Álvaro Giménez García-Courtoy, responsable de BSF

Álvaro Giménez García-Courtoy, responsable de BSF, transportando dos de sus comederosLa Voz de Córdoba

Unos comederos para el mundo de la caza hechos en Córdoba se están extendiendo por España y Europa

Se trata de la empres BSF, de Álvaro Giménez García-Courtoy, que tiene desde hace casi un año fábrica propia

Comederos para jabalíes, para corzos y ciervos, para venados o para lechones son algunos de los productos fabricados en Córdoba -con un gran carácter innovador- que están conquistando España y parte de Europa. Se trata de la empresa BSF Comederos, que tiene ya fábrica propia desde junio del año pasado, tras una trayectoria que empieza en el 2018 y que ha costado sangre, sudor y lágrimas a su responsable, Álvaro Giménez García-Courtoy. El esfuerzo se ha visto compensado, y estos artículos ya se venden a nivel nacional en lugares como Armería Álvarez, Click & Hunt, OutdoorStocks, además de puntos de venta en Madrid, Málaga o Toledo. «También he vendido a clientes finales en Francia, Portugal, Italia, Austria, Alemania o Suiza y, en breve, tendré reuniones con un gran distribuidor europeo», resume Giménez.

Los orígenes de esta empresa, como indicamos, se remontan al 2018. Giménez era gran conocedor del campo desde pequeño y se había percatado de los problemas que tienen los comederos que alimentan a los animales de caza. La mayoría de los comederos ofrecían una cantidad determinada, que podían comer varios animales y, además, obligaba a la persona alimentadora a estar pendiente de todo el proceso. La idea del inventor -pues creó sus propias patentes- y empresario cordobés era construir comederos que limitasen el animal, la cantidad, y dieran autonomía a la persona, que ya no tendría que estar presente gracias precisamente a las características de los innovadores productos. De esta manera, y retrasado por la pandemia, en 2021 saca su primer comedero, destinado en exclusiva a machos de venado gracias a su altura, con el objetivo de que sus cornamentas creciesen adecuadamente. Además tenía un dispositivo electrónico para regular la cantidad antes de ofrecer otra en un tiempo prudente, suficiente para que el ejemplar se vaya y otro ocupe su lugar. Luego llegaron otros para jabalíes, y para crías de esta especie. Además, los comederos mandan información a través de una app.

Como estos comederos tenía precios significativos, y estaban pensados para grandes fincas, el siguiente paso fue elaborar comederos para los pequeños usuarios, mediante trampillas, con depósito opcional, que el cliente pone en un árbol a la altura que considera, algo mucho más sencillo que reducía el coste y democratizaba en cierto sentido la oferta.

Como indica Giménez, quien trabajaba para una empresa familiar de seguros, sus primeros pasos se centraron en hacer prototipos con la ayuda de herreros y una empresa de electrónica, a quienes conseguía transmitir sus ideas gracias a la pericia con el dibujo. «Dibujaba los comederos porque no sabía hacer planos, conseguía hacer las piezas aproximadamente y con eso íbamos tirando», cuenta con sentido del humor. Luego sacó los prototipos al campo para hacer pruebas, que determinaron que su primer comedero para venados tenía problemas con los sensores que detectan al animal. Y encima, llegó la pandemia, por lo que el primer producto acabado se tuvo que sacar al mercado en 2021. «Llevaba tanto tiempo fabricando el producto que me armé de valor y me presenté en la Feria de la Caza de Madrid, a la aventura total, y un señor me compró dos comederos: ahí me di cuenta de que esto podía ir en serio».

Y hasta tal punto ha ido en serio que Giménez ha abandonó hace tres años la relativa comodidad de la empresa familiar para dedicarse en exclusiva a BSF, lo que ha incluido la puesta en marcha de fábrica propia, situada en la carretera de Trasssierra. «Es muy difícil que el sector y sus empresas crean en el producto que has inventado, por lo que finalmente te ves abocado a fabricar, la verdadera prueba de fuego», declara el empresario. «Y cuando fabricas, quien no cree que el producto funciona es el mercado: eres una nueva empresa cuyos productos nadie conoce, todo el mundo desconfía de ellos, por lo que es vital aguantar financieramente los años de arranque». El análisis del mercado realizado por Giménez va a más, hasta puntos con los que se ha topado que califica de irracionales: «una cosa que me ha sorprendido es que cuando entra un producto innovador o revolucionario se produce un bloqueo en mucha gente, y prefieren seguir con los problemas que ellos mismos te han trasladado antes que asumir un mínimo riesgo».

Tras pasar esa primera etapa tan complicada, estos comederos ya están encontrando su sitio por toda España y también por Europa. «Además, el mundo de la caza, por su tamaño y características actuales, es muy propicio para la innovación», especifica el responsable de BSF. En ese sentido, espera asentar su estructura empresarial para patentar y lanzar al mercado nuevas ideas. De momento, los responsables de fincas y cazadores del país y del continente ya están apostando decididamente por estos ingenios surgidos en Córdoba.

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