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Cómo se paganiza la Iglesia hoy

«Harás carrera querido neófito y llegarás lejos en la cadena pero ya no seguirás a Cristo, el único capaz de hacer una vida de altura»

Act. 29 oct. 2025 - 10:16

Recuerdo escuchar a un miembro terciario laico consagrado de una orden eclesial decimonónica de más de 800 años, contar con cierta amargura cómo después de tantos años en la orden sirviendo sus intereses se le había enfriado la fe y el seguimiento a Dios. Afirmaba que la razón no era otra que haber seguido los afanes de la orden y no a Dios. Poco a poco se había ido alejando inconscientemente de lo verdadero y se había dejado llevar por una trama de intereses que poco tenían que ver con lo divino sino más bien con las codicias de los corazones de los hombres. Ante esto le surgió la necesidad de parar, después de no sé cuántos años en la orden, y ver la manera de poder retomar un camino hacia un Dios cercano. De no hacerlo, la amargura y la tristeza se lo merendarían.

La Iglesia que nos ha tocado vivir, se paganiza desde arriba. Los responsables, al llegar a estos puestos, actúan según su conveniencia y, sutilmente, cambian al Señor grande por otro más reducido y estrecho: el del propio yo. Luego lo tienen fácil: invocan la obediencia -como hacían los fariseos delante de Cristo- y acusan al que revela su desleal juego de ir contra Dios y la Iglesia. Así de sencillo y claro. Se ponen en el lugar de Dios, hacen hablar a Dios por su boca y alegan obediencia debida, cuando el mismo Cristo era el primero que denunciaba estas posiciones y se saltaba a la torera a los tipos pérfidos religiosos de su tiempo.

Tal vez haga más falta un documento papal sobre la obediencia que un documento sobre los pobres. Siendo consciente de este contexto gangrenado por este problemón, el pasado Papa tuvo que poner límites temporales de diez años a los puestos principales de responsabilidad de los grupos religiosos. Explicar bien cómo es la obediencia cristiana es esencial. A mi parecer implica un juicio interior sobre las intenciones de la persona responsable y la separación entre el cargo y la persona que ejerce el cargo. En política, por ejemplo, criticar a la persona del presidente de gobierno no es atacar el sistema democrático o la institución propia del gobierno, sino su encarnación, por ejemplo, en un «bobo de solemnidad».

Cristo a quien atacó no fue a los paganos y gentiles no religiosos sino a los dirigentes y responsables religiosos de la época que habían desvirtuado la religión sustituyéndola por su propio ego. Como decía un buen amigo, nunca verás a un loco que le de por barrer. En uno de sus discursos el Papa Francisco expresaba esta misma idea: «Para Dios, es mejor no creer que ser un falso creyente, un hipócrita»

Los neófitos, en estos ambientes, aprenden por ósmosis que la realidad y la verdad no son relevantes en este juego y que, si quieres medrar y subir en la escala, lo importante es la sumisión y pasar por el aro. Captan rápidamente las sutilezas del juego y aprenden la técnica de la adulación al de arriba, de la altivez con los de abajo y de la mirada hacia otro lado cuando convenga. El corazón y el alma mueren pero uno progresa adecuadamente en el grupo y parece como que compensa. Como Dios no intervendrá hasta el final de la historia y eso dice el imprudente- pasará sabe Dios cuándo, pues a seguir con el cuento. Harás carrera querido neófito y llegarás lejos en la cadena pero ya no seguirás a Cristo, el único capaz de hacer una vida de altura.

"Cómo se paganiza la Iglesia hoy"

«Cómo se paganiza la Iglesia hoy»@fromthetree

Se llegan a ver estructuras (¡¡dentro de la Iglesia!!) donde el que ordena y manda está escondido a lo Keyser Zöse de la película Sospechosos Habituales. El poderoso jefe está escondido, es anónimo y maneja los hilos en la sombra sin tener que responder ante nada ni nadie..

Y así llegamos a nuestro amigo consagrado terciario de la orden decimonónica que se encuentra perdido como bien comienza Dante en su divina comedia «A la mitad del viaje de nuestra vida me encontré en una selva obscura, por haberme apartado del camino recto. ¡Ah! cuán penoso me sería decir lo salvaje, áspera y espesa que era esta selva, cuyo recuerdo renueva mi pavor, pavor tan amargo, que la muerte no lo es tanto».

Se alegrará saber que esto no pasa en todos los grupos. Los hay robustos, que mantienen el bosque vivo. Pero para decir que un bosque está sano, no hay que mirar los árboles recién nacidos -que todavía tienen que pasar por la gran prueba en su etapa de crecimiento y madurez- Hay que mirar los árboles adultos y, si se les ve roídos y debilitados es por este gran mal del tener al ego como señor y falta total de servicio al prójimo.

¿Qué hacer? ¿Largarse como hacen tantos? ¿Cómo decía mi padre «aquí todos van a la suya menos yo que voy a la mía»? Yo creo que esta respuesta, por eficaz y tentadora que pudiera parecer, nos aleja definitivamente del Señor de la vida. Jesucristo reveló a Pedro que: «las puertas del infierno no prevalecerán». Chesterton nos da una buena clave: «Todos los imperios y reinos han caído debido a esta debilidad inherente y constante: fueron fundados por hombres fuertes sobre hombres fuertes. Pero esta única cosa, la Iglesia cristiana histórica, fue fundada sobre un hombre débil, y por esa razón es indestructible. Porque ninguna cadena es más fuerte que su eslabón más débil».

Los cuatro últimos «Pedros» que hemos tenido desde Juan Pablo II son totalmente excepcionales e increíbles. Recientemente el Papa León XIV nos invitó «A adquirir una perspectiva diferente, a mirar el mundo desde abajo, con los ojos de quienes sufren, no con los de los grandes; a ver la historia con los ojos de los pequeños y no con los de los poderosos; a interpretar los acontecimientos de la historia con los ojos de la viuda, el huérfano, el extranjero, el niño herido, el exiliado, el fugitivo. Con la mirada del náufrago, del pobre Lázaro, arrojado a la puerta del rico. De lo contrario, nada cambiará jamás, y no surgirá una nueva era, un reino de justicia y paz.»

Tal vez la sugerencia sea asumir el sacrificio (total otros muchos cristianos se les ha pedido un sacrificio mucho mayor como dar la vida) de vivir apartados en la Iglesia de Peguy, la de las periferias y las penumbras. Allí no hay pompa, oropeles, grandes testimonios ni luces deslumbrantes de hojalata color oro, pero el corazón sigue vivo y alegre entre los prójimos más sufrientes. No es que tengamos grandes esperanzas porque, como ha denunciado Borghesi en el Osservatore Romano, la librería parisina en el número 8 de la calle de la Sorbonne donde Charles Péguy vendía su revista se ha convertido en una pastelería.

Por lo menos hay que empezar a leer más a Peguy: «Los clérigos por pereza invocan los males de los tiempos. Pero no hay malos tiempos, hay malos clérigos. Todo tiempo pertenece a Dios, pero desgraciadamente no todos los clérigos le pertenecen. Los clérigos han perdido el pueblo que se les había confiado. Todo el desgaste del tronco no proviene en absoluto de los laicos, viene de los clérigos. En el mundo moderno la cristiandad ya no es el pueblo».

Nos jugamos mucho. Muchas veces parece que vamos directos a lo que sugiere Andrea Monda: «un mundo lleno de formas de religión, pero sin Dios ni la misericordia de Cristo.» No se me ocurre un escenario peor, más tenebroso e inhumano: puro paganismo.

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