Los «ciberperros» toman el campo de maniobras de La Legión en Viator en un ejercicio pionero sobre la guerra del futuro
La guerra del futuro: operaciones militares multidominio
La inteligencia artificial se convierte en la herramienta necesaria para sincronizar, fusionar y validar los datos presentando una situación clara y recomendando o programando las acciones cibernéticas
Las fuerzas armadas, en el siglo XXI, combaten en el ámbito del multidominio mediante operaciones integradas en red, distribuidas geográficamente y apoyadas en capacidades y sistemas derivados de las tecnologías emergente disruptivas. Las operaciones militares multidominio se integran en la gestión necesaria y permanente de la seguridad nacional y el dato, de confianza y seguro, se convierte en el centro de gravedad de las operaciones.
En este entorno, el mando orientado a misión (Mission comand) y el control por veto son elementos clave para conseguir la velocidad de mando y la resiliencia necesarias en el combate. El multidominio supera al carácter conjunto de las operaciones militares constituyendo un dominio único.
Se pasa de una ejecución conjunta, lineal y sincronizada, a una ejecución en red, transversal y simultánea con efectos acumulativos que saturan la capacidad de reacción del enemigo.
No es un modelo estático, es dinámico, integrable, extensible, de geometría variable que se adapta a la situación operativa en continua evolución y que explota las tecnologías emergentes y las integra en las capacidades de combate, mando, control, comunicaciones, computación, doctrina y adiestramiento de las fuerzas armadas.
Una arquitectura posible
Los elementos básicos de las operaciones multidominio son: la red de combate, donde el dato compartido, seguro y de confianza es el protagonista, un dato que se maneja y se comparte dentro de la burbuja de mando, control, comunicaciones y computación (C4). La campana C4 es el elemento indispensable para combatir en red y explotar las capacidades de los vehículos de control remoto.
Las grandes bases de datos, y la necesaria velocidad de mando sólo puede gestionarse de forma eficiente con las capacidades de computación y la interconexión de sistemas que nos ofrecen las tecnologías emergentes.
Existen diferentes iniciativas para desarrollar modelos de «red de combate» o «nubes de combate» y se echa de menos la integración de programas para superar la falta de recursos humanos y financieros, la duplicidad de esfuerzos y a las tremendas dificultades en la gestión de los programas militares.
IA militar
La inteligencia artificial (IA) se convierte en la herramienta necesaria para sincronizar, fusionar y validar los datos presentando una situación clara y recomendando o programando las acciones cibernéticas, cognitivas, de movimientos de fuerza y de «targeting» apropiadas para ejecutar la misión. La IA cambia el modo de empleo de la fuerza y facilita el combate en red con operaciones multidominio que aseguran la superioridad en el combate.
Los multiplicadores de fuerza son los vehículos no tripulados (UXV) en sus versiones terrestres, marítimas y aéreas que hacen más aceptable las operaciones al reducir riesgos, costes y asegurar la confidencialidad. Las capacidades de los UXV en apoyo de la fuerza en acciones de combate, inteligencia, reconocimiento y vigilancia y de las armas actuales (alcance, precisión y capacidad destructiva), hacen más vulnerables las concentraciones logísticas y operativas y a las grandes unidades, lo que recomienda desarrollar operaciones distribuidas para mejorar su supervivencia. La distribución obliga a combate en red, explotando las posibilidades integradoras de las nuevas tecnologías.
Una realidad
En la Armada, por ejemplo, existen los requisitos para el desarrollo de una nube de combate naval. Esta nube de combate haría practicable una operación, escalable e integrable, tal como un raid anfibio donde operan: buques de acción marítima (BAM), fragatas, submarinos, unidades marítimas no tripuladas (UMS), fuerzas de guerra naval especial y centros de guerra electrónica, cibernética, cognitiva e informativa basados en tierra.
La campana C4 (Mando, control, comunicaciones y computación) asegura la integración en la nube de las unidades y de los centros de operaciones en tierra participantes en la operación.
En tiempo real el sistema, a través de la IA, selecciona los medios de comunicación de la red C4 más eficientes en cada momento y para cada unidad participante, manteniendo una red segura y eficiente que integra el reconocimiento del área de operaciones, la información de inteligencia y el dato común.
El submarino S-80 despliega un estol de guerra naval especial en tierra, el BAM lanza un vehículo aéreo no tripulado (UAV). En su vuelo de reconocimiento el UAV comparte la información de video con el BAM, el S-80 y el estol de guerra naval especial.
