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Cayetano González, en una imagen de archivo

Cayetano González, en una imagen de archivoMondelopress

Entrevista a Cayetano González, autor del libro 'La gran traición'

Cayetano González, escritor: «Sánchez ha despreciado a las víctimas de ETA con hechos concretos»

El periodista, exdirector de Comunicación del Ministerio del Interior con Jaime Mayor Oreja, publica La gran traición, un libro en el que denuncia la influencia política alcanzada por los herederos de ETA

Cayetano González Hermosilla vivió desde primera línea algunos de los episodios más duros de los años de plomo. Desde su puesto en Interior siguió la liberación de José Antonio Ortega Lara, después de 532 días de secuestro, y el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco en julio de 1997, dos acontecimientos que considera decisivos en la movilización social contra ETA. Casi tres décadas después, advierte de que el recuerdo de aquellos años se está debilitando y de que la evolución política del País Vasco y Navarra exige una reflexión sobre las responsabilidades de los partidos constitucionalistas y el lugar que ocupan las víctimas.

En La gran traición, el autor sostiene que EH Bildu ha aprovechado la normalización política de la izquierda abertzale para aumentar su influencia y plantea la posibilidad de que llegue a gobernar en el País Vasco y Navarra. En esta entrevista con El Debate, critica especialmente la actuación de Pedro Sánchez, al que acusa de haber blanqueado a los herederos políticos de ETA y de haber despreciado a las víctimas, y reclama que las nuevas generaciones conozcan lo ocurrido para evitar que se olviden las consecuencias del terrorismo.

– El título del libro es La gran traición. ¿Cree que se ha traicionado fundamentalmente a las víctimas del terrorismo o que esa traición afecta al conjunto de la sociedad española?

– Creo que a ambas partes, aunque, si hay que establecer un orden, primero a las víctimas del terrorismo. Ha habido una traición, sobre todo por parte de los dos presidentes socialistas que señalo en el libro, Zapatero y Sánchez. Del PNV era esperable su actitud durante tantos años en la lucha contra ETA. Otegi y Bildu lo que hacen es recoger para su provecho todas las nueces que han caído estos años, siguiendo aquella expresión de Arzallus de que unos mueven el árbol y otros recogen las nueces.

Pero tampoco quiero dejar al margen a la sociedad española, que se movilizó mucho en favor de las víctimas. Creo que hubo un antes y un después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, en julio de 1997. Lo viví desde el Ministerio del Interior, donde estaba en primera línea de los acontecimientos. La manifestación de Bilbao del 12 de julio, antes de que expirara el plazo que ETA había dado para matarlo o liberarlo, fue espectacular, y después hubo movilizaciones en toda España. A partir de entonces comenzó un declive de ETA que duró años, en parte porque la sociedad, especialmente la vasca, dijo que hasta ahí había llegado.

– Usted sostiene que estamos a las puertas de que los herederos políticos de ETA puedan gobernar en el País Vasco y Navarra. ¿Qué tendría que ocurrir para que ese escenario se materializara?

–Si Pedro Sánchez sigue al frente del PSOE como secretario general, aunque pierda las elecciones, no tengo ninguna duda de que apoyará la investidura de un lendakari de Bildu si esta formación queda por encima del PNV. Y en Navarra ocurriría lo mismo si el Partido Socialista de Navarra queda por detrás de Bildu.

Lo afirmo con esa contundencia porque, dentro del proyecto de Sánchez, que es continuación del que inició Zapatero, Bildu encaja mejor como socio que el PNV. Sánchez está más cómodo con Bildu en ese frente de fuerzas nacionalistas de izquierda que pretende construir. Se ha apoyado también en el PNV porque necesitaba sus votos, pero, puestos a elegir, creo que prefiere a Bildu.

– ¿El principal éxito de la izquierda abertzale ha sido alcanzar esa influencia institucional o conseguir que una parte de la sociedad deje de percibir su pasado vinculado a ETA como un obstáculo?

—Creo que es más lo segundo. Bildu tendrá que demostrar su capacidad para gestionar los asuntos públicos, pero ha habido un esfuerzo en el que han colaborado el PSOE, el PNV y la propia izquierda abertzale para pasar página y olvidar lo ocurrido. Y estamos hablando de algo muy reciente, no de finales del siglo XIX: han sido 853 españoles asesinados y muchas personas tuvieron que marcharse del País Vasco porque no soportaban el ambiente de violencia y presión, tanto de ETA como del nacionalismo obligatorio que ejercía el PNV.

