Fotografía publicitaria de aire acondicionado
Los refugios climáticos de nuestros padres (y abuelos)
La llegada a Córdoba del aire acondicionado se produjo lentamente a partir de los años 50
Hubo un tiempo en que hacía en Córdoba el mismo calor para todo el mundo. Era la época de las casas de una o dos alturas, de gruesos muros y patios que mitigaban la canícula. Todos, ricos y pobres, disponían de las mismas armas para combatir la canícula: ropas ligeras, abanicos y botijos.
Los privilegiados contaban con una alberca en la que refrescar los cuerpos, pero eran años en los que no había más lujos, porque aún no había llegado la tecnología para remediar, o al menos mitigar, lo que es el calor de verdad. El único consuelo que quedaba era el hielo, comprado en grandes barras, en María Auxiliadora, la calle Felipe II o en la plaza de la Magdalena.
Imagen publicitaria del aire acondicionado
El punto de inflexión se encuentra, aproximadamente en el ecuador del pasado siglo. En esos años comenzaron a popularizarse en España los aparatos inventados décadas antes en Estados Unidos por Willis Havilland Carrier, para quien cíclicamente se le pide con toda justicia la rotulación de una calle en Córdoba.
La llegada de este invento, el aire acondicionado, vino a coincidir en el tiempo con el desarrollismo que impulsó las nuevas construcciones, en altura, con tabiques más endebles y con escasas defensas para el calor del verano.
Los cordobeses que se mudaban del casco histórico a los nuevos barrios no tardaban mucho en echar de menos aquellas casas que, aunque hubieran degenerado en muchos casos en infraviviendas, tenían más defensas para las altas temperaturas.
Así pues, con una parte considerable de la población en viviendas modernas, cómodas, higiénicas, pero no adaptadas al calor surge la necesidad de lo que ahora se ha dado en bautizar como refugios climáticos, que son aquellos lugares en los buscar el amparo de unas temperaturas más civilizadas.
Como se ha dicho, hasta mediados del siglo XX no comienza a generalizarse el uso del aire acondicionado, pero aún era una tecnología cara para muchos bolsillos y también le quedaba un tiempo para perfeccionarse. Aún así, el primer refugio climático del que pudieron disfrutar los cordobeses fue el Palacio del Cine, que se inauguró en 1948 con un sistema de aire acondicionado instalado por la casa Schenider que hizo las delicias de quienes se lo pudieran permitir, aunque siempre quedaba el recurso del cine de verano, más familiar, siempre abierto a la gastronomía familiar y, por supuesto, más barato.
El Palacio del Cine en 1950
Porque estos primeros refugios climáticos que hubo en Córdoba había que pagarlos. Quien quisiera disfrutar del lujo del aire acondicionado tenía que pasarse por caja: o pagaba una entrada o hacía una consumisión. No había otra.
Esta norma general tenía también sus excepciones, porque en 1956 había climatización en el despacho del alcalde, Antonio Cruz Conde, o en toda la amplia extensión de la Universidad Laboral, donde los chavales de aquella época, como el colaborador de La Voz de Córdoba Manuel Estévez, no recuerdan haber visto algo tan común en cualquier lugar como un ventilador.
Los hoteles
Este año de 1956 trajo también a Córdoba los hoteles con aire acondicionado. El Córdoba Palace se inauguró en febrero y sus 125 habitaciones fueron las primeras de la ciudad en estar climatizadas. En abril de ese año abría sus puertas el Hotel Zahira y también incorporó esta tecnología. Habría que esperar a 1960, con la puesta en marcha del Parador de La Arruzafa para ver el siguiente establecimiento hotelero con este lujo.
En los bares y restaurantes tardaría un poco más en llegar. Las tabernas, por su parte, se resistieron mientras pudieron. Para la hostelería era una inversión notable a la que había que buscar un retorno. Por esto, se observa que a mediados de los años 60 no sólo se publicitaba que se contaba con aire acondicionado, como el más efectivo de los reclamos, sino que incluso hasta se anunciaba la marca instalada como plus de calidad.
Publicidad de La Hostería
Esto fue lo que hizo Paco Cerezo al abrir en 1969 su nuevo bar frente a la Diputación, con «una refrigeración ambiental a través de dos armarios acondicionadores de aire Roca York». En el mismo año se inauguraba Siena -de nuevo Gran Bar- en la plaza de las Tendillas y lo hacía destacando que la climatización la había instalado la empresa Encesa.
Otro gran avance de 1969 fue la apertura del Hospital Provincial, que fue el primer centro sanitario cordobés en tener aire acondicionado. Este edificio, impulsado por Antonio Cruz Conde desde la presidencia de la Diputación y construido por Rafael de La-Hoz hizo más llevaderas las hospitalizaciones en verano.
Hospital Provincial
Pero el refugio climático por excelencia de los cordobeses se hizo de rogar. Aún tardó unos años más en llegar ese lugar en el que disfrutar gratis del fresquito, sin necesidad de pedirse un medio o una caña.
Galerías Preciados
Muchos tendrán aún grabada en su memoria la fecha del 17 de octubre de 1972, momento en el que Galerías Preciados abría sus puertas. Sus tres plantas de entonces se convirtieron de inmediato en ese refugio climático que muchos esperaban, en el que pasear sin gastar un duro a buena temperatura.
La generalización del aire acondicionado ha hecho que deje de ser noticia. En aquella época, hace medio siglo, sí lo era por lo que suponía de adelanto tecnológico y social. Por eso, Galerías Preciados anunciaba que su establecimiento estaba a 22 grados en invierno y a 24 en verano, con una humedad relativa de entre el 40 y el 50 por ciento. Ahí queda el dato.