Jaime Mayor Oreja, en la redacción de El Debate.
Entrevista
Jaime Mayor Oreja: «Si Sánchez ha contado con el apoyo de ETA, acabará apoyando un Gobierno de ETA en el País Vasco»
Con motivo del estreno de un documental sobre Miguel Ángel Blanco, quien fuera ministro del Interior habla con El Debate para discutir aquella tragedia, la actualidad de ETA y su posible futuro
Este viernes, Netflix estrenó Miguel Ángel Blanco; Las 48 horas que lo cambiaron todo, un documental de 93 minutos rodado por Jon Sistiaga y Juanjo López que narra, valiéndose de multitud de testimonios, cómo fueron las horas anteriores y posteriores al secuestro del joven concejal del Partido Popular cuya muerte supuso una gran movilización social contra la banda terrorista ETA.
Con motivo de esto, El Debate ha entrevistado a Jaime Mayor Oreja, quien en ese entonces –y también durante la liberación de José Antonio Ortega Lara– era el ministro del Interior, para que valore con la perspectiva del tiempo lo que fue ese secuestro y la posterior respuesta de la sociedad.
– Han pasado casi treinta años. Cuando piensa en Miguel Ángel Blanco, ¿qué es lo primero que le viene a la cabeza?
– La intensidad y la emoción de aquellos días. Veníamos de vivir la cara de la vida con la liberación, el 1 de julio, de José Antonio Ortega Lara. Aquello fue una enorme alegría, habíamos superado un secuestro y un chantaje al Estado.
Y apenas unos días después llegó el 10 de julio, llegó la cruz. Vivimos la angustia, la tristeza y el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Pero, tanto en una circunstancia como en la otra, comprobamos que se estaba produciendo una movilización social sin precedentes. Descubrimos que había una sociedad que quería movilizarse, que se había inmunizado frente a ETA y que, después de aquellos acontecimientos de julio de 1997, habría un antes y un después.
– ¿Vivió esas 48 horas con la esperanza real de encontrarle con vida?
– Reconozco que tenía muy pocas esperanzas. Cuando ETA anuncia el secuestro –que en realidad era un asesinato a cámara lenta– y da un ultimátum de 48 horas para cambiar la política penitenciaria, aquello no era una petición; era una vendetta, una venganza. Aun así, hicimos un enorme despliegue de la Guardia Civil, el Cuerpo Nacional de Policía y la Ertzaintza. Pero era como buscar una aguja en un pajar.
– ¿Cómo se vivieron esas horas dentro del Ministerio del Interior?
– Dentro y fuera del Ministerio. Nada más conocer la noticia tenía prevista una reunión con el exministro del Interior y de Justicia, Juan Alberto Belloch. Él mismo entendió que aquella reunión no debía celebrarse porque la situación era completamente distinta.
También tenía previsto un encuentro con la organización Gesto por la Paz, que evidentemente se suspendió. Desde allí salí inmediatamente hacia La Moncloa, porque el presidente convocó a todos los responsables de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para hacer una evaluación de la situación. Ya éramos conscientes de que aquello era un asesinato a cámara lenta, pero había que hacer todo lo posible para intentar salvarle y para que hubiera una reacción social.
– ¿ETA calculó mal la reacción de la sociedad española?
– ETA representa la peor expresión de la peor España. Es una organización cainita, heredera de la Guerra Civil; la única herencia directa de aquello. Su reacción respondía sobre todo a la ira y a la venganza. No sé si les sorprendió la respuesta de la sociedad, porque esa movilización ya había empezado a producirse tras la liberación de Ortega Lara. Es muy difícil ponerse en la cabeza de personas que representan esa realidad.
Jaime Mayor Oreja, durante su entrevista en la redacción de El Debate
– Con la perspectiva de todos estos años, ¿cree que España ha tratado bien a las víctimas del terrorismo?
– ETA nos recordó cuál era su naturaleza, pero los españoles también hemos demostrado que somos poco perseverantes. Los relatos se imponen cuando la verdad no está suficientemente defendida. Hoy el porcentaje de jóvenes que recuerdan quién fue Miguel Ángel Blanco es muy bajo. Y no hablo de hace siglos, hablo de nuestra memoria reciente. La sociedad vive con tranquilidad y tiende a alejarse de estas cuestiones, pero creo que tenemos la obligación de conocer bien nuestro pasado para impedir que se imponga otro relato, igual que en su día ocurrió con la llamada leyenda negra sobre España.
– ¿ETA perdió la batalla policial, pero está ganando ahora la batalla del relato, también con los pactos del Gobierno de Pedro Sánchez con EH Bildu?
– ETA es un proyecto político, social y cultural. Lo que ha ocurrido es que se le ha legitimado y blanqueado. Ha habido tres grandes procesos de negociación: el Pacto de Estella en 1998; los contactos entre Esquerra Republicana y ETA en Perpiñán; y posteriormente la negociación impulsada por José Luis Rodríguez Zapatero.
Cuando se negocia o se pacta con ETA, ETA no cambia su naturaleza. Quienes cambian son quienes pactan con ella. En mi opinión, ahí se ha producido una profunda transformación del socialismo, que hoy es uno de sus principales aliados políticos.
– En los últimos meses estamos viendo numerosas excarcelaciones y progresiones de grado de presos de ETA por parte del Gobierno vasco. Casos como los de Anboto o Txeroki. ¿Qué cree que puede sentir una víctima del terrorismo?
– Creo que lo más grave todavía está por llegar. Más allá de la profunda injusticia que supone ese proceso de excarcelaciones, la lógica de todo esto conduce a otra consecuencia. Si los gobiernos de Pedro Sánchez han contado con el apoyo de ETA –como yo sostengo–, en reciprocidad acabarán apoyando un Gobierno de ETA en el País Vasco y en Navarra. Eso será todavía más duro, porque veremos gobernar a quienes representan ese proyecto. Para mí no existe Bildu como realidad distinta; existe el proyecto político de ETA, legitimado y blanqueado durante años.
– De hecho, EH Bildu ya gobierna en Pamplona.
– Sí. ETA tiene una tendencia uniformadora. Antes incluso del franquismo, las ciudades vascas tenían identidades muy distintas: Bilbao era una cosa, San Sebastián otra, Vitoria otra. Hoy ese proyecto ha ido homogeneizando la realidad política del País Vasco y Navarra. Es una consecuencia del proceso de legitimación que ha vivido el nacionalismo radical.
Jaime Mayor Oreja, en la redacción de El Debate
– Si Miguel Ángel Blanco pudiera ver la España de 2026, ¿qué cree que le preocuparía más y qué le haría sentirse orgulloso?
– Yo creo que somos nosotros quienes debemos sentirnos orgullosos de Miguel Ángel Blanco. Él no sabía lo que le iba a ocurrir, pero ya había dado un paso de enorme valentía. En aquellos años, ser concejal del Partido Popular en Ermua significaba exponerse, dar un paso al frente. Nosotros somos quienes tenemos que estar agradecidos a Miguel Ángel Blanco. Y probablemente él pensaría hoy algo muy parecido a lo que estoy diciendo aquí.