De comienzo en comienzoElena Murillo

Dignitas infinita

Proteger el derecho a la vida es algo que se debería hacer prevalecer en toda debilidad, ya sea en un vientre, en una silla de ruedas o postrado en una cama

Actualizada 05:00

Observo con frustración cada día la capacidad que posee el ser humano para destruir todo aquello que tiene a su alcance: ilusiones, amistades, naturaleza, empleo, vida…Y, al escribir esta última palabra, no puedo más que tratar de madurar dos acciones acontecidas en los últimos días, como si tuviera alguna posibilidad (nada más lejos de la realidad) de poder hacer influir la primera sobre la segunda: de un lado, se publicaba en el seno de la Iglesia católica un nuevo documento sobre la dignidad humana; de otro, se producía el respaldo del Parlamento Europeo a la inclusión del aborto en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea.
Dignitas Infinita es una declaración del Dicasterio para la doctrina de la fe sobre la dignidad humana. En ella aparecen recogidos, entre otros puntos, algunas violaciones graves de dicha dignidad: el drama de la pobreza, la guerra, el trabajo de los emigrantes, la trata de personas, los abusos sexuales, las violencias contra las mujeres, la eutanasia, el aborto… En el otro extremo se sitúa precisamente, bajo mi punto de vista, el grave error que pretende considerar el aborto como uno de los derechos fundamentales del ser humano. Mientras que Francia se ha alzado con la primacía en la consolidación del aborto como derecho constitucional, las críticas llueven sobre otros países que, como Polonia o Malta, aún penalizan la interrupción del embarazo de manera voluntaria.
Cabe recordar que en nuestro país, la ley del aborto se remonta catorce años atrás cuando se hacía efectiva, tras su publicación en el Boletín Oficial del Estado, la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. En aquella ocasión fueron muchas las voces discordantes que desde los diferentes movimientos de la Iglesia se pronunciaron y apoyaron a través de manifiestos, comunicados o actos de oración, la defensa de la vida.
En el caso actual solamente han surgido algunas voces discordantes, por lo que no queda más que decir que aquel que calla, otorga. Un número amplio de católicos queda aglutinado dentro del movimiento cofrade y me llama bastante la atención que salvo algunas cofradías de Sevilla, poco o nada se ha dicho al respecto como señal de apoyo. Lo hizo la Hermandad de la Esperanza de Triana adhiriéndose a las palabras de su pastor y de la Comisión de Conferencias Episcopales de la Unión Europea; y también algunas otras como la Hermandad de la Misión, que repite un gesto cada Viernes de Dolores en su salida procesional repartiendo estampitas en las que se lee la siguiente inscripción: «en defensa de la vida, desde su concepción hasta la muerte natural».
Proteger el derecho a la vida es algo que se debería hacer prevalecer en toda debilidad, ya sea en un vientre, en una silla de ruedas, postrado en una cama… No se trata de pensar diferente sino de saber en qué mundo nos movemos, conocer la Doctrina de la Iglesia y meditar sobre un hecho significativo: se están eliminando los derechos de seres humanos que, pese a ser diminutos e indefensos, tienen vida.
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