Imagen de archivo de Mari Carmen, declarada culpable del crimen de los laxantes, a la izquierda de la imagen
Enfermera, cuidadora, estafadora y 'viuda negra': claves del crimen de los laxantes
Salvador tenía al enemigo en casa. Él no lo sabía. Cómo iba a saberlo, si quien terminó por asesinarle era, nada más y nada menos, que propia pareja y, al mismo tiempo, la persona que le cuidaba y que se encargaba de mantenerle con vida. En este tipo de noticias se suelen utilizar términos como presunto o supuesto. Sin embargo, no es esta la ocasión puesto que a Mari Carmen el Tribunal Supremo (TS) le ha condenado a 29 años de cárcel. A efectos prácticos y jurídicos, es una asesina.
Es una nueva 'viuda negra'. Pero esta ocasión es más macabra si cabe. Como se suele decir, lo tiene todo. Enfermera, pareja, estafadora y asesina. Y ahora también, presa. Ni mucho menos es consuelo, pero al menos ya no tiene que ver cada día pintadas en su casa del tipo «aquí vive una puta asesina».
En 2021, año del crimen, ella con 56 años y él con 70, conoció a la víctima cuando el fallecido era viudo desde hacía diez años y contaba con no pocas propiedades inmobiliarias. Hasta tenía un Maserati. Mari Carmen, en cambio, era separada y tenía cuatro hijos a su cargo. Mientras mantenían su relación sentimental, ambos llevaban una vida normal.
Deterioro progresivo e irreversible
Un día, en cambio, Salvador tuvo que ingresar de urgencia en un hospital valenciano. Ocurrió en octubre de 2020. Lo hizo con un cuadro médico un tanto extraño. Estuvo en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), pero logró salvar su vida. Los médicos que le trataban sospecharon de las causas que le habían llevado hasta el centro. Y no tardaron mucho en confirmar que lo que les 'olía a cuerno quemado' no era sino un asesinato en grado de tentativa.
Y es que, estando ya en su domicilio tras recibir el alta hospitalaria, la pareja y a la par asistenta de Salvador no dudó, según se recoge en la sentencia, en suministrarle una cantidad diaria de laxantes tal como para acabar con su vida. Se llegó a hablar de hasta 2.000 pastillas en cuestión de tres meses, una dosis extremadamente alta y letal.
Mientras hacía como que le cuidaba, y antes de volver a ingresar si vuelta atrás por motivo de shok séptico severo, la condenada seguía administrándole pastillas, lo que lo provocó una diarrea crónica, además de un deterioro físico y cognitivo progresivo e irreversible. Durante ese tiempo, que abarca desde septiembre de 2020 a abril de 2021, no solo trató de matarle, sino que también le estafó.
Así, y siempre tal como relata la sentencia del TS, desaconsejó a los hijos del fallecido que fueran a visitarle. Esa táctica, según los magistrados, permitió que Mari Carmen pudiera administrarle a Salvador los laxantes como ella quería y sin ninguna supervisión ajena. Pero, por si lo anterior no fuera suficiente, el asesinato también conllevó crímenes económicos.
De este modo, la ahora presa llegó a realizar hasta 152 extracciones de dinero en efectivo en cajeros automáticos cuyo importe total ascendió hasta 88.110 euros. Pero no solo eso, sino que también solicitó y se le aprobaron dos préstamos a nombre de Salvador y realizó numerosas compras en grandes almacenes y otras tiendas. Todo, naturalmente, a cargo de la persona a la que ni siquiera supuestamente quería, cuidaba y atendía.
El Tribunal que le ha condenado recientemente a estar casi treinta años entre rejas estimó que Mari Carmen se aprovechó de la situación de «desvalimiento» de su víctima. Por ello mismo, le ordenan que pague 30.000 euros a los dos hijos de Salvador en concepto de daños morales, así como le establecen una responsabilidad civil que asciende hasta los 135.517 euros.