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La «normalidad» de las mujeres ceutíes: «No te puedes vestir como quieres; por la noche tenemos un autoconfinamiento»

La «normalidad» de las mujeres ceutíes: «No te puedes vestir como quieres; por la noche tenemos un autoconfinamiento»

La 'normalidad' de las mujeres ceutíes: «No te puedes vestir como quieres; por la noche tenemos un autoconfinamiento»

Sus rutinas han cambiado, muchas llevan spray pimienta en su bolso y vuelven su mirada hacia atrás cuando caminan por la calle. Esta es su realidad diaria tres meses después de la invasión

De la noche a la mañana su vida cambió por completo. 84.000 ceutíes se vieron de pronto invadidos por, al menos, 80.000 personas (algunos estiman que fueron 100.000) en una avalancha migratoria sin precedentes los días 30 y 31 de julio. Al caos inicial le siguieron la instalación del miedo, especialmente entre las mujeres, los niños y los mayores, y los cambios de rutina obligados en una ciudad hasta ese momento tranquila y segura.

Desde hace tres meses la sensación que predomina entre los vecinos de Ceuta es la de abandono y la pregunta que muchos se hacen es «dónde están nuestros derechos», que fue una de las frases que corearon ayer los miles de ceutíes que se concentraron en Madrid y fueron respaldados por una multitud acudiendo a la llamada de Mujeres Caballas, un grupo de mujeres que quiso plantarse en la capital para lanzar un grito de auxilio y exigir una vuelta a la normalidad. Para ello movilizaron más de una decena de autobuses y viajaron durante toda la noche, primero en barco, después en un autocar, para estar aquí a primera hora.

Porque al principio lo que allí ocurría copaba muchas portadas y ocupaba titulares, pero hoy, 88 días después, el foco ha dejado de estar en muchas ocasiones en esta ciudad española al otro lado del Estrecho. Y sin embargo, la ciudad «está peor». «Es un avispero. Los mueven (a los que entraron ilegalmente) de un sitio a otro y no sale la verdad», denuncia una mujer que habla con El Debate visiblemente emocionada, con lágrimas en los ojos, y abrumada por el apoyo que han sentido en esta marcha: «Nos da un chute de energía de saber que no estamos solos».

Cuando este periódico le pregunta cómo es el día a día allí, cómo lo está viviendo ella, no puede ni poner palabras: «¿Qué te digo? No se puede vivir tranquila, tenemos que salir con spray pimienta, tenemos que mirar atrás. Los niños no pueden salir solos». Cuenta que su hijo, de 18 años, no puede ir solo al instituto. «Son muchas cosas. No tenemos la libertad que teníamos antes», asegura. Su respuesta a la pregunta de si se sienten abandonados por las instituciones es rotunda: «Totalmente». «No tenemos ninguna respuesta, y a eso venimos, a ver si hacen algo de verdad».

Miles de personas se concentran en Madrid para reclamar "seguridad, libertad y futuro" para Ceuta

Miles de personas se concentran en Madrid para reclamar «seguridad, libertad y futuro» para CeutaEFE / Sergio Pérez

No es la única que alude al spray en el bolso. Como vienen denunciando, es lo habitual ahora allí. «Es 'normalidad', cuando nunca lo hemos hecho en Ceuta. Siempre mirando hacia atrás. Y en el momento en que llegamos a casa, como que respiramos», explica otra mujer que también viajó ayer en uno de estos autobuses y regresaba a Ceuta esta misma madrugada. Asegura que no hay normalidad. Ella se levanta a las 7:00 para ir a trabajar, vive en la periferia, «donde está todo lo peor», y asiste cada día a esa sensación de inseguridad. «Nosotras, mujeres trabajadoras, tenemos que salir día a día con ese miedo». Recalca que Ceuta es la puerta de Europa y lo que ocurre en esta ciudad subirá a la península, «y lo queremos evitar a toda costa». De ahí su presencia en Madrid para alzar la voz: «Queremos nuestra normalidad de siempre, es lo único que pedimos».

La sensación que tienen es que la situación no avanza, que están estancados. Es lo que denuncia una de las impulsoras de esta marcha ciudadana, Maxi Lacasa, que subraya que todavía quedan por las calles unas 15-20.000 personas que entraron ilegalmente. Antes muchos estaban en los asentamientos, pero ahora «el problema se ha dispersado de tal manera que el grado de inseguridad que sentimos es mayor todavía», recalca, al tiempo que se pregunta qué está pasando para que no se haya producido ninguna devolución por procedimiento ordinario.

«Ha cambiado todo. Nuestras rutinas las hemos tenido que modificar adaptándolas a la situación actual. Y la situación actual es que no te puedes vestir como quieres, que no puedes ponerte oro a determinadas horas», explica a este periódico. En su caso, por ejemplo, ha tenido que dejar de llevar una medalla de su abuela porque el miedo a que te roben es real. Cuenta que algunas de estas personas que deambulan por las calles de Ceuta graban a las chicas que van con minifalda. «Es muy desagradable la situación». Ya no van a las playas, y las terrazas por la noche «se han acabado», con el efecto que eso tiene para la hostelería. «Por el día la gente sale menos, pero es que por la noche directamente tenemos un autoconfinamiento». Lamenta que el problema continúa, aunque esté eclipsado y apela a las instituciones: «Por favor, acuérdense de nosotros. Estamos aquí». Pero también se encuentra emocionada por el calor y el apoyo que han recibido en la capital ante la masiva respuesta a su llamada.

La concentración en Madrid fue convocada por Mujeres Caballas, un grupo de mujeres que quiso ir frente al Congreso para exigir recuperar su normalidad

La concentración en Madrid fue convocada por Mujeres Caballas, un grupo de mujeres que quiso ir frente al Congreso para exigir recuperar su normalidadEFE / Sergio Pérez

Las mujeres son unas de las más perjudicadas, pero también ha cambiado la realidad de los niños ceutíes, como la de muchas personas mayores que han dejado de salir por miedo o evitan ir por determinados sitios. El Debate habla con una mujer que ha viajado con su hijo en otro autobús desde Algeciras y que cuenta que él ha querido asistir a todas las manifestaciones que se vienen convocando. «Esta no se la quería perder, entre otras cosas porque también quiere volver a la normalidad, volver a utilizar los parques, sus zonas de ocio, ir a la playa...». Y es que incide, como otras personas que han contado su testimonio, en que el problema sencillamente «ha cambiado de sitio», pero sigue existiendo. Porque a los inmigrantes los han ido reubicando y hoy utilizan zonas comunes, entre ellas los parques infantiles, «duermen dentro de los toboganes». Madre e hijo se muestran conmovidos por el respaldo de españoles de todos lados, de Huelva a Asturias, este domingo en Madrid: «Ha sido espectacular».

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