Por derechoLuis Marín Sicilia

Arengando al bicharraco

«Al igual que a su jefe, cuya hemeroteca no soportaría cualquier persona decente, la vice Montero tiene muy difícil engañar a los andaluces»

La simpar Marisu Montero, con su verborrea habitual e investida de su carácter de candidata a presidir la comunidad andaluza, arengó el pasado fin de semana a la militancia socialista para que «ese bicharraco que es el PSOE, que cuando está bravío es imbatible», recupere el poder andaluz perdido hace ya casi siete años. Impregnada del frentismo impuesto en la política española por su jefe, la vicepresidenta de Sánchez ha dado en la clave de por qué los andaluces le han vuelto la espalda a un partido otrora hegemónico en nuestra tierra, gracias entonces a un mensaje transversal y modernizante que lideraba Felipe González, al que por cierto los bicharracos del presente no quieren ver ni en pintura.

Aunque la denominación bicharraco no consta en el diccionario de la RAE, si lo recojen otros diccionarios y enciclopedias referidos a animaluchos feos y agresivos y se aplica a las personas como insulto despectivo sinónimo de malévolo, perverso, vil, despreciable y malvado. Con tal calificativo de las bases socialistas la vicepresidenta de Sánchez ha venido a dar la razón a Alfonso Guerra cuando, en declaraciones en Antena 3 a Susana Griso el 23 de junio último, dijo que «se había entregado la dirección del PSOE a unos bandidos y macarras», es decir a personas agresivas, achuladas, vulgares y de mal gusto, sin escrúpulos, que estafan y engañan.

En la práctica, la candidata socialista a presidir Andalucía ha venido a considerar a su partido como un bicharraco, o sea una colección malvada, vil y despreciable de gregarios que siguen ciegamente las ideas, instrucciones e iniciativas de los amos del mensaje, degradándolos a meros borregos sin propia iniciativa. Todo ello pone el foco en la disyuntiva del actual partido socialista que, como dijo el mismo Guerra, o protege a Sánchez o protege al PSOE. Ambas cosas a la vez no son posibles, según piensa la vieja guardia que dio al partido los mejores años de su historia.

Arengar a las masas es el acto previo para iniciar una guerra, aunque se trate de una confrontación cultural o ideológica. Y como el sanchismo no sabe vivir sin construir muros, abrir zanjas o apelar a las barricadas, en esa arenga no podía faltar el objetivo principal de la proclama: derrocar a un moderado que habla para todos los andaluces, como el presidente andaluz Juanma Moreno, al que tilda de «suavón» porque, como para ella la política es tener mala idea, quien carezca de ese instinto es que quiere parecer inofensivo pero, en el fondo, tiene una maldad escondida. En su mente cuadriculada no se entiende que haya personas capaces de hablar con todo el mundo sin necesidad de ofender a nadie.

En cualquier caso, lo más significativo de la candidata a presidir una autonomía, cuya sanidad y su hacienda ya gobernó con paupérrimos resultados, es la forma descarada con la que hoy proclama como bondadoso lo que antes despreciaba por insolente. Al igual que a su jefe, cuya hemeroteca no soportaría cualquier persona decente, la vice Montero tiene muy difícil engañar a los andaluces, a salvo, claro, esa colección de gregarios dispuestos a comportarse como bicharracos, que ya es lamentable el bajo nivel de su propia autoestima.

María Jesús Montero disminuyó las prestaciones sanitarias, concertó con la sanidad privada, reclamó fondos por una financiación autonómica lesiva, se negó a aceptar quita de deuda, cifró en más de mil millones de euros anuales, desde 2010, lo que el Estado debía a Andalucía por su deficiente financiación, gobernando Rajoy tuvo el apoyo parlamentario del PP en tales reivindicaciones y, nada más llegar al poder, se olvidó del acuerdo del Parlamento andaluz que reclamaba un nuevo sistema de financiación. A partir de ahí, en vez de cumplir con lo comprometido, todos sus esfuerzos han sido facilitar la financiación singular para Cataluña y ofrecer unas migajas miserables a Andalucía, para tapar su indecencia.

Si a todo lo anterior añadimos los desfalcos de los ERE, la FAFFE, los fraudulentos cursos de formación y los indiscriminados enchufes en fundaciones y organismos públicos, parece que, por muy agresivo que sea el bicharraco al que arenga la candidata, va a ser muy difícil que se respalde a quien, al parecer, sigue tomando por tontos a los andaluces.

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