Detalle de 'La masacre de los inocentes', de Rubens
Historia
La Catedral de Barcelona exhibe la reliquia de uno de los niños asesinados por Herodes en el siglo I
La Corona de Aragón utilizó la reliquia como símbolo de poder mundial
La Catedral de Barcelona conserva la reliquia, presuntamente, de uno de los Santos Inocentes que mandó asesinar Herodes I el Grande. Según el relato del Evangelio de Mateo, tras el nacimiento de Jesucristo, el rey ordenó matar a todos los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores, basándose en el tiempo que los magos le habían indicado.
La reliquia se conserva en la capilla de los Santos Inocentes, junto a la puerta de Sant Io. Está dentro de una arqueta de plata del siglo XVI, pero ¿cómo llegó esta reliquia a Barcelona?
Capilla de los Santos Inocentes, en la Catedral de Barcelona
Esta reliquia fue entregada al rey de la Corona de Aragón Juan I, el Cazador o el Amador de Toda Gentileza, por parte del duque de Venecia Antonio Venier. En el registro de la Catedral de Barcelona, con fecha 30 de diciembre de 1393 leemos «recibo firmado por 'Petrus Medíci, magister ymaginarum de pedres, civis Barchinone' por la manufactura de una urna de piedra alabastrina para depositar en ella el cuerpo de uno de los santos Inocentes, venerado en la catedral de Barcelona». Estos fueron los que llegaron de Venecia en el 1389. Estas reliquias fueron depositadas en la Catedral de Barcelona.
El motivo de obtener esas reliquias era elevar el prestigio de las capillas reales y catedrales de la Corona de Aragón. Esta búsqueda se inició a finales del siglo XIV hasta mediados del siglo XV. La búsqueda se extendió a Bizancio, Italia y Tierra Santa. Entre las reliquias destacadas esta la adquisición de partes del cuerpo de Santa Bárbara; de Santa Tecla y San Jorge; el brazo de San Luis de Anjou; fragmentos de los vestidos de la Virgen, piedras del Santo Sepulcro y del pesebre de Belén.
Dichas reliquias fueron distribuidas entre distintas instituciones eclesiásticas catalanas y aragonesas, como la catedral de Huesca o el monasterio de Sant Pere de Roda. También se trajeron reliquias del Santo Cáliz, el Lignum Crucis, la Santa Espina, y el Paño de la Verónica, depositadas en la Catedral de Valencia. Alfonso el Magnánimo consiguió las reliquias de San Luis de Tolosa, San Vicente Mártir, Santa Inés y San Sebastián, procedentes de Oriente y de las casas reales italianas.
Las reliquias eran consideradas elementos clave de prestigio y distinción social, y su búsqueda estaba intrínsecamente relacionada con las jerarquías eclesiásticas y la diplomacia real. La búsqueda se centraba en reliquias que mejoraran el prestigio artístico y de culto de la Corona, a menudo consiguiendo objetos procedentes de Oriente y Roma para la capilla real de Valencia, convirtiéndola en un núcleo importante de reliquias en la Baja Edad Media.
Poseer, supuestamente, el cuerpo entero de uno de los Santos Inocentes era un prestigio enorme para la Corona de Aragón. No era solo una cuestión de fe, sino mostrar el poder y las conexiones internacionales de la monarquía con el Oriente cristiano. El tema de las reliquias también servía para el mantenimiento de esos lugares. Las visitas de los peregrinos y las donaciones ayudaban al mantenimiento de esas capillas y catedrales.
Un cuerpo momificado
La reliquia que se conserva en la Catedral de Barcelona es el cuerpo momificado de un bebé de entre uno y dos años. La piel presenta un tono oscuro, debido al proceso de momificación o por los líquidos que se utilizaron para conservarlo. Es imposible confirmar que ese cuerpo sea uno de los niños asesinados en Belén, a no ser que se haga un estudio, el cual no se ha realizado.
Algunos historiadores creen que podría tratarse de una momia infantil de origen egipcio o de algún otro lugar cercano al Próximo Oriente, que los identificaron como un Santo Inocente durante las Cruzadas o en el período bizantino. A pesar de todo ello durante muchísimos años fue un lugar de peregrinaje y donde muchas familias llevaban a sus hijos para pedir salud.
La arqueta con los restos en cuestión
La capilla de los Santos Inocentes es uno de los espacios con más historia y simbolismo de la catedral barcelonesa. El retablo central, del siglo XVI, es obra del pintor Joan Mates. En él se narra el episodio bíblico del degollamiento de los inocentes ordenado por el rey Herodes. Está compuesto por varias tablas al óleo que destacan por su dramatismo y el uso detallado del color típico del estilo gótico tardío/renacentista temprano.
En el centro se representa la matanza de los niños, rodeada de imágenes de las Once Mil Vírgenes, vinculadas a la leyenda de Santa Úrsula. En dicha capilla está enterrado el obispo Ramón de Escaldes, en un panteón obra del escultor Antonio Canet. Durante muchos años la capilla estuvo vinculada a la Cofradía de las Almas del Purgatorio. Al ser los santos Inocentes mártires sin pecar, eran los mejores intercesores para ayudar a la almas a salir del purgatorio.
Otras iglesias
La Catedral de Barcelona no es la única que conserva reliquias de estos Santos Inocentes. La Basílica de Santa María la Mayor de Roma custodia varias reliquias vinculadas a la Natividad, incluyendo fragmentos óseos que la tradición atribuye a los niños de Belén. Se dice que fueron trasladadas allí junto con la Sagrada Cuna.
La Iglesia de San Zacarías de Venecia se conservan restos de los Santos Inocentes que llegaron como regalos bizantinos. En Francia se conservan cuerpos o fragmentos e la Abadía de Saint-Denis, Marsella y Angers. En Italia también se conservan reliquias en Nápoles y Piacenza. También hay alguna reliquia en el Monasterio de San Lorenzo del Escorial.
La iglesia de San Zacarías, pintada por Canaletto
Un dato curioso. La población de Belén, en el siglo I no superaba las 1.000 personas, siendo generosos. Es muy probable que se ejecutaran entre seis y 20 niños. La tradición litúrgica oriental llegó a hablar de 14.000 mártires, y algunas tradiciones medievales elevaron la cifra hasta 64.000 o incluso 144.000.
Si sumamos el número de reliquias repartidas en las catedrales europeas, a parte de las que hemos comentado, el número de reliquias supera el centenar. ¿Qué ocurre? De ser uno de ellos, el cuerpo se dividía en cientos de fragmentos para ser repartidos por diferentes iglesias. Con el paso de los siglos cada fragmento podía terminar siendo identificado, en su nueva ubicación, como el cuerpo de un Santo Inocente.