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Pedro Sánchez durante la entrevista en TVEEl Debate

Sánchez proclama que el cambio es él tras ocho años gobernando en una entrevista mansa en TVE

El presidente dedica casi tanto tiempo a hablar de Ayuso como de Ceuta, deja varias preguntas sin responder, evita disculparse por la lista de periodistas de Interior y defiende a Zapatero

El «rechazo» que el propio Consejo de Informativos de TVE había mostrado a que la tradicional entrevista de inicio de curso a Pedro Sánchez se la hiciesen Jesús Cintora y Esther Palomera, en lugar de periodistas de informativos de la cadena, quedó justificado en varios momentos de la misma. Pero, sobre todo, en la pregunta con la que el presentador de Mañaneros 360º puso el cierre: «Presidente, ¿nos falta entender y compartir más el mundo de la cultura y odiar menos?». A lo que siguió una larga disertación de Sánchez sobre el odio que esparcen la derecha y la ultraderecha. Otra más, porque no paró de diseminar ese mensaje a lo largo de toda la entrevista. A propósito de la suspensión cautelar del derecho a voto para los nacionalizados con la ley de nietos, de Ceuta, de las elecciones en Sajonia… cualquier pregunta le valía para volver al trigo.

El paso del presidente por TVE se resume en que está convencido de que el cambio en España es él. Aun después de llevar ocho años gobernando y de que, como recordó, su Gobierno es el más longevo de los europeos. «La alternancia es positiva en democracia, sin duda alguna. Yo creo que el cambio se lo estamos dando nosotros (...). La clave es que, en la ecuación, Vox no implica una alternancia, sino un riesgo de involución», argumentó.

No dio por hecho que será candidato porque dijo que tiene que pasar un proceso de primarias, aunque afirmó encontrarse «con ganas, con fuerza». No desveló la fecha de las elecciones generales más allá de sostener la obviedad de que serán en 2027 y que las convocará «en el momento que más interese a los españoles».

Sí señaló, por el contrario, que el debate de totalidad de los Presupuestos Generales de 2027 será antes de que acabe el año. De ser cierto, que no tiene por qué serlo (todos los años anteriores de esta legislatura Sánchez prometió Presupuestos y nunca cumplió), ello redundaría en la teoría de generales en los primeros meses del año. Porque, como cuenta El Debate este miércoles, con la nula disposición actual de Junts a negociar las cuentas públicas y el resto de los socios de Sánchez pensando en las elecciones, el presidente sabe que si las lleva al Congreso, están abocadas a caer en el primer debate: el de las enmiendas a la totalidad. Y que a su vez ello le obligaría a disolver las Cortes y convocar elecciones.

Sánchez dedicó casi tiempo tiempo a la polémica en torno al ático adquirido por la Comunidad de Madrid y a pedir a Alberto Núñez Feijóo que eche a Isabel Díaz Ayuso que a Ceuta, y dejó varias preguntas sin responder. Incluso algunas a favor de obra, como cuando los entrevistadores le preguntaron dos veces si hay un «choque de poderes» con el Supremo en esta legislatura, a propósito de la ley de nietos o de la ley de amnistía, y él no quiso ir tan lejos y lo rebajó a «discrepancias en la lectura de algunas leyes». O cuando le preguntaron si la jueza que investiga la invasión, María Tardón, está trabajando en favor del PP, como ha llegado a sostener el ministro Óscar Puente.

No hizo nada de autocrítica con lo sucedido en Ceuta más allá de adelantar que habrá que invertir «mucho más» en el perímetro de la frontera y en «infraestructuras de acogida de mayor envergadura» en Ceuta. No respondió si teme que alguno de sus ministros acabe en el banquillo del Supremo por desoír los avisos. No concretó cuándo viajará el Rey a la ciudad autónoma, más allá de escabullirse con un «en fechas próximas». No quiso disculparse por el listado de periodistas elaborado por el Ministerio del Interior, que calificó de «muy poco apropiado» pero a su vez rebajó a «documento interno de trabajo». Y tampoco adelantó si dimitirá si el PSOE es imputado por financiación irregular.

Sí fue contundente en tres aspectos: en negar la financiación irregular en su partido, del que dijo que ha hecho un «striptease» de sus cuentas como ninguno otro. En reiterar la inocencia de su hermano y su mujer, de quien consideró que «no se le ha hecho justicia en todo este proceso». Y también en negar estar siendo chantajeado, así como que hubiera alguna advertencia de lo que se cernía sobre Ceuta: «Sin desmerecer su profesionalidad, no se previó en absoluto una llegada de tantos migrantes», aseguró, en alusión a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

El presidente defendió la presunción de inocencia para José Luis Rodríguez, que está imputado en el caso Plus Ultra y que aún no ha podido demostrar el origen de las joyas halladas en su despacho, y en cambio dio por hecho que el «aticazo» era para Ayuso. «Yo no he estudiado criminología, no soy un detective, pero me baso en hechos». Los hechos son, según él, que Alberto López Amador pusiera los dos pisos en venta en idealista, que Feijóo dijera que sabía algo del traslado temporal de oficinas desde marzo y que la presidenta regional visitase el inmueble tras su adquisición. «Demasiadas huellas. A la señora Ayuso se le pilló con el carrito del helado», sentenció.

Y terminó por donde empezó: «Hay una amenaza real que es la ultraderecha para la democracia».