El icónico cráter de Lagoa das Sete Cidades.
De los cañones a las hortensias: la espectacular isla de Portugal donde se libró la Batalla de San Miguel
Un destino único en el corazón del Atlántico para disfrutar de una naturaleza viva y sorprendente, de volcanes dormidos, lagunas de colores y aguas termales
El 26 de julio se conmemora la Batalla de San Miguel, librada aquel día de 1582. Fue una de las más grandes batallas navales del siglo XVI y, tras la victoria española, la Península Ibérica quedó, definitivamente y hasta 1640, bajo la Corona de España. Hoy, más de 400 años después, en el archipiélago de las Azores no rugen los cañones, sino que brotan las hortensias, y es uno de los destinos más interesantes y desconocidos de Portugal. Recordar la Batalla de San Miguel es una buena ocasión para redescubrir la isla homónima.
Tras la victoria española en la Batalla de San Miguel, la Península Ibérica quedó, definitivamente y hasta 1640, bajo la Corona de España
Fuerte de San Blas en Ponta Delgada, capital de las Azores.
El invicto almirante y Capitán General del Mar Océano, don Álvaro de Bazán, luce espléndido y altivo en la Plaza de la Villa de Madrid. Sus grandes logros fueron Lepanto, donde salvó la nave capitaneada por Don Juan de Austria; la invasión naval de Lisboa en 1580 y la batalla librada en las Azores contra la flota franco-portuguesa que apoyaba al Prior de Crato en la guerra de Sucesión portuguesa. Felipe II, que reclamaba el trono portugués por ser nieto del rey Manuel, ya le había concedido el título de marqués de Santa Cruz de Mudela por sus exitosas batallas en el Mediterráneo contra piratas berberiscos y por su defensa de España en Italia y Túnez. Fue uno de los grandes arquitectos de la Armada y un destacado y visionario estratega. Felipe II le encomendó, después de la batalla de São Miguel, formar «la Armada Invencible».
Paraíso natural
Portas da Cidade, símbolo de Ponta Delgada, la capital de las Azores en la isla de San Miguel.
Más de cuatro siglos después, las Azores no son escenario de conflictos, sino un paraíso natural en mitad del Atlántico. Donde antes se escuchaban gritos de abordaje, ahora suenan los cantos de las aves, y las islas escenario de la épica batalla, São Miguel y Terceira, son refugios de paz, verdor y belleza salvaje. Son ahora sus cañones geológicos los que rinden al viajante. Bajo el mar, el cañón de São Jorge y el cañón de Sete Cidades son ricos en biodiversidad y forman parte de rutas migratorias de cetáceos, además de ser zonas de interés para la oceanografía y lugares únicos para el avistamiento de ballenas.
Las islas escenario de la épica batalla, São Miguel y Terceira, son ahora refugios de paz, verdor y belleza salvaje
Ya en superficie, los cañones son volcánicos o formados por fallas geológicas, recuerdo de la intensa actividad geodinámica del archipiélago. En São Miguel destacan la caldera volcánica das Furnas, rodeada de frondosos bosques, y la Caldeira Velha, una garganta frondosa con cascadas termales rodeadas de vegetación subtropical.
Lágrimas de amor
Los lagos Verde y Azul de Sete Cidades.
Los ecos de aquella batalla se han desvanecido en la isla verde, desde la que Don Álvaro de Bazán lanzó su ofensiva hacia Terceira. Es la más grande y visitada por sus espectaculares paisajes de belleza sobrecogedora y su singularidad geológica y cultural. El Lagoa das Sete Cidades, al oeste, es el icono de la isla: fue un cráter volcánico que acoge ahora dos lagos de colores diferentes, el lago Azul y el lago Verde. Están separados por una estrecha lengua de tierra y un puente del siglo XIX. Cuenta la leyenda que se formaron por las lágrimas derramadas tras un amor imposible: el de una pastora de ojos verdes y un príncipe de ojos azules. La mejor panorámica de los lagos es desde el mirador Vista do Rei, y hay varias rutas para practicar senderismo y bicicleta. Desde el mirador Grota do Inferno puede otearse el océano y la costa occidental, además de los lagos. Su panorámica es única en Europa.
