mentiras, calumnias e injurias» contra su persona.

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz (d), el ministro de Cultura, Ernest Urtasun (c), y la coordinadora general de Sumar, Lara Hernández

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz (d), el ministro de Cultura, Ernest Urtasun (c), y la coordinadora general de Sumar, Lara HernándezEuropa Press

Tensiones con Podemos desde sus inicios

La dimisión de Hernández es solo una pieza más de un declive que comenzó en los albores de la presente legislatura. El primer desencuentro de todos fue con Podemos, con quienes ha mantenid enfrentamientos constantes y de diversa índole incluso antes de las anteriores elecciones generales.

Desde que comenzó a gestarse Movimiento Sumar, Podemos quedó relegado a un segundo plano. Yolanda Díaz —señalada por Pablo Iglesias como candidata— no invitó ni a Ione Belarra ni a Irene Montero en el «comienzo de algo maravilloso». Del mismo modo, la segunda quedaba vetada por la primera y su presencia en las listas quedaba completamente diluida en la marca electoral. Tampoco ninguno de los cinco ministros pertenecía al partido morado. Dos semanas después de la investidura de Sánchez y, tras acusar al PSOE de que las habían «echado», abandonaron Sumar para integrarse en el grupo mixto.

Desde entonces, Podemos solo ha acumulado desprecios hacia su antigua coalición y su líder: por un lado Belarra les acusaba de ser una «izquierda servil al régimen» y de ser «cómodos» para el PSOE, mientras que Montero daba a Movimiento Sumar por «muerto políticamente» y lo describía como una fórmula «perdedora y en descomposición». Con el paso de los meses, las respuestas dadas han sido variadas. Díaz aseveró que «la gente quiere que caminemos juntas» y Mónica García replicó reconociendo que estaba «harta» de lecciones de fuerza y que les digan lo que tienen que hacer.

En busca de la autonomía

A las sucesivas salidas de dirigentes y a los desencuentros con Podemos se sumó un proceso de desgaste entre las propias organizaciones que integran la coalición. Lo que nació como una plataforma destinada a aglutinar a la izquierda alternativa al PSOE fue dando paso, con el avance de la legislatura, a un cúmulo de partidos cada vez más preocupados por conservar su autonomía. La ausencia de un liderazgo consolidado tras el paso atrás de Yolanda Díaz no hizo sino acelerar esta dinámica, que cristalizó con la rebeldía de los dos diputados de Compromís.

Aunque como primera causa de los desencuentros citaban el dinero destinado al rearme, lo que removió las aguas fue que no se presionara a Sánchez para una comparecencia en la comisión parlamentaria por la tragedia de la dana. Los dos escaños del partido valenciano reclamaban tener «plena autonomía» para evitar una ruptura que podría haber hundido la legislatura. De esta forma, planeaban desmarcarse de la coalición con su libertad de voto cuando lo considerasen oportuno. También reclamaban saltarse a Díaz para tener un diálogo directo con el Gobierno. La coalición, por su parte, tildaba estas exigencias de una búsqueda de ganar «focos» y les acusaba de aprovechar electoralmente las fatídicas inundaciones.

Hace apenas tres años, Sumar aspiraba a convertirse en el espacio capaz de reunir bajo un mismo paraguas a las distintas sensibilidades de la izquierda a la del PSOE. Hoy, las heridas abiertas entre sus aliados reflejan el desacuerdo con la dirección que ha tomado el proyecto durante la legislatura. Ese desgaste ha cristalizado en el progresivo repliegue territorial del resto de socios y que deja al espacio al borde de la irrelevancia.

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