Reina Letizia

50 años de Letizia Ortiz: la Reina sólida que nació en el anonimato de la clase media

Jorge Sanz Casillas
Jorge Sanz Casillas
Subdirector

Bajo la lupa desde el primer día por sus orígenes, su manera de proceder está siendo uno de los garantes de la permanencia de la Corona

Si le hubieran dado a elegir, es muy probable que Letizia Ortiz Rocasolano (Oviedo, 1972) hubiera anunciado su noviazgo con el Príncipe de Asturias de otra manera. La noche del 3 de noviembre de 2003, cuando posaron juntos por primera vez ante los medios de comunicación, hacía mucho frío junto a la residencia del Heredero de la Corona. Solo dos días antes, la Casa del Rey había emitido un comunicado oficializando la relación y anunciando boda para el verano siguiente. Todo en un mismo texto y con algo de prisa, cercados ya por los rumores. Con las noticias importantes –le dirían hoy a la Reina en la facultad donde estudió a las afueras de Madrid– comunicar primero es comunicar dos veces.

Desde ese momento Doña Letizia camina por la vida con un foco apuntándola. Puede que incluso desde antes, pues en los días previos a dicha presentación como novia del Heredero tuvo un accidente en la M-30 por culpa de la lluvia. Antes que al SAMUR –contó su compañero Alfredo Urdaci, con quien copresentaba el Telediario de las nueve– llamó al entonces Príncipe. En cuestión de minutos, dos agentes de la Guardia Real la llevaron hasta TVE.

Don Felipe y Doña Letizia comparecieron por primera vez como novios el 3 de noviembre de 2003 en Zarzuela, dos días después del anuncio de la Casa del Rey
Don Felipe y Doña Letizia comparecieron por primera vez como novios el 3 de noviembre de 2003 en Zarzuela, dos días después del anuncio de la Casa del Rey - EFE

Desde que compareció ante la prensa (que nunca supo diferenciar si rilaba de frío o de nervios) la biografía de la novia del Príncipe pasó a ser de dominio público. Periodista, mujer divorciada apenas un año después de casarse y nieta de un taxista, su Wikipedia vital no era lo que muchos esperaban de una futura Reina de España. Cuentan que en aquellos días, el veterano subdirector de un periódico monárquico lamentó en voz alta: «¡Tanto pa' esto!». Con el esmero que habían puesto en la educación del futuro Rey, su enlace con una plebeya podía parecer poca cosa.

Una semana antes del anuncio real, Letizia aún compartía ratos de ocio con compañeros de profesión

Letizia había trabajado en La Nueva España, la Agencia EFE, la CNN y ahora en TVE. Incluso escribió en un suplemento de ocio mexicano donde, debido a su abundante producción, recurrió al seudónimo de Ada. Una amiga de la infancia se llamaba Inmaculada y Letizia rescató esas tres últimas letras para sus inicios como periodista en México DF.

Letizia Ortiz recibe de manos de Javier González Ferrari el Premio APM al Mejor Periodista Joven del Año 2000 en sus comienzos en RTVE, a mediados del mismo año
Letizia Ortiz recibe de manos de Javier González Ferrari el Premio APM al Mejor Periodista Joven del Año 2000 - Foto: EFE; en sus comienzos en RTVE, a mediados del mismo año - Foto: TVE

Quienes la trataron la recuerdan una semana antes del anuncio real tomando algo con varios compañeros de profesión en Casa Paulino, un restaurante del barrio madrileño de Chamberí. Todo fue muy rápido, como un salto al vacío: cambiar su pequeño coche y un piso en los límites de la M-40 (el típico bloque de viviendas de primeros de los 2000) por la escolta y el palacio. Presentadora del telediario más seguido en aquellos años cruciales para el futuro de España, sus orígenes humildes la hicieron sospechosa a ojos de muchos, que criticaban con la misma dureza que tuviera un armario grande o que cenase en un restaurante pequeño. «Te hablarán mal de mí», le dijo a Leonardo Faccio, periodista argentino autor de exitosas biografías sobre Leo Messi (2011) y la propia Reina Letizia (2020).

