Francisco Antonio Godoy Vega

Francisco Antonio Godoy VegaAsamblea de Madrid

Asamblea de Madrid

Ciscarse en la propia «blanquitud»

Fue violento y paradójico el testimonio del artista chileno F. Godoy Vega que, por invitación de Más Madrid, visitó la Comisión de Cultura de la Asamblea de Madrid

Como es sabido, la mayoría de los indígenas de Hispanoamérica son lampiños, de suaves rasgos: chatos, de ojos pequeños y rasgados y caras redondas.
No obstante, como el chileno Godoy, muchos de los habitantes que van del sur del Río Bravo hasta la Tierra de Fuego tienen otra fisonomía. Un mosaico facial que combina los rasgos mestizos españoles de sangre romana, árabe, goda, celta, gitana, judía y fenicia, entre otros, con las diferencias fenotípicas de los pueblos iberoamericanos que se hibridaron en esa parte del mundo.
Por lo que se puede observar, Godoy no parece un puro indígena mapuche, quechua o colla. Es de barba hirsuta, nariz grande y recta, además de apellidos y formación española. El compareciente, apoyándose en la odiadora y marxista «perspectiva crítica de la raza», llegó a ciscarse en la «blanquitud» y la hispanidad de los presentes. También, y aunque quizá se olvidara de ello, Godoy evacuó sobre sí y sus propios ancestros.
Se produjo un momento de tensión entre algunos diputados que el presidente de la Comisión sufrió hasta conseguir embridar. Tal fue el despropósito y la magnitud eugenésica del invitado y sus disparates contra España y su legado que hasta la diputada representante socialista no supo bien qué decir en su turno de réplica.
Quiero pensar que Mar Espinosa, española, rubia y blanca, sintió una punzada de indignación recordando sus propias raíces. Debió ser mayor el azoramiento cuando en el último final el compareciente le echó en cara a Espinar sus alusiones religiosas y a la Semana Santa. Como está sucediendo con tantas otras cosas, por frívolo mimetismo ideológico con la izquierda radical, también aquí el PSOE en el pecado lleva la penitencia.
Hoy en día el eurocentrismo y la «blanquitud» son algunas de las grandes fobias de la izquierda radical identitaria. Según Godoy, valido del torpe zurdismo andino, el mero hecho de ser español y blanco porta en los genes un posicionamiento político opresor y esclavista por el que hay que pedir perdón y reparar. Digamos que, para él, nacer con tez pálida y en la Península Ibérica supone de suyo un acto de puro racismo.
La realidad es que cerca de 14 millones de extranjeros visitan cada año la Comunidad de Madrid, de los cuales un porcentaje muy alto son iberoamericanos. Nadie en su sano juicio puede creer que tal número de personas llegan aquí por masoquismo, a ser maltratados o discriminados. Vienen a disfrutar y a integrarse en Madrid y en España, la Madre Patria, quien felizmente acoge a todos sus hijos.
  • Miguel Rumayor es diputado del PP en la Asamblea de Madrid
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