¿Qué nos dieron los romanos?Luis J. Pérez-Bustamante

Todo son elecciones

«Peleémonos con Trump, que eso es mejor que hablar de vivienda, salarios, juventud o mayores»

EEUU e Israel atacan Irán y matan al Ayatola que lleva 40 años ajusticiando a su país. El régimen iraní reacciona bombardeando todo lo que tiene alrededor para defenderse y presionar a sus atacantes. Los países del Golfo cierran filas en su contra y respaldan la guerra. La Guardia Republicana cierra el Estrecho de Ormuz y pone en jaque el 20% del petróleo y el gas que se mueven en el mundo. La economía comienza a ponerse nerviosa y las bolsas caen. El precio del crudo y del gas entra en una espiral alcista y las empresas tiemblan viendo que están ante un incremento de costes no previsto. Los encargados de hacer números comienzan a proyectar en sus productos la subida de precios y el consumidor espera con los ojos abiertos y la cartera temblando que esas proyecciones acaben tocándole el bolsillo.

Mientras tanto, los bombardeos se intensifican, el régimen iraní se encastilla y jura venganza, sangre y fuego. La estupefacción viaja en primera entre los gobiernos del mundo occidental, muchos de los cuales se alinean con americanos e israelíes y preparan sus defensas ante lo que pueda venir. Macron lo tiene claro, Merz también. La UE vuelve a poner los ojos en blanco y asiste como espectador al peloteo entre un lado y otro levantando la mano con el mismo éxito que el alumno ignorado por su maestro. El mundo está en crisis y espera a China, la otra gran potencia que permanece callada. Los contactos diplomáticos se suceden, las conversaciones de alto nivel se intensifican y los organismos internacionales demuestran que hace mucho que dejaron de ser el vehículo a través del que se solucionan los problemas.

Francia, Alemania y el Reino Unido se mueven. Atisban los problemas y aprietan filas. Condenan el ataque, pero tienen claro que la realpolitik manda en estos momentos y no cabe andarse por las nubes. A nadie le gustan las bombas, pero el mundo cambia y las reglas del juego también. No caben medias tintas ni veleidades flower power. O me alío o la lío. Portugal, Canadá, Australia… se suman a la lista. Atémonos los machos porque vienen curvas. Política de Estado, el ciudadano lo primero.

En España, mientras, vive Gandhi. Con la chapita de los Goya aún caliente en la pechera desenterramos el «No a la guerra» en una comparecencia fría. Sin preguntas ni medios. En Moncloa. Nada de Congreso de los Diputados. Vaya a ser que la política exterior haya que consensuarla. No a los ayatolas, tampoco a EEUU e Israel. Make love, que diría Patxi. Despleguemos el relato. Calentemos en la banda que puede haber partido en las elecciones. Hemos encontrado el dardo movilizador. Peleémonos con Trump, que eso es mejor que hablar de vivienda, salarios, juventud o mayores. Ya tenemos enemigo, ahora toca preparar las pancartas. Que salgan los bufones de la corte, preparemos manifiestos, pongamos cara de pacifistas desinteresados. Es el momento.

Qué más da que nos cierren los mercados. A quién se le ocurre venderle nada a esos salvajes. Ya encontraremos dónde colocar nuestras cositas. Y usted, señora, no se queje de la compra ni de los precios. Que lo importante son las elecciones. Todo son las elecciones.

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