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La abrupta salida de Puente anticipa lo que le puede suceder a Sánchez tras el 29-N

El poder, como ocurre siempre, es lo que ha mantenido y mantiene blindado al jefe de filas del PSOE. Si lo pierde, los suyos serán los primeros que quieran pasar la página de Sánchez del cuaderno socialista

Madrid

Pedro Sánchez en una comparecencia tras la Cumbre Iberoamericana

Pedro Sánchez en una comparecencia tras la Cumbre IberoamericanaEFE

Que en política hay amigos, enemigos y compañeros de partido es algo que ha experimentado en los últimos once días Óscar Puente, como tantos otros antes que él. El dimitido ministro de Transportes pasó de ser adorado por los suyos como una deidad del Olimpo del PSOE a ser negado por los mismos que hasta el trágico accidente de Urda lo veneraban. Casi nadie en el Gobierno ni en el partido defendía su continuidad, y mucho menos públicamente, estando en juego las elecciones generales. O una derrota honrosa.

Fue esa soledad que sintió Puente la que en parte explica su arrebato del martes, cuando al final de su comparecencia en la Diputación Permanente del Congreso dimitió, después un mandar un whatsapp al presidente in situ. Cabe decir en este punto que Pedro Sánchez es de esos líderes que deja la soga junto a quien corresponda para que él mismo se ahorque, en lugar de mancharse las manos.

Las barbas del vecino

Lo ocurrido con Puente huele a preludio de lo que le pasará a Sánchez si no consigue conservar su despacho en la Moncloa. Si no lo logra, se acabó. Se ha hablado, escrito y especulado mucho sobre las presuntas intenciones del presidente de obtener un resultado que le permita quedarse liderando la oposición a un Gobierno del PP y de Vox. Uno que, según quienes hacen estos cálculos, caería por su propio peso después de una legislatura infernal. Y ahí estaría Sánchez para coger el timón del país de nuevo.

Suena a política ficción, y más después de los acontecimientos de los últimos días. El poder, como ocurre siempre, es lo que ha mantenido y mantiene blindado al jefe de filas del PSOE. Si lo pierde, los suyos serán los primeros que quieran pasar la página de Sánchez del cuaderno socialista (alguno querrá arrancarla directamente, pero esos son los menos) e iniciar una etapa nueva con un nuevo liderazgo.

Óscar Puente, durante su comparecencia en el Congreso

Óscar Puente, durante su comparecencia en el CongresoEFE

De hecho, lo más probable es que si es desalojado del Gobierno ni siquiera pueda pilotar su sucesión, en un partido cuya militancia tiene por costumbre rebelarse contra el oficialismo. No obstante, la proximidad de las elecciones municipales y autonómicas de mayo introduce una incógnita: si la campaña de esos comicios pospondría la sucesión hasta después o, al contrario, la precipitaría a principios de año para empezar el nuevo tiempo cuanto antes. Dependerá de cuál sea el resultado electoral de Sánchez.

El partido, lo primero

En cualquier caso, los partidos son como las estrellas de mar, que pierden un brazo y son capaces de regenerarlo. Pero para que nazca uno nuevo es condición sine qua non que otro les haya sido amputado. Ya lo dijo Puente en su despedida en el Congreso, leyendo los folios de su carpeta roja: «Formo parte de una organización con casi 150 años de historia. Mi decisión lo único que pretende es estar a la altura. De mi partido y, sobre todo, de los que me precedieron». Vendrán a por Sánchez como han venido a por Puente, que solo dos semanas antes de su dimisión estaba mitineando con el presidente en Valladolid, proclamando a los cuatro vientos lo «orgulloso» que estaba de ser socialista, «de pertenecer al mejor partido de la historia de España».

Claro que Sánchez ha hecho las listas electorales a su antojo y medida. También Alberto Núñez Feijóo ha metido y sacado de las del PP a quien él ha considerado, porque ese es el acuerdo al que llegó con sus barones regionales: 'Yo no me meto en vuestras candidaturas (las de las autonómicas) y vosotros no os metéis en las mías'. Y lo mismo Santiago Abascal con las de Vox. Lo de Frente Amplio, que tuvo problemas hasta para elegir a la candidata a la Presidencia del Gobierno, es harina de otro costal. Pero que los diputados que vayan a poblar la bancada socialista la próxima legislatura sean hoy sanchistas no es garantía de nada.

Que se lo pregunten a Pablo Casado, que también tenía un grupo parlamentario popular de fieles, pero carecía de poder institucional. Y cayó fulminado frente a quienes sí lo amasaban: Isabel Díaz Ayuso y el resto de los presidentes regionales del PP. A Puente, por cierto, siempre le gustó hacer escarnio de la destitución de Casado y la forma en la que Feijóo fue proclamado líder del PP.

La dimisión del responsable de Transportes ha dejado una pregunta en el aire. ¿Sigue el exministro entre los aspirantes a suceder a Sánchez, cuando toque? No será diputado la próxima legislatura, pero ha decidido mantenerse como secretario general del PSOE de Valladolid y también su puesto en la Ejecutiva Federal. En su tierra se rumorea que podría volver a ser candidato a la Alcaldía, aunque aún es demasiado pronto para todo.

Hay una anécdota reciente que bien sirve como ejemplo de la burbuja que hay construida alrededor de Sánchez. Ocurrió al final de la Cumbre Iberoamericana celebrada el miércoles y el jueves en Madrid, y que pasó sin pena ni gloria ni aliados del presidente entre los asistentes. Aunque desde el Gobierno no hicieran más que felicitarse por haberla «relanzado».

El jueves, tras la clausura del cónclave, había convocada una rueda de prensa del presidente. Iba a ser la primera vez que la prensa pudiera preguntarle por el accidente de Urda y las dimisiones del ministro de Transportes y del presidente de Adif, porque desde la tragedia únicamente había hecho declaraciones institucionales sin preguntas desde el Cecopi y desde la Moncloa. A mayores, ese día la UCO había llevado a cabo un operativo con la detención de seis personas (después quedaron en libertad), registros en Madrid, Valencia, Sevilla y Córdoba y requerimientos de información en Adif y Azvi, a propósito de una pieza separada abierta por el juez Ismael Moreno sobre adjudicaciones fraudulentas en el Ministerio de Transportes.

Con todo y con eso, la directora del Departamento de Información Internacional de la Moncloa intentó que el presidente tuviera que hablar lo menos posible de política nacional. Alexandra Gil únicamente concedió cuatro turnos de preguntas, y tres de ellos a medios internacionales que sabía que no iban a hacer preguntas del ámbito doméstico: a CNN, Efe Internacional (que ni siquiera a los periodistas de Efe Nacional que cubrían la comparecencia) y a un periodista hondureño del canal Más Noticias Televisión (Honduras será el país organizador de la siguiente Cumbre Iberoamericana). Y a El País.

Pero las burbujas siempre acaban pinchándose. Y nada es para siempre.

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