Foto de Hamza subida a redes sociales
Hamza ya presumía en redes de su historial violento: la citación judicial por atentar contra agentes de la autoridad que exhibió sin pudor
La fotografía parecía inofensiva, casi rutinaria: una hoja de citación judicial, arrugada y mal encuadrada, subida a redes sociales sin el menor recato. Pero en la parte superior figuraba el nombre de quien ha protagonizado uno de los sucesos más macabros de los últimos meses en nuestro país: Hamza L., el argelino que permanece en prisión provisional por el secuestro, torturas y agresiones sexuales a Eva en un narcopiso del barrio de Juan XXIII de Alicante. En 2023 él mismo decidió mostrar abiertamente aquel documento oficial en el que constaba como acusado por delitos cometidos años antes. Lo que entonces pudo parecer una bravuconada, leído hoy, adquiere otro peso.
Aquella citación lo convocaba al Juzgado de lo Penal número 3 de Alicante por un procedimiento que reunía tres delitos: falsedad documental, atentado a agentes de la autoridad y contra la seguridad del tráfico. Nada hacía presagiar que, dos años más tarde, su nombre quedaría vinculado a una de las agresiones más graves que se recuerdan en la ciudad. Sin embargo, la decisión de publicar el documento aporta un extraño hilo de continuidad entre su pasado judicial y la espiral de violencia que culminó en el encierro de Eva.
Una bravuconada que revela una actitud
El documento fechado en enero de 2023 lo citaba para una vista en marzo de ese mismo año por un incidente ocurrido en 2019. El papel recogía imputaciones claras y detalladas. No había margen para interpretaciones. Lo relevante es que fue él quien decidió que ese documento formara parte de su perfil público, como si exhibir una causa penal fuera un gesto de prestigio dentro del ambiente en el que se movía.
Citación judicial publicada en redes sociales por Hamza
Hoy, cada testimonio al que accede El Debate y cada información que surge del entorno policial y vecinal ayuda a unir piezas que dibujan un mismo perfil: un hombre violento, imprevisible, habituado a los estallidos de agresividad y a la intimidación. Nada de esto explica por sí solo los hechos que mantienen a Hamza en prisión, pero sí encaja con todo lo que se ha conocido después.
El barrio de Juan XXIII, castigado por la pobreza, la okupación y la proliferación de narcopisos, es un territorio donde la violencia cotidiana no siempre llega a los juzgados. Allí, Hamza era un nombre conocido por vecinos que preferían no enfrentarse a él. Varias personas lo describían como un hombre que cambiaba de humor en segundos, con arrebatos que podían escalar en cuestión de minutos. Algunos relatos recabados por este periódico hablan de ataques a mujeres y de episodios que nunca pasaron del miedo a la denuncia policial por temor a consecuencias.
El caso que destapó lo que ya se intuía
La historia de Eva marcó un antes y un después. Durante siete días fue golpeada, quemada, humillada y violada en un piso ocupado convertido en narcopiso. Cuando los agentes irrumpieron tras el aviso de una joven que escuchó su súplica de auxilio, la encontraron con 41 grados de fiebre y convulsionando, al borde de la muerte. Su relato permitió identificar a Hamza como principal agresor, pese a que la noche anterior había sido detenido por otro delito ajeno al secuestro.
La brutalidad de aquel caso puso foco en un entorno que llevaba tiempo degradándose y en un hombre cuyo rastro violento parecía anterior a cualquier diligencia judicial.
Una señal que hoy se lee de otra forma
La imagen que Hamza publicó en 2023, enseñando una citación judicial por atentar contra agentes de la autoridad, aporta una pieza clave: su relación con la violencia no es nueva. Al menos desde hace seis años aparecía vinculado a conductas agresivas y ya figuraba en procesos penales que, vistos ahora, ayudan a trazar un patrón.
Ese documento, exhibido por él mismo como si fuera un trofeo, marca un punto conocido en una trayectoria que no surgió de la nada. Cada información a la que ha tenido acceso este periódico, cada testimonio que aporta contexto, encaja en un mismo perfil: un hombre que llevaba tiempo moviéndose en entornos donde la violencia era habitual.
En este escenario, surge una reflexión inevitable. La madre de Eva pidió públicamente que los extranjeros cometen delitos graves y ponen en riesgo a otros sean expulsados de España. Si medidas como esa se hubieran aplicado a tiempo en el caso de Hamza, es probable que agresiones como la sufrida por Eva, y quizá otras que nunca llegaron a denunciarse, no hubieran ocurrido.