–Lo que sí es deseable, lo que vamos a intentar –dijo durante la pedida de mano celebrada en aquel frenético noviembre de 2003– es que yo de forma gradual me desvincule de Televisión Española. No inmediatamente. Y también está claro que a partir de ahora y de forma progresiva voy a integrarme y a dedicarme a esta nueva vida con las responsabilidades y obligaciones que conlleva y con el apoyo y el cariño de los...

–No le va a... –quiso añadir Don Felipe.

–Déjame a mí... Y con el cariño de los Reyes y por supuesto el ejemplo impagable de la Reina –añadió Doña Letizia, en una interrupción que fue sonreída en persona casi por los mismos que la criticaron después por escrito.

–No le va a faltar trabajo y va a tener el día bien ocupado —pudo concluir el entonces Príncipe–. Hay muchas evidencias a los ojos de todos, pero su elocuencia y su inteligencia –dijo ya con ella mirando al suelo superada por tanto elogio–, su espíritu de responsabilidad, el trabajo, su coraje... Todo eso ha sido muy importante. Tiene unos principios y una rectitud y una ejemplaridad en el trabajo que siempre me han impresionado.

Don Felipe y Doña Letizia enseñan algunos de los regalos de su pedida de mano
Don Felipe y Doña Letizia enseñan algunos de los regalos de su pedida de mano - EFE

Entre otros presentes, como unos gemelos de zafiro y oro blanco, Doña Letizia le regaló en aquella pedida de mano una edición muy cuidada de El doncel de don Enrique el doliente, de Mariano José de Larra. Cabe recordar que ella fue galardonada en 2000 con el Premio APM al Periodista Joven del Año, y que lleva justamente el nombre del autor. «Ella tenía hambre de saber –le dijo uno de sus profesores en la Complutense a Leonardo Faccio–. Andaba entre libros, no los leía todos pero los citaba. A ella le removió el mundo ilustrado. Es el mundo que más aprecia».

El coraje al que aludía Don Felipe se puso a prueba tres años después cuando falleció la hermana pequeña de la ya Princesa. La muerte de Érika Ortiz, que por entonces vivía en el piso de juventud de Letizia, en el número 40 de la calle Ladera de los Almendros, fue seguramente el momento más duro en lo humano y la confirmación de que Letizia es la Reina que todos pudieron ser: la mujer que llora con la cara descubierta sus propios dramas familiares.

Con el tiempo Doña Letizia adquirió protagonismo y agenda pública, en un proceso que duraría diez años hasta la proclamación de Felipe VI como Rey. El tránsito de un trabajo creativo y muy cotizado a otro quizá no siempre estimulante marcaron esos años de adaptación a la vida regia. Pese a todo, sus inquietudes informativas siguieron intactas. En el año 2008, durante la celebración del 70 cumpleaños del Rey Juan Carlos en El Pardo, Doña Letizia compartió espacio con el expresidente Aznar y el entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero, que se quejaba amargamente de la sequía asegurando que, de seguir así, Barcelona se quedaría «sin agua» en dos meses. Aquella conversación «despertó la curiosidad de la Princesa Letizia», explicó el propio Aznar en su libro El compromiso del poder (Planeta, 2013). Su interés por el funcionamiento del país haría de ella una ministra perfectamente válida.

Por entonces ya era madre de sus dos hijas, Leonor y Sofía. El día de la pedida de mano, Don Felipe vaticinó que tendrían una descendencia «por encima de dos y por debajo de cinco», otra frase que provocó una reacción muy comentada en Letizia. La cuenta se detuvo en dos. El hecho de que además fueran niñas evitó el problema constitucional que hubiera surgido en caso de que el hermano pequeño de Leonor hubiera sido un varón.