Otro BAM despliega un vehículo remoto de superficie no tripulado (USV) y otro submarino (UUV) que comparten su información con todas las unidades participantes en la operación. El S-80 despliega un UUV para la detección de posibles minas en las zonas de despliegue y recogida del estol.
En otra área de operaciones dos fragatas clase «Santa María» lanzan un UAV y tres USV para simular un movimiento de fuerzas buque-tierra de carácter deceptivo. Toda la información se comparte y se presenta en los sistemas de combate de las unidades participantes y de los centros de operaciones en tierra.
Desde tierra se desarrollan acciones deceptivas e interferencias, sobre los sistemas electromagnéticos, ciber, de información e inteligencia del enemigo creando los efectos de supresión de defensas y decepción táctica, que permite explotar la sorpresa. Un programa de IA las sincroniza, coordina y conduce la operación, siempre con «un hombre» en el proceso de decisión.
En un momento dado, un UAV detecta un contacto de superficie, la IA lo clasifica como hostil y atacable de acuerdo con las reglas de enfrentamiento en vigor. A la unidad mejor posicionada, en este caso el S-80, se le asigna el blanco, efectúa el seguimiento del buque hostil y lo destruye con un torpedo, mientras el estol de guerra naval especial sigue adelante con su raid anfibio…
En las operaciones de los Estados Unidos de América (EE. UU.) en Venezuela e Irak hemos observado el empleo de estas capacidades que también han utilizado los israelitas en las misiones de seguridad y «targeting» de la guerra contra Hamas.
A través de los medios de comunicación sabemos que el Pentágono utilizó Claude una herramienta de IA de Anthropic para diseñar y ejecutar la operación de captura del presidente de Venezuela, gestionando la información de inteligencia, la supresión de defensas y la coordinación de movimiento y fuegos, la maniobra, del raid u operación militar multidominio ejecutada en Caracas y que terminó con la captura de Nicolás Maduro.
Claude se integró en plataformas de análisis de datos operadas por Palantir Technologies, contratista habitual del Pentágono lo que ha sido uno de los primeros casos conocidos de uso de un modelo de inteligencia artificial (IA) comercial en una operación militar. Claude procesó la información del área de operaciones en tiempo real, actualizó la situación táctica y condujo la operación.
La herramienta de IA combinó ciberataques y contramedidas electrónicas para desorientar a los sistemas de seguridad además de perturbar las comunicaciones. Dirigió ataques selectivos contra unidades e infraestructura militar y coordinó la incursión de las fuerzas especiales en el complejo presidencial «Fuerte Tiuna» en Caracas.
El éxito de la operación en Venezuela y la compleja situación económica global, política y operativa derivada de la operación en Irak, nos marca las limitaciones clásicas de una operación militar donde la situación final deseada debe estar bien definida y corresponder con el objetivo político-estratégico. Esto es directamente aplicable a las decisiones recomendadas o ejecutadas por la IA.
Lecciones identificadas
La operación debe tener una misión, finalidad superior y cometido, bien definidos, la línea de acción elegida debe ser apropiada, practicable y aceptable, con objetivos claros, en muchos casos limitados y con una valoración de la amenaza y del espacio cognitivo y cultural atinada. Si esto no ocurre, la IA puede provocar errores catastróficos en los niveles político y estratégicos.
La IA puede arrastrar a los dirigentes y comandantes a elegir líneas de acción, en situaciones complejas y vertiginosas, inabarcables para la menta humana. Esto enfrenta al mando a un problema: o acepta la línea de acción propuesta por la IA, que no comprende, o la rechaza y pierde la oportunidad de una victoria rápida y rotunda.
El dilema está servido y los datos difícilmente computables por la IA, relacionados con los espacios cognitivos, de la información y psicológicos pueden hacer que recomiende opciones inapropiadas, impracticables o inaceptables. La diferencia del resultado entre la operación desarrollada en Venezuela y la de Irak podría ser un ejemplo del impacto de factores intangibles difíciles de valorar adecuadamente por la IA.
La ética de las decisiones tomadas siguiendo las recomendaciones de la IA puede ser un punto de controversia entre diseñadores y utilizadores y esto ha dado pie a diferentes controversias como la existente entre Anthropic que limita la utilización militar de Claude manteniendo su control y el Pentágono que necesita actuar con total libertad de acción.
Las operaciones multidominios no arrancan de forma automática, necesitan la decisión y voluntad política, liderazgo, y no perder de vista que la guerra es un enfrentamiento de voluntades donde la voluntad de vencer, la capacidad de sufrimiento y resistencia y el valor del combatiente siempre condicionarán el resultado final.
Fernando García Sánchez es Almirante general (Ret) y analista del Instituto para el Bien Común Global de la UFV.