¿Qué nos dieron los romanos?Luis J. Pérez-Bustamante

Temporal turístico

« Antes de que tengamos que lamentarnos urge sentarse y pensar soluciones conjuntas»

Andalucía ha cerrado el año 2005 con unas magníficas cifras en el ámbito del turismo. Se ha batido el récord histórico de visitantes, con casi 37 millones, que han supuesto un movimiento económico que se calcula alrededor de los 30.000 millones de euros. Buenas noticias, sin duda.

En estas grandes cifras, Córdoba también ha mejorado sus resultados. Ha superado los 2 millones de turistas y ha registrado un crecimiento aproximado del 4%. Magníficas nuevas para un sector clave en la economía que aporta alrededor del 15% del PIB local y genera unos 12.000 empleos directos. Mal que les pese a algunos, el turismo marcha.

Incluso podría ir mucho mejor si se explotaran en condiciones las enormes posibilidades de crecimiento que tiene la ciudad debido, principalmente, a la ausencia de una oferta turística nocturna que sirva para incrementar las pernoctaciones y, por tanto, el gasto medio que los visitantes se dejan en la misma. En estos momentos, sólo la visita nocturna a la Mezquita-Catedral y el espectáculo de Córdoba Ecuestre componen esta pírrica oferta en una ciudad que se jactan de vender como la única del mundo con cuatro patrimonios de la humanidad. Mientras, esperamos sentados en el banco de la paciencia que la divina providencia consiga terminar el archianunciado espectáculo nocturno del Alcázar y que alguien descubra que el patrimonio cordobés es un lujo para los sentidos una vez que el Lorenzo le da paso a Catalina.

A nuestro alrededor hay ciudades como Sevilla o Granada que, al igual que otras como Roma o París, han hecho de los paseos nocturnos por sus calles un reclamo de primera magnitud. Aquí parece que eso no pita y, de hecho, no hay más que ver la oscuridad que reina en las calles cordobesas cuando cae el sol. Todo sea por el descanso del cernícalo primilla.

Sin embargo, siendo esto algo que puede solucionarse, más preocupante está siendo el arranque de este 2026. La tragedia de Adamuz y el temporal de lluvia están castigando con extrema dureza al sector turístico -del agrícola ya hablaremos la semana que viene-. Las cifras de reservas hoteleras y hosteleras oscilan en una caída de entre el 30 y el 50%. El sector, carente de referentes relevantes, intenta levantar la voz para decir que necesita ayuda y que, por ejemplo, quizá no sea el mejor momento para que el Ayuntamiento esté pasando impuestos al cobro.

Es verdad que hemos caído en temporada baja, lo cual puede salvar la cabeza de unos cuantos, pero no es menos cierto que la Semana Santa está aquí al lado y las dudas sobre lo que ocurrirá atenazan a los profesionales y empresarios. Y no es que lo hagan por la huelga a la japonesa que está haciendo la Virgen de la Cueva, sino que hablamos de las dudas que está generando el estado de las infraestructuras para llegar a Córdoba. Las carreteras no son las mejores y lo de los trenes va camino de convertirse en psicosis generalizada. Cóctel explosivo, que no hay nada que haga huir más a los turistas que la inseguridad y el miedo. Hoteleros y hosteleros claman en el desierto y piensan en promoción y apoyo para recuperar lo perdido hasta ahora.

Aunque andemos ahora obnubilados por la industria y la base logística -que bienvenidas y muy aplaudidas sean- no olvidemos que el turismo es el que nos sacó de la crisis y que de él viven muchas miles de familias en la provincia. Por eso, antes de que tengamos que lamentarnos urge sentarse y pensar soluciones conjuntas. De lo contrario, lo que el temporal se va a llevar por delante no va a ser solo la cosecha de aceituna.

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