Hay quien sostiene que una Reina no puede tener pasado, pero Letizia ha estado lejos de ser un foco de conflicto

Existe cierto consenso en que la Reina está muy volcada en la educación y la progresión de sus hijas, quizá empeñada en que ellas sigan fielmente la formación real que a ella le faltó. Existe un vídeo anecdótico a la vez que definitorio de lo que la Reina Letizia espera de sus hijas. En un encuentro veraniego con periodistas en Mallorca, Sofía fue saludando a la prensa muy recta y repitiendo de manera mecánica «buenas tardes, buenas tardes».

La Reina, protectora siempre de la imagen de sus hijas, la corrigió rápidamente:

–Sofía, pareces un robot.

Las aficiones de la Reina no son muy distintas de las que cultivaba cuando era completamente anónima. La lectura, como se comprobó en la pedida de mano, la moda, la música o el deporte figuran entre las ocupaciones de su tiempo libre. Cuidadosa de su imagen, cuentan que nunca estuvo muy contenta ni con su nariz ni con su barbilla, prominentes en casi todos los miembros de su familia.

Un ejemplo de estilo

Sus retoques estéticos han sido evaluados milimétricamente durante años y tanto una como la otra presentan hoy un aspecto distinto. Entre sus gustos musicales, aunque son tan variados como permite la tecnología actual, figuran los Hombres G o Alejandro Sanz, como se pudo comprobar en un vídeo más o menos apócrifo donde se observa a una joven Letizia hacerle la siguiente pregunta a Alfredo Urdaci: «Las entrevistas con Alejandro Sanz cuando vaya a solas las puedo hacer yo, ¿no? ¿Cómo lo ves?».

La Reina ha recibido numerosos halagos a su estilo en la prensa internacional
La Reina ha recibido numerosos halagos a su estilo en la prensa internacional

La atención que todavía pone en su alimentación y forma física provocó que en sus inicios la acusaran de tener algún desorden alimenticio. Sin embargo hoy, cuando cumple medio siglo de vida, son muchos los que valoran su aspecto tanto en lo muscular como en lo estilístico. La Reina ha recibido numerosos elogios tras sus viajes a Estados Unidos, Francia o Reino Unido, y casi todos centrados en sus elecciones de vestuario.

Tras uno de esos primeros viajes de Estado a Francia en calidad de Reina, L'Independant resumió en dos claves el secreto de su éxito: «Demuestra que se puede ser elegante sin gastar demasiado». La Reina ha recurrido más de una vez a modelos de marcas conocidas y accesibles, provocando inevitablemente que agotaran existencias.

Aunque los más puristas sostienen que una Monarquía sin misterio no es Monarquía, o que una Reina no puede tener tanto pasado, Doña Letizia ha estado lejos de ser un foco de conflicto para la institución. En todo este tiempo bajo la lupa, ha visto a la Infanta Elena divorciarse, a la Infanta Cristina salir de la Familia Real y a su cuñado entrar en prisión por el caso Nóos para luego separarse. Desde 2003 hasta hoy ha sabido ser la Princesa que maravilla vestida de rojo en la boda de Federico de Dinamarca y la Reina que coincide en su modelito low cost con una profesora de Derecho Civil en una entrega de premios.

La Reina Letizia, en la boda de Federico de Dinamarca (2004) en una entrega de premios de este año 2022
La Reina Letizia, en la boda de Federico de Dinamarca (2004) - Foto: EFE; en una entrega de premios de este año 2022 - Foto: GTRES

Al final, el suyo es el triunfo de una Reina normal pero sin margen de error. Muchos de los que estos días elogian a la Familia Real británica en la muerte de Isabel II no habrían consentido a Doña Letizia ni la mitad de los errores cometidos por La Firma. De momento, su manera de proceder está siendo uno de los garantes de la estabilidad de la Corona, pues el primer paso para su permanencia es la ausencia de conflicto en torno a su figura.

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