El Rey Alfonso XIII lava los pies a los pobres en el Palacio Real
Historias de la Corona El último lavatorio de pies de los pobres al que asistieron los Reyes, doce días antes de la República
Nada más salir del Palacio Real, los 25 pobres vendieron por 100 ó 150 pesetas las cestas llenas de alimentos que les habían regalado Alfonso XIII y Victoria Eugenia
Doce días antes de que se proclamara la República, el 2 de abril de 1931, Jueves Santo, los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia asistieron por última vez a la tradicional ceremonia de lavatorio de pies a las pobres en el Palacio Real. Con este acto de humildad los Reyes seguían el ejemplo de Jesucristo, que lavó los pies a sus discípulos antes de la última cena. La ceremonia llevaba 700 años celebrándose en España, desde tiempos de Fernando III el Santo, y nada hacía pensar que aquella sería la última vez.
Como todos los Jueves Santos, los Reyes asistieron primero a misa en la Capilla del Palacio Real, acompañados por la corte, y después acudieron al Salón de Columnas, donde ya aguardaban los 13 hombres y las 12 mujeres, a los que no solo lavaron y besaron los pies, sino que también les regalaron los trajes que llevaban y les entregaron abundantes alimentos.
Las mesas con la comida de los pobres, el director de las Reales Cocinas junto a los cestos y, a la derecha, los pobres con la ropa regalada por los Reyes
La selección de los 25 pobres se realizaba días antes por sorteo entre todos aquellos que querían participar y reunían cuatro condiciones: ser español, mayor de 60 años y feligrés, y no padecer enfermedad infecciosa, lo que certificaba días antes el médico de Cámara.
Ropa nueva y abundantes alimentos
Los 25 pobres —varios de ellos eran ciegos— llegaron a palacio la mañana del Jueves Santo de 1931 antes de que empezara la ceremonia y sustituyeron sus harapos por la ropa nueva que les habían regalado los Reyes. A ellas, un traje negro con falda de ancho vuelo, blusa cerrada, saya de estameña, mantón de lana y zapatos negros de becerro, y a ellos, un traje oscuro con levita, una capa de paño negra con embozos de color pardo, unos zapatos negros de becerro y sombrero de copa, que llevaban en la mano.
Lavatorio de pies el Jueves Santo en el Palacio Real
El Salón de Columnas estaba decorado con el tapiz de «La última cena» —que ahora está en el Palacio de La Granja—, ante el cual se colocó un altar y dos mesitas que sostenían la jarra y la jofaina, artísticas y valiosas, utilizadas por los Reyes para lavar los pies a los pobres. A la derecha del altar, se situaron las mujeres formando un semicírculo y a la izquierda, los hombres. Cada pobre tenía asignado un grande de España o una dama de la Reina, para que le descalzaran primero y les volvieran a calzar después.
Tapiz «La última cena», datado en 1523 y 1524. Se considera obra de Pedro Pannemaker, basado en el boceto de Bernard van Orley
A continuación, estaban las largas mesas, cubiertas con manteles blancos, en las que los Reyes servirían la comida a los pobres, y al fondo, dos amplias tribunas con miembros de la Familia Real, personal de la Casa del Rey, miembros del Gobierno, cuerpo diplomático e invitados especiales que asistían a ver la singular ceremonia.
Lavar y besar los pies
Tras los rezos, el mayordomo mayor del Rey y la camarera de la Reina ciñeron sendas toallas en la cintura a Alfonso XIII y Victoria Eugenia y los grandes de España y las damas de la Reina descalzaron a los pobres. El Rey, arrodillado, fue lavando, secando y besando los pies de cada uno de los pobres, mientras el Nuncio Apostólico sostenía la jarra y el mayordomo la jofaina; y la Reina hizo lo mismo con las mujeres, ayudada por el patriarca de las Indias, que llevaba la jarra, y el receptor de la Real Capilla, con la jofaina.
Lista de alimentos entregados a cada una de las 25 personas sin recursos
Una vez calzados, los pobres se sentaron a la mesa, conducidos cada uno por su respectivo grande de España o dama de la Reina. Se bendijo la mesa con el Benedícite y los Reyes empezaron a servir a cada pobre los platos que les iban entregando el mayordomo mayor y la camarera mayor, pero los pobres no llegaban a probar la comida. Cuando el plato estaba colocado ante cada uno de ellos, los Reyes lo retiraban y se lo entregaban al grande o a la dama, que lo depositaban en el cesto que cada pobre tenía a su lado.
Cuando terminaron de servir los platos, los Reyes recogieron la vajilla, los cubiertos y los manteles, que se depositaron en el cesto de cada persona sin recursos. Y, después, Alfonso XIII y Victoria Eugenia les repartieron bolsitas de cuero con tres monedas de plata de dos reales cada una.
Concluida la ceremonia, los Reyes se retiraron a sus habitaciones, y los pobres, con sus nuevos trajes, salieron a la Plaza de la Armería, donde, como ocurría todos los años, vendieron sus cestos de viandas por unas 100 ó 150 pesetas cada uno.