El canciller alemán, Friederich Merz, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

El canciller alemán, Friedrich Merz, y el presidente del Gobierno, Pedro SánchezDPA vía Europa Press

El laberinto catalán

Merz congela la relación entre Sánchez y Puigdemont y condena al Gobierno a renunciar a los Presupuestos

La negativa del canciller alemán a apoyar la oficialidad del catalán deja a Sánchez sin opciones de aprobar los PGE

Por donde más zozobra el castillo de naipes que sostiene la mayoría presidencial de Pedro Sánchez es por su pata catalana. El jueves fue un día aciago para los intereses de Sánchez, que en resumidas cuentas se basan en permanecer cuanto más tiempo mejor en La Moncloa, porque ni el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en Ginebra ni el canciller alemán, Friedrich Merz, en Madrid arrojaron cabo alguno al que el presidente del Gobierno pueda agarrarse.

Si acaso, dentro de la desazón, la reunión entre Zapatero, el mediador internacional salvadoreño y Carles Puigdemont, fue mejor para Sánchez que la que él mismo mantuvo con Merz. Según ha podido saber El Debat, el expresidente no logró el visto bueno de Puigdemont a la tramitación de los Presupuestos ni otros compromisos de apoyo.

Puigdemont

Carles Puigdemont, en una imagen de archivoEuropa Press

Sin embargo, tampoco se vislumbró intención alguna por parte de Junts de sumarse formalmente al bloque de la oposición, formado por PP, VOX y UPN, con los que a lo largo de la legislatura ha coincidido en votaciones de forma cada vez más frecuente. Tras la reunión, la relación entre el PSOE y Junts ha parecido quedar congelada, como en una especie de día de la marmota.

El propio Puigdemont dejó claro en una entrevista en TV3 hace diez meses que, aunque él dejará de apoyar a Sánchez eso no provocaría su caída inmediata. Ahora, la relación entre ambos parece haber llegado a una prórroga en la que ninguno romperá, pero tampoco nadie hará nada por salvarla.

El perro del hortelano

Junts no va a apoyar una moción de censura junto a Vox y PP, a la que dirigentes de los partidos de la derecha como Ignacio Garriga o Xavier García Albiol, sí se han abierto a lo largo de la semana, si la misma es instrumental para convocar elecciones, pero tampoco va a apoyar al Gobierno para que este pueda desarrollar su agenda legislativa.

La encuesta de Sigma Dos publicada esta semana que otorga a Aliança Catalana hasta 13 escaños en el parlamento catalán y 20 a Junts ha encendido todas las alarmas en Waterloo. No son pocos los que creen que Aliança Catalana puede llegar a superar a Junts, para alcanzarles solo necesitan ganarles un diputado en cada una de las provincias catalanas.

Sánchez también ha dejado claro que si no tiene Presupuestos seguirá adelante con los prorrogados de 2023. En definitiva, el resto de la legislatura, con Puigdemont alejado del PSOE, se limitará a mantener a Sánchez residiendo en La Moncloa sin posibilidad de aprobar nada.

Jarro de agua fría

La reunión con Merz fue el verdadero jarro de agua fría para Sánchez. Es habitual que los presidentes, tanto en España como en el extranjero, cuando tienen problemas en política domestica busquen consuelo y comprensión en la política exterior, pero a Sánchez, visto el resultado de la reunión con Merz, ya no parece ni quedarle ese recurso.

En su visita a Madrid, el canciller alemán, democristiano pero jefe de un ejecutivo de coalición con los socialdemócratas, le hizo la cobra a Sánchez cuando este intento convencerle de que apoyara la oficialidad del catalán en Bruselas para así recuperar sintonía con Puigdemont.

Merz fue claro en la reunión y amable, pero también firme, en su respuesta a los periodistas. Si bien no quiso desairar a su homólogo español, su respuesta sobre que la Inteligencia Artificial resolvería en poco tiempo, sin necesidad de cambios legislativos, la demanda catalana y de otros idiomas, fue la evidencia de que, por mucho que España vuelva a llevar el tema a la comisión de asuntos generales de la UE, este no prosperará.

La oposición a la oficialidad del catalán liderada por Alemania e Italia es un obstáculo infranqueable para el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, así como para Sánchez y Puigdemont.

En este contexto ,el anuncio de un acuerdo entre Junts y el Gobierno para obligar a las empresas que operan en Cataluña a hacer lo que ya hacen, o sea, a ofrecer a sus clientes la posibilidad de ser atendidos en catalán, parece más un premio de consolación y un intento de tapar un fracaso, que una acción que implique cambio alguno.

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