Lo que no son cuentas, son cuentosSamuel Díaz

El desastre de Adamuz tiene explicación económica

¿Por qué hay un llamamiento general a no politizar un suceso que está tremendamente politizado y escandalosamente manchado por la ruinosa gestión pública y política de los recursos? En los próximos días, acuérdense, se intentará buscar culpable o culpables a la trágica situación vivida el pasado domingo en la localidad cordobesa de Adamuz. Y sí, por supuesto que hay culpables, pero ¿todos esos culpables que inundarán los medios de comunicación en los próximos días explican de forma real qué está ocurriendo en nuestro país en materia de transporte y comunicaciones ferroviarias? En mi opinión, rotundamente no.

Corren por redes sociales comunicados firmados por altos cargos del Sindicato Español de Maquinistas Ferroviarios alertando sobre infinidad de desperfectos y mejoras que se requerían en diferentes tramos de los tantos kilómetros de vías de tren que hay en nuestro país. Además, también hemos sido conocedores en las últimas horas que el tramo donde ocurrió el accidente también figura en documentos de Adif donde se advierte, hasta en ocho ocasiones, que se requiere inversión para reacondicionar y mejorar debidamente dicho tramo. Y entonces, este incidente ¿tiene explicación económica? Por supuesto que sí.

La alta velocidad española bate récords de viajeros, pero circula sobre un déficit histórico de inversión. Entre 2009 y 2018, la inversión en infraestructuras ferroviarias cayó de 6.558 millones de euros a solo 2.312 millones de euros. Hoy ronda los 4.000 millones de euros, un 40% menos que en el año 2009, cuando la demanda era mucho menor y cuando las empresas que utilizaban dichas infraestructuras era solo una. Sin embargo, 17 años después, tras obtener récord histórico de recaudación de ingresos públicos, 2.558 millones de euros menos de inversión, un deterioro brutal de toda la red de infraestructuras al completo, dos empresas más (Ouigo e Iryo) compitiendo con Renfe en las mismas menoscabadas vías de tren nacionales y miles de avisos, retrasos, averías y destrozos que demandaban y requerían recursos económicos han derivado, lamentablemente, en una catástrofe descomunal. Los españoles están profundamente consternados por este desafortunado suceso, pero sin duda, están tremendamente frustrados al ver que su gobierno en los últimos años ha destinado miles de millones de euros a iniciativas totalmente partidistas que guardan, tras ellas, intereses ocultos.

Aunque, sin duda, lo más escandaloso de todo esto es que las consecuencias políticas que han conllevado las negligencias políticas y económicas que se han cometido en los últimos años dentro del ministerio de transportes van a ser inexistentes, al igual que lo fueron con los últimos desastres ocurridos en nuestro país. La ciudadanía instará de nuevo al poder político a que siga ejerciendo de la misma forma o incluso le darán más poder aún.

Más recaudación, menos recursos. Más políticos, menos soluciones. Más Estado, más problemas. Ellos (los políticos) hablan de interés general y nosotros (la ciudadanía) de interés particular, y sí, tatúenselo, jamás podrán reconciliarse esos intereses, por eso, el poder político jamás será capaz de resolver adecuadamente y en tiempo real los problemas que realmente vive el pueblo.

Un político es el tipo que tiene soluciones cuando está en la oposición y problemas cuando está en el gobierno.”Jaume Perich

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