Se ha sembrado un rechazo a todo lo que representa España que, a mi juicio, persiste. En el País Vasco se tardará mucho tiempo en normalizar la convivencia entre nacionalistas y quienes no lo son. María José Usandizaga lo resumió muy bien con una frase que recojo en el libro: «Antes nos mataban, ahora no nos dejan vivir». Hay personas que sienten que no pueden manifestar con libertad que son vascas y españolas, especialmente en determinadas localidades. Esa siembra de odio tardará generaciones en desaparecer.

– En el libro distingue entre los partidos que integran la coalición EH Bildu y atribuye a Sortu el verdadero control de la formación. ¿Por qué considera importante esa distinción?

– Porque EH Bildu es una coalición, no un partido único. Dentro están Eusko Alkartasuna, Alternatiba y Sortu. Los dos primeros son muy minoritarios y, por separado, no sacarían ni un diputado. Creo que nunca estuvieron a favor de la violencia cuando ETA mataba, aunque sus métodos para acabar con ella fueran discutibles. Al juntarse con Sortu, sin embargo, ponen en juego parte de la credibilidad que tuvieron en el rechazo a la violencia.

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Capilla ardiente instalada en el Ayuntamiento de Ermua el 13 de julio de1997 por Miguel Ángel Blanco, con el ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, y a la derecha Cayetano González

Sortu es el partido que tiene estructura, militantes y votantes, y es el que manda en esa coalición, que yo llamo una coalición pantalla para tapar sus vergüenzas. Es heredero de Batasuna y de las distintas marcas de ETA. Aunque sus estatutos recojan el rechazo a la violencia, considero que su ideología y su comportamiento son incompatibles con la democracia: no acepta la Constitución, no ha condenado el pasado terrorista de ETA y ha incorporado a su dirección a David Pla, el último jefe de la banda. Eso no significa que cuestione su legalidad, que es plena, sino que cuestiono su compromiso democrático.

– ¿Qué responsabilidad atribuye al PNV en el fortalecimiento de Bildu y por qué cree que ha mantenido su apoyo al Gobierno de Sánchez?

– El PNV se ha dejado muchos pelos en la cartera. Hay votantes suyos que no comprenden cómo ha mantenido el apoyo a Sánchez después de todo lo que hemos visto durante esta legislatura. Creo que no quería ser el partido que rompiese la coalición de apoyos y abriese la puerta a un Gobierno del PP y Vox. Una ruptura así le habría perjudicado electoralmente en el País Vasco y habría dejado a Bildu en una posición muy favorable para acusarlo de haber facilitado la llegada de la derecha al poder.

Además, Bildu ha ido comiéndole terreno al PNV entre los jóvenes nacionalistas e independentistas. Muchos ven al PNV como un partido antiguo, demasiado vinculado al mundo empresarial y a la burguesía, mientras que Bildu se presenta como la opción original. El PNV está ideológicamente desorientado y ha querido jugar en demasiados terrenos, mientras que Bildu ha sabido aprovechar esa situación.

– ¿Qué ha obtenido Bildu de su relación con el Gobierno de Sánchez y qué ha recibido a cambio el PSOE?

– Recuerdo aquella reunión interna de Sortu que se filtró a los medios, en la que Otegi dijo que, si había que apoyar los presupuestos de Sánchez, se apoyarían: «Presos por presupuestos». Creo que el balance posterior encaja con esa expresión. Los presos de ETA que estaban fuera del País Vasco fueron acercados, se transfirió la competencia penitenciaria al Gobierno vasco y después se produjo la salida progresiva de presos de las cárceles vascas mediante terceros grados y otras medidas, algunas de las cuales fueron recurridas por la Fiscalía.

A eso se suman decisiones políticas como la moción de censura que permitió a Bildu hacerse con la Alcaldía de Pamplona con el apoyo del PSN y de Geroa Bai, o su participación en la elaboración de la Ley de Memoria Democrática. Creo que ha habido una serie de concesiones y gestos de complacencia que responden a una estrategia. Zapatero blanqueó a ETA como organización terrorista y Sánchez ha blanqueado a su brazo político, a los herederos de ETA.