El Vale das Furnas esconde fumarolas y pozas de agua hirviendo donde se cocina, bajo tierra, un cocido único en el mundo
Hornos naturales para cocinar con el calor de las aguas termales del lago Furnas.
En el centro de la isla, otro cráter volcánico dio lugar al Lagoa do Fogo, rodeado de rutas que atraviesan la Reserva Natural y su vegetación endémica. Muy cerca, la Cascata das Lombadas es la joya escondida de São Miguel, sólo apta para senderistas avanzados, ya que sus casi tres kilómetros son de mucha pendiente y suelo resbaladizo.
Piscina termal mineral en el jardín botánico Terra Nostra.
En el lado este de la isla, el Vale das Furnas esconde fumarolas y pozas de agua hirviendo, donde probar el cocido das Furnas, único en el mundo, cocinado bajo tierra y al calor volcánico, para relajarse después en las aguas termales de Poça da Dona Beija o en el tanque termal del Parque Terra Nostra, con su fabuloso jardín botánico, considerado uno de los mejores del mundo.
Miradores sobre el Atlántico
Iglesia de Nossa Senhora da Paz, en la isla de San Miguel.
Los miradores costeros se reparten por toda la isla, repleta de acantilados. En la costa este, los miradores da Ponta do Sossego y Ponta da Madrugada son ideales para ver amanecer entre hortensias, dragos, laureles y una brutal y frondosa caída al mar. Si es el atardecer lo que nos atrae, entonces el mirador da Ponta do Escalvado es perfecto para admirar la costa volcánica del oeste, los islotes de Mosteiros y el océano infinito despidiendo al sol.
Las hortensias gigantes de São Miguel bendicen, de mayo a septiembre, carreteras, caminos, pueblos y miradores
Hortensias y vistas al océano Atlántico en el mirador da Ponta do Sossego.
Las hortensias gigantes de São Miguel bendicen, de mayo a septiembre, carreteras, caminos, pueblos y miradores. Los mejores lugares para verlas son la Estrada Hortênsia en Sete Cidades, los senderos del Lagoa do Canário y Grota do Inferno, y la espectacular subida a la iglesia Nossa Senhora da Paz en Vila Franca do Campo.
Los faros
Farol da Ponta da Ferraria.
El emplazamiento dramático de los faros de São Miguel es otro reclamo. El de Arnel es el más antiguo, de 1876, situado al norte del mirador do Sossego. En el oeste, el farol da Ponta da Ferraria, de 1901, la lava negra, el mar y los acantilados lo convierten en una postal fascinante. En la costa norte, menos visitado, pero en un entorno salvaje y rodeado de vacas, se encuentra el farol da Ponta do Cintrão; y más accesible es el farol da Ponta Garça, en el sureste.
Gastronomía singular
Cocido das Furnas, elaborado en hornos naturales bajo tierra.
Tras esta batalla ganada al tiempo, donde la naturaleza ha reclamado su espacio y lo ha convertido en un santuario para el viajero que busca lo inédito, nos recrearemos también con la gastronomía azoriana de sabores volcánicos. El cocido das Furnas es obligado, pero el mar aporta una gran variedad de pescados y mariscos que se preparan en ceviches, brasas y guisos, como el bacalao con nata, las lapas o el pulpo guisado. De su excelente ganadería, por la cantidad de pastos naturales, destacan los bifes a la azoriana y el guiso de cabrito. En embutidos triunfan la morcela y el chorizo, y el queso de la isla de São Jorge tiene denominación protegida.
Plantación de té Gorreana, en la isla de San Miguel.
En la isla de Pico se cultivan cepas en suelo volcánico y protegidas por muros, similar a nuestra Geria lanzaroteña. En São Miguel presumen de tener un té único en Europa: el de las plantaciones de Gorreana y Porto Formoso, con una producción continua desde el siglo XIX y sin pesticidas, para caminar también entre cultivos.
Atrás queda la pólvora y el estruendo. São Miguel es un destino único en Europa para participar de una naturaleza viva y sorprendente, de volcanes dormidos, lagunas de colores, aguas termales, costa abrupta, vida lenta y silencio fértil.