– Uno de los aspectos que denuncia es la normalización institucional de Bildu. ¿Qué le parece más significativo de esa evolución?

– Me parece especialmente significativo que Sánchez recibiera en La Moncloa a la portavoz de Bildu, Mertxe Aizpurua, como a una representante parlamentaria más. Aizpurua era redactora jefe de Egin cuando, al día siguiente de la liberación de Ortega Lara, el periódico publicó en portada el titular «Ortega Lara vuelve a la cárcel», jugando de forma miserable con su condición de funcionario de prisiones. No tengo pruebas de que ella decidiera ese titular, pero formaba parte del núcleo de dirección y creo que, como mínimo, lo conocería.

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Cayetano González con José Antonio Ortega Lara que estuvo secuestrado por ETA durante 532 días en un «zulo» construido en una nave industrial y fue liberado por la Guardia Civil el 1 de julio de 1997

Mientras tanto, Sánchez no ha recibido en estos años a las asociaciones de víctimas del terrorismo, pese a que se lo han pedido en varias ocasiones. Me parece muy grave que se trate con normalidad a quienes representan políticamente a los herederos de ETA y, al mismo tiempo, se mantenga esa distancia con las víctimas. Es una cuestión de respeto y de memoria democrática.

– Usted responsabiliza especialmente a Pedro Sánchez de ese desprecio hacia las víctimas. ¿Hasta qué punto considera que debería tener consecuencias políticas?

—Hay muchos motivos para criticar las dos legislaturas de Sánchez, pero, para mí, como periodista y como ciudadano que ha vivido muy de cerca los avatares de las víctimas del terrorismo, el maltrato y el desprecio que ha demostrado hacia ellas con hechos concretos bastarían para justificar un fuerte castigo en las urnas. Me parece una cuestión de una enorme inmoralidad.

Zapatero también las orilló al llevar a cabo una negociación política con ETA en la que se pusieron encima de la mesa asuntos muy graves. Pero, en el caso de Sánchez, creo que la sociedad española debería reflexionar sobre lo que ha supuesto su actitud hacia las víctimas. No me refiero tanto al militante socialista, que puede estar muy ideologizado, como al votante que no es tan sectario y que debería preguntarse si puede respaldar a un presidente que ha actuado así con quienes sufrieron el terrorismo.

– En 2027 se cumplirán treinta años de la liberación de Ortega Lara y del asesinato de Miguel Ángel Blanco. ¿Qué cree que ha cambiado más desde entonces en la forma de recordar a las víctimas?

– Quiero creer que se las recuerda más y que se ha entendido la importancia de aquellos acontecimientos. A veces se acusa al PP de utilizar a las víctimas, pero no estoy de acuerdo. Creo que quienes las han humillado y despreciado han sido otros, y especialmente quienes han contribuido a normalizar políticamente a los herederos de ETA.

La liberación de Ortega Lara y el asesinato de Miguel Ángel Blanco supusieron una sacudida social. Cuando estoy con Ortega Lara me sigo emocionando porque veo en él un ejemplo de dignidad: no se doblegó ante sus secuestradores y mantuvo la cabeza alta durante aquellos 532 días. Para mí es un símbolo, aunque todas las víctimas merecen el mismo respeto, desde los guardias civiles, policías y militares hasta los cargos públicos y los ciudadanos anónimos, incluidos los 24 niños asesinados en atentados de ETA.

– ¿Qué papel deben desempeñar las nuevas generaciones para que no se pierda esa memoria?

– Los jóvenes no conocen suficientemente lo que ocurrió. Hay encuestas y estudios que muestran porcentajes muy bajos de conocimiento sobre aquellos años. Por eso creo que hay que seguir haciendo un esfuerzo para transmitir esa historia, por justicia con las víctimas y para que no se repitan los errores del pasado. Uno de los objetivos del libro es precisamente ese: que lo lea mucha gente joven. Puede que algunas historias les suenen a chino, pero es importante que las conozcan, que entiendan lo que pasó y que comprendan el sufrimiento que causó ETA. No podemos resignarnos a que se olvide.

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